PENSARES y PESARES

Discurso Anónimo

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Discurso sub-real y realidad publicada.

Los topos del discurso anónimo no compartimos la mentira pública. Slogan que sigue pudiéndose decir tras décadas de democracia a medias y cuando la clandestinidad se diría que forma parte de los anecdotarios de pasados truculentos. Hubo una revista que hizo furor –el Viejo Topo- reuniendo artículos dentro de una disertación anticapitalista. La idea del topo -animal subterráneo y galerista que a pesar de trabajar a oscuras sabe hacia donde se dirige- tuvo una carga romántica. Al clandestino (Manu Chao lo confirmaría) lo hacen las prohibiciones. Si éstas no existieran, todas las sensibilidades y opiniones podrían darse a conocer, todas las artes eclosionarían libremente, todos los artículos serían publicados, todas las ideas serian expuestas. En realidad la palabra “todos” que antes servía para sacar del ostracismo y de las cárceles  conductas e ideas reprimidas que cuestionaban la estructura del sistema ya no  nos sirve tanto para la actualidad. Antes interpretábamos –y la visión era la correcta- que  toda represión era  injusta y que los vencedores de la historia se erigían sobre las lenguas cortadas de sus disidentes. Actualmente hay distintos tipos de censuras y no todas son inadecuadas (las de las cruces gamadas y apologías genocidas son perfectamente consensuables). Pero hay muchas otras conductas que con un cinismo total el estado margina,  proscribe y reprime porque desea silenciarlas como posibles alternativas. Consecuencia: el discurso público es fundamentalmente mono discursivo, a pesar de las diferencias de sus actores en la bipolaridad, otras veces referida, entre las siglas partitocráticas. La mayor parte de posiciones críticas y de elaboraciones más adelantadas están en la marginalidad permanente, exclusas del espacio abierto.

La realidad pública es aquella parte de la realidad de la que más se habla masivamente, por tanto, de las noticias publicadas. El o los discursos dominantes giran en torno a eso. Hay otros registros mentales, otra cultura del pensamiento, otras subculturas. De hecho los actos de pensar quedan proscritos de los escenarios abiertos para ser encerrados en las catacumbas de todos los tiempos. Pensar, por si se ha olvidado, es relacionar o correlacionar datos y valorar sus concordancias e incoherencias. Quedarse en la postal de cada frase o noticia es enumerar hechos sin reflexionarlos.  

El discurso del topo es el pensamiento que subyace bajo el sistema. Se mueve por debajo de sus apariencias. Trata de socavarlo con sus túneles o cuando menos trata de no dejarse mentir por la realidad impuesta por  éste. El discurso público es el del sistema que se proclama para auto perpetuarse, no es el de tal o cual partido de gobierno con sus alternancias, sino el ideológicamente continuista en los ejes fundamentales de la sociedad tal como  evitándole sus impugnaciones. El discurso del topo es el que no cree en que el sistema capitalista pueda auto-repararse y pide otro modelo de vida social y de futuro.

La verdad es que tanto de un lado como de otro hay una pluralidad de registros y es confuso tratarlo en singular. Lo mismo se puede decir del fenómeno de la mentira. No hay una sola sino varias. El slogan obvía la naturaleza múltiples de las cosas y define la realidad publicada como  la producción continua de una mentira pública (eso no significa que todo sea mentira sino que pesa la interpretación falsificadora de ello) así como que agrupa en uno solo el discurso del topo. Sabemos que no hay una alternativa unificadora ni un programa unitario que se replantee el mañana. Hay muchas líneas marginales distintas que  coinciden en el subsuelo de la realidad manifiesta sin estar de acuerdo en ideas ni en formas.  La actualidad es tan compleja que no sirve mencionar el antiguo cliché del “todos queremos lo mismo”. Hasta que no te pones a trabajar con alguien no sale a la luz las diferencias de método  para hacer las cosas.

La realidad pública nos  ahoga a diario con muchas informaciones mezquinas y un enlentecimiento brutal en la transformación de las cosas aunque todas las voces digan que están dedicando esfuerzos a las mejoras. Pero a esa realidad también se cuelan intervenciones marginales o minoritarias. Por lo general, la gente que grita menos y habla poco tiene cosas más interesantes que decir que los que copan las escenas. Es así que hay una parte de la realidad publicada esta alcanzada por análisis lúcidos y nombres respetables.

Establecidos estos matices hay que resituar el slogan en su exageración de la forma verbal en singular  en la intuición que está pidiendo: la referencia a las utopías que siguen cociéndose en la sub-realidad y las mentiras que nos siguen imponiendo como las versiones dominantes de lo público.

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