La Novela Personal
La Novela como una experiencia de creación personal.
El arte y la creatividad guardan una conexión perfectamente establecida. El arte escrito y la realización personal de quien lo hace sacando de sí mismo oscuridades biográficas y deseos inconfesos es una hipótesis bastante extendida. Una novela es un relato complejo que coexiste con su creador a lo largo de su creación y posiblemente para siempre. García Márquez le perseguiría por siempre su genialidad en Cien años de soledad que escribió en su etapa de juventud. El autor está condenado a no estar a la altura permanente de sus genialidades puntuales. Lo genial en el arte de la escritura es poderle sacar el filo a todo escudriñando sus potenciales que para otras miradas pasan desapercibidos o son despreciables. Novelarlo todo, ese es el quid. Vivirlo tal como viene es la pesadilla, recrearlo en el imaginario es la alternativa. De cualquier cosa se puede hacer leña para la estufa de los milagros inventados. La novela es o sería la alternativa para toda subrealidad insufrible. Cualqueir inadaptado a lo social tal como le es impuesto es un novelista en potencia. Luego en el inventario de los productos dados, editados y puestos sobre papel, los resultados no son tan brillantes como se podía suponer, No basta tener una buena historia, hay que escribirla, escenificarla, hacerla tratable, asumible, creíble, posible. Por eso somos legión quienes nos pasamos los años escribiendo sobre como escribir sin proponer una buena historia para las pantallas, los tablados o los estantes. El mercado de ocasión está invadido de libros mediocres que han hecho gastar toneladas de papel. A veces se puede sucumbir a algunos títulos seductivos para encontrarse con páginas deplorables. Lo dice un penitente que está dispuesto a terminar de leer, un día u otro, todo lo que empieza a leer. Como que todo puede ser novelado la lista de los novelistas no ha parado de crecer. Aun así muchos concursos terminan con los premios desiertos por la baja calidad de sus participaciones. Tómese tal observación por el lado de su espíritu neutro. Lo malo no es que mucho de lo escrito sea malo sino que no se intente ni siquiera escribirlo con originalidad. No sé si hay editores buscando genios en bruto en la cantera de proponentes para letrados de todas las latitudes al estilo como los modistos o los pasarelistas van a la búsqueda y captura de mujeres de ébano efímeras para lucir sus diseños en los salones de más glamour de Europa, lo que sí sé es que no necesariamente lo mejor por decir haya sido dicho, o lo mejor por crear haya sido creado. El futuro puede deparar sorpresas a los buscadores de nuevas emociones intelectuales y arrojar historias fabulosas con las que disfrutar leyéndolas o, luego, visionándolas. ^Puesto que vivir es un teatro y cada persona es su o sus personajes, hay tantos novelistas en bruto como vivientes censados o no. Un novelista no es otra cosa que un ser humano que decide a contar su vida con suficientes elementos de disfraz para que no sea reconocido. Como variante puede inventarse algo completamente insólito, ficcioso, sin ningún correlato con la realidad conocido y dejar traslucir su manera de interpretar las cosas. Es admirable que alguien pueda salir de su cotidianeidad y dedicarse a la ficción pura. Es un estado de levitación ideal y sale muy barato. No tocar de pies el suelo en vez de ser tomado como desprecio hay que tomarlo como uno de los elogios mayores. Novelar el mundo en el que se vive es la manera inteligente de soportarlo como es, aprovechándose de cada detalle, cada cruce, cada gesto, cada color y cada individuo de paso como elementos decorativos escénicos y como personajes. Es más fácil decirlo que hacerlo. No me atrevo a categorizar novelas ni novelistas. Hay muchos grupos clasificatorios. Se me ocurre que el más brillante es o sería el de hablar exclusivamente de los productos imaginarios creados desligando el estudio totalmente de sus autores. Los personajes de ficción terminan por incorporarse a los círculos de relaciones y a ser más conocidos que sus autores. Estos se hacen eternos a partir de dejar en circulación esos personajes que viven en la memoria colectiva.
La propuesta de novela en un propósito de auto novelarse es un ejercicio recreación personal considerable. Significa tomar distancia del pequeño –y, a veces, cerrado mundo- para interpretarlo como espectador y como crítico. No hay mejor risa que la de reírse uno de si mismo. Seguramente lo genial empieza desde el momento en que el genio se toma a si mismo como material de ataque, por no decir de deshecho, al que escrutar a conciencia. W.Allen en Pura anarquía no tiene ningún sonrojo en auto ridiculizarse a través de los personajes que le representan así como hacerlo con otros con los que se cruza durante ese coleccionario de relatos. En seguida se apodera de tu atención porque te mete en su rollo, citando un montón de referentes y nombres como si fueran de conocimiento público. Sepas lo que sepas en cuanto a todo lo que refiere el modo llano que tiene de hacerlo te hace sentir como si estuvieras en la escucha dentro de su tertulia. A propósito de los novelistas está por consultar si lo más admirable es que alguien se las ingenie para vivir –e incluso ser famosos- con lo que escribe o el texto en si mismo. Autorías de renombre y títulos muy conocidos pueden llevar a la decepción y otros que pasan sin reseña alguna pueden abrir puertas y mentes. No es que todo sea tan relativo como se dice ni las obras dependan siempre de padrinos y plataformas publicitarias pero la verdad es que la mayoría de genialidades andan por las cunetas marginales o por los aburrimientos consolidados. No sé de donde se puede sacar energia para invertir un año de trabajo para escribir una novela que pueda ser una historia importante que incorporar a la cultura internacional. Tengo varias tentativas de algunas que esperan sine die ser retomadas para convertirlas en vendibles. Algo me paraliza para hacerlo: me pesa el prejuicio de creer que el ensayo, la reflexión o el análisis son comparablemente más interesantes que el relato, el cuento o la novela. La contraposición es artificial. ¿Acaso desde la novela no se puede analizar, desde el cuento no interpretar o desde el relato no proporcionar datos de las verdades objetivas?
Algunas de las novelas que nos ha legado la historia de las letras han sido sorprendentes autobiografías convenientemente disfrazadas. Hay individuos que son auténticos personajes de novela, lo sepan o no. E implícitamente tal como se ha apuntado antes, cualquier cosa, cualquier imagen, cualquier persona son circunstancias reciclables como elementos contextuales y como personajes. La novela a diferencia del ensayo no tiene la carga de tener que llegar a propuestas o con conclusiones; puede empezar en un comienzo cualquiera y darla por zanjada sin que la historia se acabe realmente. Sus bises y pluses para otros momentos. En alguna parte he comentado que se podría crear un nuevo genero literario con todos los derechos a partir de tomar los finales de historias cuya fama se debe en su mayor parte al ser llevadas al cine y al teatro y darles una continuidad. Generalmente muchas de las más famosas historias concluyen con la desaparición del protagonista o con una ruptura definitiva. Resucitarlos significa enfrentarse a discursos apenas iniciados y que la autocensura creativas ha abortado.
En el auto novelado contarles a los demás lo que eres pone en aprietos la discreción, puede generar conflictos con los demás según lo que se diga y por si fuera poco hay que hacerlo con suficiente actividad de imágenes para hacerlo de interés público. Sin algo de narcisismo no es posible contarle al mundo lo que eres, quien eres, de que vas, adónde vas. El potencial creativo de la novela personal es pues doble: por lo que hace a introspección de la intimidad para revelarla y por lo que hace al impacto en las relaciones con los demás. En esa negociación con las letras de la sentimentalidad va definiéndose una línea descriptiva y descubriendo el curriculums oculto de la manera de ser.

