El arte silencioso
Deliberaciones artísticas. El arte silencioso
Dentro del multivariado mundo artístico el que sigue teniendo un trato marginal es el arte silencioso de las letras. Hay efemérides para todo lo escénico-visual. Los premios Ondas, Goya, los Grami, los Globo de Oro. Los seleccionados (un día u otro todos los del gremio si persisten terminan por serlo) pasan por el atril de los agradecimientos. Se premia la imagen, el impacto visual, la ocurrencia, el gag, la tecnología de los efectos especiales. Al texto se le mantiene circunciso, apartado. Los lugares del reconocimiento del texto son otros: hay nobeles de literatura y el inventario de premios de narrativa, cuentos, poesía son múltiples.
Los autores noveles utilizan los concursos literarios como plataformas desde las que, en caso de ser seleccionados, darse a conocer obteniendo publicidad gratis de sus obras. Siempre me ha parecido que hay algo antagónico entre ser artista y ser concursante. El uno es alguien que se deja llevar por su contribución genuina, el otro sacrifica contenidos deseados en la perspectiva de los que puedan ser aceptados, taquilleros o asumibles. Lo acepto: digo esto porque nunca he ganado un solo concurso. Tal perspectiva era ya inquietante cuando era escolar y promocionaban folletos premiados de otros escolares. Como bachiller me refugié en una noción idealista del significado de ser escritor: el que no se vendía por nada a nadie, todo lo contrario al que buscaba el mejor postor en comprar sus trabajos. Por eso y otras razones menores nunca he preparado realmente trabajos inéditos para concursos y cuando lo he hecho ha sido sin seguir la normativa participativa acerca de cantidades de copias (desafortunada inversión que suele terminar en la papelera o en lecturas despreciativas). Recuerdo una sola vez en que sí participé en un concurso de poesía y fue porque dos personas que me querían e insistían sobre ello se ocuparon de hacer una selección, hacer las copias y depositarlas in situ en el lugar desde donde se debería si dictaminar si era bueno o malo lo presentado. Mi reconocimiento a Victoria Martínez Alés y a Misse Hinojosa Medina por esa hazaña. Tras un periodo cuando fueron recogidas las copias leí en lápiz en una de las copias algo así como que no se entendía nada. Me sentí absolutamente ridículo presentando algo a un tribunal de desconocidos que por razones institucionales o curriculares más que formativas o intelectuales ocupaban puntualmente un puesto. Sospecho a priori de Cualqueir tipo de tribunal: sean los históricos de carácter inquisitorial como los actuales tanto del campo legal como los que están para seleccionar lo que les parece bueno y rechazar lo que les parece malo. Suelo tropezar con la misma piedra cada vez que ando en esta clase de latitudes. No puedo soportar quien se cree estar en la potestad de hacer esto. Por eso me parecen soporíferos los espacios televisados de entregas de premios y el ritual de participación en ellos. Si todavía facilitaran las cosas pudiendo enviar los originales por email o, mejor que esto, insertarlos en un espacio público en la red para ser leídos por todo el mundo y votados a continuación. Sigo pensando que la elección artística es una opción personal, una forma auto-recreativa. O mejor aún: una auto creación. Se dedica al arte quien quiere reinventar el mundo a la medida de su consumo personal. Es un proceso personal y privado para la deliberación continua. En realidad no es algo para satisfacer los sentidos a demanda según un menú o una paleta de colores. Idea socorrida que también se puede aplicar a los actos de escribir.
Escribir tiene de bueno que te sustrae de los actos públicos. Se puede terminar escribiendo en cualquier espacio y escenario, con todo tipo de condicionantes externos, en un salón ruidoso, con gente hablando a tu alrededor y sin embargo no pertenecer para nada a todo esto del entorno inmediato, viajando con la imaginación y la palabra muy lejos de ese punto. En determinados momentos quien tiene algo escrito puede ser invitado a presentar su texto o incluso a leerlo como forma escénica de presentación. Entonces experimentará estar haciendo algo más que reunirse con una gente concreta, lo hará con una escucha colectiva anónima para auto transportarse juntos más allá de la sala de reunión para estar muy lejos de las aflicciones presentes y repensar lo que sea desde afuera sin los condicionantes de aquel ahora.
Escribir es una disciplina inquieta que no se mueve del sitio, ideal para almas torturadas y asociales disintónicos con las formas ordinarias con que se utiliza la prosa. Escribir es una deliberación silenciosa, ir a comparar lo escrito de la `propia imaginación con la de otro es algo que va ya en contra de la misma literatura. No me imagino a Cervantes presentándose a un concurso literario. De haberlo hecho habría autorizado a un tribunal de mediocres que juzgaran la extensión de una obra genial. Ya está bien que en determinados juegos florales o sus simulacros para invitación e iniciación a las letras escritas se pongan determinadas dádivas o zanahoria a modo de premio a quienes se han esforzado en hacer rimar su texto o en concluir su cuento, pero al hacerlo se puede estar incentivando algo en contra de otro estilo. Cada vez que se le dice hurra a algo se le está diciendo no-hurra a otra propuesta que se mantiene fuera de la elección y ni siquiera pasa por la consideración del que vitorea en calidad de experto.
Escribir es una forma de deliberación artística, insinuante, multifactoriada, poliédrica sorteando los dislates en los que se mete para crear una pieza suficientemente coherente o al menos con suficiente apariencia de tenerla para lectores que crean que la trama está perfectamente construida. Lo cierto es que no hay un artículo que lo diga todo, una novela que termine la historia que plantea, una película con un final concluso o una historia en su totalidad sobre un tema elegido. A lo más cada artículo es parte de otro, cada novela está integrada en un panorama de argumentos, cada relato forma parte de uno mayor, cada ensayo es una introducción a otros. En ese proceso creativo el devenir siempre es la mayor parte de lo que queda por hacer mientras que lo hecho sigue quedando en los aledaños o las insinuaciones, en definitiva la pre-elaboración. La vida es una disertación continua condenada a quedarse en el estado de propuesta. La mayor parte de objetivos planteados y objetos deseados no se alcanzan sino parcialmente.

