Cuaderno de Agitación.
Agitación fue un concepto considerablemente demonizado y la del agitador una figura tratada como la de un salvaje dispuesto a desestabilizar el orden social por encima de todo respeto.
De hecho, agitar no es más que un verbo perfectamente comprensible para resituar un objeto, un producto, a unas condiciones de uso aceptables. Agítese antes de usar, dice la etiqueta de muchos envasados.
En términos sociales la agitación significaba la excitación de la conciencia ante cuestiones de la realidad amordazadas o sobre las que no se permitía hablar. En una sociedad en la que las libertades mínimas de expresión estaban totalmente prohibidas o tan restringidas que las hacían inaccesibles a puntos de vista distintos a los oficiales, todo lo que fuera revisar una situación laboral o concreta era agitar. Los agitadores, se suponía, éramos profesionales del activismo, pagados por una potencia muy acaudalada, enemiga del estado y de los valores patrios, marxistas y rojeras para más señas que soñábamos en prender fuego a las iglesias y violar a las monjas vírgenes. En una total transportación de hechos descontextualizados a los agitadores se les trataba de antisociales y destructivos interpretando los llamamientos a los paros y huelgas reivindicativas como el peor de todos los crímenes. Su persecución era implacable. Su acción criminal: la de hablar a viva voz a obreros y ciudadanos o repartir propaganda considerada como ilícita. Los perros del régimen perseguían cualquier indicio o comentario que pudiera ser interpretado como revolucionario. El agitador era la manzana podrida que podía echar a perder el resto del cesto. El estado era la salvaguarda del cristianismo y de la pureza del resto de la sociedad que no podía ser molestado con nuevas ideas preparadas por conspiradores y malnacidos.
El verbo era para los izquierdistas nunca se aplicaba a los derechistas. La idea era que los comunistas agitábamos, los falangistas instruían, los revolucionarios nos jactábamos en señalar las incompletudes del sistema, los organismos públicos se afanaban en desarrollar el país. El recuento de esa temible agitación al cabo de los años era poco más que unas cuantas pintadas por paredes y árboles, alguna bandera colgada de cables de altura, y unos panfletos hechos a ciclostil.
Cuaderno de Agitación reúne una parte de estos panfletos. Son los que yo escribí con un intento de una forma distinta de explicar conceptos ejes a los asalariados para que no se dejaran explotar tan gratuitamente como lo hacían. En ningún momento se propone como modelo de escritura y aún menos hay que tomarlo como lo más representativo de una época en que la octavilla con frases precisas y consignas concretas sustituía a los artículos elaborativos y de desarrollo dejados para las reuniones maratonianas de los partidos o grupos clandestinos.
Invariablemente se dirigían a la clase obrera, al proletariado o/y al pueblo trabajador. Nunca quedó tan clara la diferencia entre las tres denominaciones. En todo caso no se quería dejar a fuera de lo que eran generalmente llamamientos a la acción a cualquiera, con mono de trabajo o con camisa de oficinista, en un pequeño taller o en una gran fábrica o incluso como pequeño propietario de un comercio, de la lucha por conseguir una mejora social y política.
El repaso de los contenidos de aquellas octavillas unas décadas después pueden mover a la sonrisa ante la intencionalidad voluntariosa de quienes teníamos la fe puesta en la fuerza de trabajo y en su potencial descomunal para cambiar el país y el mundo. Evidentemente nos equivocábamos. Gracias a esa equivocación dimos lugar a una literatura que forma parte ya de la antropología social y del posible estudio del lenguaje conspiracionista como parte del lenguaje del deseo resituado a categoría de grupo.
Los productos de la agitación no iban mucho más allá del reparto a mano de hojas mecano escritas generalmente de tamaño de medio folio porque eso las hacía más manejables y como mucho de mítines breves para largarse corriendo antes de que llegara la policía. Lo que sí hay que decir es que apenas 5 o 6 personas, a veces tan solo dos, mirábamos directamente a las caras fatigadas de cientos de obreros a las entradas de las fabricas por las mañanas, a las salidas de los trenes o del metro y raramente había uno que despreciara la hoja o que no quisiera cogerla o la tirara al suelo. Si los jefes del poder político de aquel entonces nos hubieran espiado por el ojo de la cerradura de los pisos donde nos reuníamos mientras preparábamos nuestras acciones de reparto, lo que para simplificar llamábamos acciones y hubieran comprobado nuestros escasos medios, se habrían dando con un canto de piedra en sus sienes por sus exagerados miedos ante nuestro potencial subversivo. Nunca lo tuvimos. Lo más que tuvimos fueron palabras que llamaban a la lucha reivindicativa. Solo que las pocas que teníamos y lo poco que decíamos estaban cargadas de razón y era a esa razón que había tanto miedo no a los cuatro que la divulgábamos con nuestros escasos medios. La fuerza no éramos nosotros sino la fuerza del texto. Lo que estaba por conseguir era una evidencia pública, bastaba recordarlo para precipitar desencadenamientos de lucha tal como se fueron dando.
Visto en retrospectiva una octavilla no era más que un texto breve denunciando tal o cual patrón o pidiendo la solidaridad con tal o cual fábrica. Y un llamamiento no era más que un anuncio buscando socios para un acto de lucha. A pesar de los pocos medios vivimos huelgas extraordinarias y regueros de ilusión por polígonos industriales. Lo que decíamos en las hojitas lo pintábamos también en las paredes. El repertorio de las consignas tampoco se pasó para considerarlo un lujo literario sin embargo dejaron una impronta que tiempo después seria perfeccionada con el grafitismo y otro tipo de textos de paredes, a veces escritos por manos anónimas fuera de la práctica de todo partido, para llamar la atención a la gente sobre sus miserias existenciales.
En la literatura reivindicativa para la calle se usaba fundamentalmente la frase simple y el texto directo. Yo traté de introducir las frases subordinadas y la sensibilización conceptual para horror de compañeros que alegaban la incapacidad obrera para entender textos largos. No deja de ser curioso que tres o cuatro décadas después se siga escuchando la misma cantinela del lado de los que no desean estudiar la historia en la que viven ni piensan realmente en que la sociedad pueda dar saltos de gigantes para una nueva época de esplendor histórico.
En los contextos democráticos o pseudo, finalmente instaurados, la agitación sigue dándose. ¿Que son las campañas electorales sino campañas agitativas? Los medios son más sofisticados para la evolución de aquellas antiguas octavillas a pequeñas hojitas a todo calor resumiendo los trazos principales de cada candidatura siguen produciéndose. Las pancartas y los pasquines siguen usándose. Durante las dictaduras nos ingeniamos las mil y una maneras concretas para que fueran leídos nuestros pensamientos. Lo que aquellas prohibieron y reprimieron ya no pueden hacerlo los nuevos regímenes democráticos. En su actualidad sigue no obstante predominando el esfuerzo dirigido a la persuasión antes que a la enseñanza. Ramón y Cajal dio en el blanco cuando aseguro que el camino de razonar y convencer es largo y tedioso mientras que el de sugestionar es fácil, rápido y barato.
Mucho tiempo después el verbo agitar ha ido cayendo en desuso. No deja de ser curioso que no se le aplique ni siquiera a los que realmente sí quieren destruir los valores de la convivencia social. En Alemania, por ejemplo, las acciones antisemitas por grupos nazis han crecido y se habla de que el antisemitismo latente alcanza una cuarta parte de la población.
Ya no participo de las viejas técnicas de agitación, Dar vueltas con un coche con un equipo de megafonía denunciando los protagonistas políticos del horror y repartiendo panfletos ya no forma parte de mis actividades. Sé quien lo continúa haciendo, al menos hay una persona que lo hace en Estados Unidos. He buscado formas más cómodas de anunciar ideas y más seguras aunque sí guardo una nostalgia de la pancarta de los viejos tiempos y por eso suelo llevar en mi/s vehículos pizarras con eslóganes concretos que poco o mucho siempre generan miradas y dan lugar a conversaciones interesantes, más en África desde donde escribo esta presentación que en Europa, continente sumido en el pensamiento entrampado en el tedio.
El panfleto in memoriam
Algunos empezamos a entrenar nuestros dedos mecanográficos escribiendo octavillas y picando sus clichés más que en tentativas de proezas literarias. Creíamos que el estilo debía ser supeditado a la transmisión de datos fundamentales y a la propuesta clara de consignas que sirvieran para ser seguidas. Al hacerlo, sin darnos cuenta, estábamos desconsiderando la capacidad lectora de la gente. Las circunstancias nos darían la razón. Aquellos textos, por lo general cortos, que se ventilaban con cuatro párrafos breves y no ocupaban más de medio folio, a veces ni eso (la cara de uno entero era interpretado como una temeridad por la misma militancia, a parte de las dificultades técnicas de ser hojas demasiado grandes como para que volaran al ser lanzadas a puertas de fábricas, institutos o comercios)- pretendían ser instrumentos de movilización y poco más. Generalmente los llamamientos al pueblo trabajador y a toda la clase obrera, encabezamientos un tanto ridículos dada la precariedad del medio que se utilizaba para la proclama, no alcanzaban a mas de unos cientos de personas, que eso sí, en un tiempo de avidez de palabras revolucionarias reclamando justicia se agachaban para recogerlas y leerlas. Los que escribíamos aquellos panfletos nos creíamos portadores mágicos de buenas nuevas o como mínimo de soluciones radicales para cambiar las cosas. Bastaba convocar a un paro de las máquinas, a una asamblea o a la huelga general para que el mundo entero cambiara. El mundo entero nunca cambió y la realidad del país fue haciendo d las suyas, evolucionando o al menos modificándose con el paso de los tiempos, cambiando la conciencia crítica por tener un mayor poder adquisitivo. A pesar de todo, los papeles de agitación quedaron como el testimonio del deseo revolucionario. La gente iba a la cárcel o perdía la vida y pasaba por comisarías y torturas por distribuirlos o por tener un alijo de ellos en casa. Si ahora repasamos el lenguaje vertido en esos-en realidad, inofensivos- soportes nos parecería del todo injustificable que a alguien se le pudiera prohibir tales opiniones o encausarlo por ellas.
Con precarios medios como ciclostiles y vietnamitas -las ofset llegarían después- se pretendía hacer una revolución. Sin lugar a dudas aquellas practicas semánticas, deprisa y corriendo, centradas en el logro de la acción más que en el de la reflexión, dio lugar a la noción de panfletismo y unos dejes de habla superficiales que no profundizaban en los temas. Para eso ya había las revistas teóricas y sesudas de los partidos, reservadas para los más listos o los más entretenidos en la elaboración de la teoría política, una especie de pócima alquímica que nos iba a salvar a todos de la brutalidad capitalista. Decenas de miles de textos después, publicados y ahora convenientemente legalizados, no nos han librado del atrapamiento en el que nos hemos metido: el del consumo de la teoría revolucionaria como otra cantera de consumo de la lista de consumismos que la sociedad de mercado nos ofrece. La memoria del panfleto lo es más por esa función mágica de transportador de la consigna prohibida que por un valor literario, escasamente documental. Daba cuenta de la necesidad solidaria con tal o cual huelga, o de la inminencia de la lucha en tal o cual sitio, de la necesidad justa por las reivindicaciones generalmente triviales: aumento de sueldo, derecho de reunión y asociación, delegados asamblearios. A pesar de su sencillez y de sus perspectivas limitadas ocuparon una parte crucial de la literatura revolucionaria. A su modo eran documentos fedatarios de los sucesos. No ocupaban más del espacio breve de un periódico que se hubiera hecho eco de la misma noticia pero cumplían una función simbólica mucho mayor, además de la concreta y real de vehicular referencias de hechos, algo para lo que el periodismo de la época estaba muy negado siguiendo órdenes precisas de silenciar la verdad de lo que ocurría en la sociedad.
Reivindico el valor histórico del panfleto. Su función comunicativa y agitativa. Su función documental. Del cartelismo histórico de la época república ha quedado constancia y se han hecho repetidos actos conmemorativos. No estaría de más preparar algo parecido para las octavillas de aquellos tiempos. El análisis del lenguaje subversivo en todo caso debería integrar un dossier como fondo de constataciones. Por encima de sus palabras inflamadas y de su estilo no exento de demagogia recordaban con sus tímidas apariciones la presencia de una resistencia, la constatación de una conciencia que aunque se escondiera en la clandestinidad tarde o temprano renacería públicamente para decir las verdades a la cara de los que más implicados en las mentiras del sistema.
La ficción del amparo. S.Maraselva
Cuanto mayor es el volumen de noticias auténticas de la realidad que llega a la gente, mayor es la convicción de la falta de amparo en la que se vive. Expedientes judiciales que se demoran por lustros o decenas de años, cuerpos policiales que están descoordinados entre sí, delincuentes que reinciden en sus perfiles agresivos,... y sus resultados graves: amenazas que se convierten en hechos, denuncias que son archivadas y la vida en peligro en una sociedad salida de madre. En medio de todo persiste la credulidad de que el estado protege a los ciudadanos. La supuesta seguridad que proporciona las fuerzas del orden es una ficción. Preferimos seguir con la ilusión de este amparo a llorar ante la incerteza ciudadana. Cuando alguien nos cuenta su vía crucis personal tendemos a creer que se trata de un tipo gafe y que lo que le ha sucedido es algo insólito que no va a sucedernos a nosotros. Cuando alguien es robado, estafado, agredido, atacado, burlado sea por cacos malos de los de siempre o por gente de alto copete con artimañas dentro de lo legal para hacerlo, tendemos a creer que se ha dejado engañar, que es un estúpido o que es algo que no nos va a suceder. Estamos equivocados. La perspectiva nos engaña. Preferimos vivir con la idea de que todo aquello que sale por la tele y que ha elegido a víctimas a otros a nosotros nunca nos va a pasar como si las víctimas de cada día fueran pobres ingenuos que se hubieran pasado toda la vida trabajando y preparándose para su infortunio final fuera del tipo que fuera. Es cuestión de cambiar el chip. No hay nadie, tenga la edad que tenga, pertenezca al grupo social y profesional que sea, viva donde viva que esté a salvo. Todos y todas tenemos una cuota de riesgo equis con la que mantenemos una relación de probabilidad de tener experiencias traumáticas en el mundo en el que estamos. Claro que para vivir hemos de actuar con confianza y optimismo para no caer en el mal agüero. El problema de poder tropezar con un problema: un atracador, un homicida, un difamador, un violador o un vecino que nos destruye por negligencia el techo, es que los supuestos recursos de amparo: las instituciones de control, desde el guardia urbano más ignorante al magistrado más afamado, son sólo una ficción. Sea cual sea el nivel al que acudamos nos encontramos con opiniones. No hay investigación. El Estado en su conjunto se está convirtiendo en una macroempresa de estadística y de escasa funcionalidad práctica. Es a cada ciudadano que tiene un problema porque ha sido denunciado en falso o porque ha sido robado o amenazado a quien le toca ir detrás de los polis para recordarles sus funciones. Desgraciadamente toda la filmografía que está en el sustento de nuestra cultura en la que aparecían las escenas de jugosos diálogos entre ciudadanos y policías ha servido para muy poco para tomar muestra y hacer otro tanto. Las visitas a las comisarías son puramente testimoniales y documentalistas. A menudo se acude para tener justificantes con los que conseguir indemnizaciones de las casas aseguradoras. Por su parte los polis hacen de recaderos de citaciones y de fuerzas coactivas para detener a tal o cual (no confundir con fuerzas de orden público, éste es un concepto que ha quedado como un fetiche pero que no tiene nada que ver con la función real) Basta que alguien se inaugure en la condición de víctima para que entre en un laberinto del que no va a salir bien parado. Hay muchas clases de victimidad o maneras de ser objeto de criminalidad. Lo mejor, desde luego, es no ponerse en la tesitura de serlo ni una sola vez. Pero si uno lo es, es remotamente imposible que pueda ser reparado en el agravio producido, por mucho que la población carcelaria no pare de crecer. Una cosa es que la represión vaya en aumento y las instalaciones carcelarias aumenten en número de edificios y en número de plazas y otra muy distinta es que eso devuelva la calma a la sociedad y lo que han perdido las víctimas. Pero una víctima lo es por partida doble. Lo es en una primera instancia por lesiones directas producidas por alguien que la ha atacado y lo es en una segunda instancia cuando los organismos a los que acude para que la protejan o investiguen el caso pasan del tema por protocolo. No puede ser que uno acuda a juzgados pidiendo la protección y un año después se entere de que han archivado su tema porque no fue localizado por ejemplo o ni siquiera por esta razón. No puede ser que uno vuelva a casa después del trabajo y se encuentre que la policía le da dos días para desalojarla porque su esposa se ha inventado malos tratos no demostrados y la aplicación de la ley de género permite hoy en día primero imponer el castigo y después demostrar la culpa; no puede ser que las administraciones locales y centrales sigan pagando ingentes cantidades de sueldos para policías que no dan ni golpe y en inversiones de equipamiento que les hace creer superhéroes sin hacer investigación criminal; no puede ser que los mensajes de estado por la vía de sus distintas administraciones apunten a culpabilizar a los comportamientos erróneos de la gente y no admita ni analice su parte de culpabilidad y causalidad en los mismos.
Vivimos en la ficción del amparo hasta el momento en que las circunstancias biográficas desfavorables nos ponen a merced de personas negligentes en sus funciones o que bien no siéndolo son payasos que saben ajustarse a sus roles concretos por los que son contratados y pagados sin ninguna intención de cambiar los problemas desde el fondo que los producen continuamente. Si la sociedad civil contara con los datos reales de temas resueltos por las instituciones judiciales y cuerpos policiales se alarmaría y con toda la razón. Una parte considerable de delincuentes enviados a cumplir condenas son por sus autoinculpaciones y por sus propias necesidades psíquicas, dadas sus personalidades desquiciadas, en cumplir condenas. Las cárceles son hogares de relación de unos subsectores sociales y lugares de entrenamiento en otros códigos de supervivencia.
Si desde la sociedad civil supiéramos que estamos en manos de incautos y de irresponsables en los puestos de control y de poder nos sentiríamos todavía más inseguros. Este principio de inseguridad se da en todas las ciudades del orbe con modelos sociales distintos. Quien más lo sabe es el policía de puertas, o de turno cuya función sabe que está reducido a tomar notas de lo que se le dice. La figura del policía es la del que obedece ordenes no la de quien piensa, e investiga y resuelve situaciones. Llega tarde, cuando el mal está hecho. La naturaleza de los hechos es espantosa. Es ella la que nos somete al principio de realidad una y otra vez y la realidad es la del desamparo. Ya
Ambrosio, canonizado como santo, sostuvo que la naturaleza es la mejor maestra de la verdad. En la indefensión permanente solo queda contar con un futuro no tan probable en que la confianza de la gente con la gente vuelva a ocupar un lugar considerado y considerable. Mientras tanto cada uno de nosotros tiene una historia que contar: la de las biografías ninguneadas, débiles cuando no ultrajadas.; contarla tal vez birlándole la idea del título a Félix de Azúa con su historia de un idiota contada por él mismo. Mientras no haya una intencionalidad organizada para resolver cosas este mundo seguirá viendo como se incrementan alarmantemente toda clase de problemas. Brentano, propuso la intencionalidad como una categoría representacional de un acaecimiento mental . Mientras no haya un espacio predecidido en las facultades volitivas para organizar y reorganizar el mundo en el que estamos, éste sólo será la proyección a gran escala de las mezquindades y miedos que a pequeña escala se dan dentro de cada ser acomodaticio y falto de personalidad crítica. Hay una crisis de función aunque haya una asignación de roles. Es eso lo que explica tanto intradesajuste social, tanto crecimiento de la desidia y la negligencia, tanto desfavor y falta de solidaridad. En definitiva, tanta incomprensión y baja intelectualidad. Bernard Waldenfels (1994) defiende la teoría sobre la responsividad como pedagogía de la responsabilidad. Mientras no haya reintroducción y rehegemonización de nuevos valores la humanidad en su conjunto está atrapada por las antiguas mentiras y sin una perspectiva social sólida de cambio y de seguridad en el futuro.
La falta de amparo real nos lleva al reconocimiento de su ficción diseñada por definiciones estatuarias y normativas. Podemos vivir creyendo que somos hijos de una tecnocivilización moderna que no es capaz de caer en las atrocidades de otras anteriores de las que estamos separados por siglos o incluso milenios. Es un bonito cuento. De hecho la crueldad y las trampas es una constante a lo largo de la historia y lo que viene variando es la modalidad. La realidad nos vence con sus trampas y lo que nos es dado es cambiar de versión de este fenómeno. Para que esta idea sea menos desalentadora del saldo emocional que deja, tal como es expuesta, deberíamos proponernos los unos a los otros ejercicios de confianza y entender de una vez por todas que en la sociedad peligrosa en la que vivimos el peligro no está tanto en las furias desencadenadas que se dan cíclicamente en la calle -y a una cierta dosis diariamente (desde hace años no hay un solo día sin un suceso luctuoso y criminal en una parte u otra)- sino en los mecanismos de poder que las producen, preparan y predeterminan, aunque esa no sea su previsión ni planificación.
La propiedad: uso, disfrute y recuperación. S.Maraselva Reina
Uno de los aspectos controvertidos en la discusión sobre propiedad está en los contenciosos entre caseros e inquilinos con contratos indefinidos y privilegiados. La legislación de arrendamiento urbano (LAU) no ha resuelto el conflicto de intereses a favor de los propietarios, dando lugar a una estela de situaciones paradójicas en las que estos deben querellarse judicialmente para la recuperación de sus viviendas, por motivos de expansión familiar o de necesidades urgentes, que no estaban presentes en el año pretérito de la cesión en régimen de arrendamiento. Como si fueran víctimas de contratos que se convirtieron en alquileres de favor o ultra disminuidos les toca pasar por los malos de la historia, cuando se ven enfrentados a inquilinos de pocos recursos o de edades avanzadas y, encima, solos. El uso de estas imágenes ha sido empleado demagógicamente para hacer prevalecer criterios judiciales injustos en lugar de razonamientos a favor de la propiedad. El acercamiento al debate sobre la propiedad es completamente distinto del lado de quien tiene alguna al del lado de quien no tiene ninguna.
Es perfectamente distinguible el casero individual, que tiene una segunda propiedad, que en un momento pasado no necesitaba y puso en arrendamiento, del inmobiliario que tiene bloques de apartamentos dedicados a tal fin. Sin embargo legislativamente la recuperación de lo arrendado sólo es posible justificando una necesidad más perentoria y prioritaria de vivienda, de la función en uso. Es así como hijos que se emancipan o casan pueden aspirar a aquella propiedad. El dato de la cual en cuanto a sus beneficios inexistentes (puesto q los cobros de los viejos alquileres ni siquiera cubren las contribuciones) no es estimado, siendo marginadas las cuestiones de mercado para la legislación actual.
La ley de arrendamiento urbano no ha resuelto la cuestión y sigue privilegiando a los inquilinos situaciones de oportunismo que se demoran por años y décadas. El tema es litigante y tiene mala prensa cuando el rol del supuesto prepotente que tiene más de una casa exige la devolución de la o las que tiene alquiladas por motivos familiares o personales, cuando los inquilinos ajenos a toda responsabilidad representan el papel de víctimas. De hecho, se trata de una victimidad que usurpa tal honor a la verdadera víctima: la del propietario que queda vinculado de por vida a un pacto pretérito. Se trata de un tema que ignora principios básicos de ética y moral cívica. Se puede dar la paradoja insólita en este país, en que un propietario que no puede disfrutar nunca de una propiedad alquilada indefinidamente a baja cuota de alquiler, termine por pagar más por aquello que no disfruta que el usuario que la disfruta, además de sumar sus quebraderos de cabeza y de colocarse en condición de denunciable si no tiene la vivienda en condiciones.
Es lógico pensar que cualquier objeto prestado a cambio de una contraprestación económica puede ser solicitado por su prestador con las condiciones de preaviso pertinentes cuando el pago económico es prescindido. ¿Por qué razón cuesta tanto entender esto en las cuestiones de propiedades inmobiliarias, cuando incluso es aplicado con contratos de cesión de extensiones geográficas entre países? La respuesta es sencilla. Se introduce el concepto de no-término o no finiquitación de lo pactado. Generalmente las letras pequeñas de los contratos vienen atentando al espíritu e intención de la parte contratante de una transacción dada. Ante semejante evidencia resulta ultrajante hacer cargar a propietarios con inquilinajes fosilizantes y dejando la única posibilidad de disolución de lo contractuado con la defunción de éstos, en el supuesto de que no hagan trampas para pasarlos a otros familiares más jóvenes. Tal positura ¿no activaría los deseos de terminación biográfica de tales inquilinos? O acaso ¿no es una manera proclive a añadir angustia a las relaciones humanas en general y a las partes contratantes en particular?
Puesto que los asuntos palaciegos se caracterizan por su lentitud, la perspectiva de nuevas leyes queda para citas de futuro, a las que no pueden esperar emergencias del presente. Por eso no extraña que los propietarios con urgencia de recuperar sus domicilios alquilados recurran a subterfugios o alternativas paralelas para echar fuera a los antiguos inquilinos, y los juzgados procesen casos de ésta índole de presiones contra inquilinos. Ante esto cabe reflexionar, ¿no es también una clase de presión la del inquilino a perpetuidad, que se vale de una fisura legal para mantenerse indefinidamente en la propiedad, que ocupa, sin ser suya, pero haciendo y deshaciendo lo que le viene en gana? No hay que suponer que haya más ética en este que en aquel, como tampoco que alguien por el hecho de tener un patrimonio con dos propiedades tenga más recursos que alguien que no tiene ninguna. Habría que estudiar y comparar casos concretos para hacer diagnósticos validables.
Resulta obvio para la sociedad del capital que el patrimonio constituya una de las fijaciones más frecuentes. La gente quiere ser propietaria antes de terminar los 25 años. Hacerlo a los 35 es indicador de fracaso. No hacerlo nunca parece que es lo que peor que te puede pasar. De otro lado, hay gente que decididamente no quiere serlo nunca para no ser más vulnerable ante las amenazas del estado. Este amplio campo da muchas categorías distintas. Desde los okupas de inmuebles abandonados a inquilinos oportunistas que se valieron de artimañas y de resquicios en la legislación para apoderarse de pisos a perpetuidad pagando 4 chavos al mes. Parece razonable que los propietarios quieran recuperarlo para otros disfrutes o beneficios. No hay que suponer necesariamente que un inquilino es más pobre que el propietario que le ha alquilado la vivienda. Puede suceder, y de hecho sucede, paradójicamente, que disponga libre y legalmente de recursos, sin tener que pagar los precios de mercado por ellos. Ya lo hace el dueño de la vivienda. Son situaciones en las que el oportunista de un arrendamiento exprime indirectamente a su arrendador. Evidentemente hay situaciones clásicas y absolutamente contrarias en las que hay bandidos, disfrazados de caseros, que llegan a alquilar fragmentos de habitaciones, y hasta sillas para dormir, a precios desorbitados. No se trata de defender a los caseros per se, como tampoco a los inquilinos, sino tratar de entender el conflicto que hay entre ambos y el vacío legislativo que no permite resolverlos.
Recurso judicial y testimonio.
La complejidad social en este sistema trae consigo la producción aumentada de un tipo de conductas despreciables. Entre éstas están las actuaciones criminales. Tener la mala suerte de tropezar con alguien que te ha elegido como su víctima te coloca en un proceso desgastador y frustrante cuando comprendes que los mecanismos de defensa en una sociedad como la nuestra son mínimos. Sí, es cierto que hay literaturas incondicionales que hablan de la sociedad de derecho como si de una panacea se tratara y existe una moral preinscrita que habla de que los culpables serán castigos si no en el reino de la tierra en el del cielo. ¡Paparruchadas.! La víctima que tiene la mala suerte de serlo; por lo general, a su frustración de un agravio suma otra: la de no poder hacer prácticamente nada para recuperar lo que ha perdido. No tiene tantas bazas en su haber. ¿Qué puede hacer tras un atraco, una agresión, una violación,...? apenas nada, tendrá que cargar con su afrenta, integrarla y elaborarla. Pero desde luego podrá notificarlo. Dar parte del suceso. Denunciar el hecho a la autoridad, competente o no, que está prevista para formalizar un documento de oficio y archivarlo.
Las policías de distintas clases son oficinas fundamentalmente archivísticas. Las denuncias registradas son el apoyo estadístico demostrativo de las tendencias delictivas dominantes. Dan cuenta de una casuística. A no ser que haya delitos muy graves, con resultados de muerte, apenas hay investigación. La policia, en contra de la fraseología popular, ni lo sabe todo ni lo puede todo. En todo caso no tiene las funciones preestablecidas para investigarlo todo. Esto está reconocido por el propio gremio y desde los departamentos de Gobernación y orden público se termina por sugerir una mayor inversión en auto vigilancia o un recurso a las compañías privadas de seguridad.
El sujeto agredido, tras vencer incluso una barrera de desconfianza de la policia a la que acude a pedir auxilio, se enfrenta a un proceso incierto. Aquello que le ha sucedido lo tendrá que demostrar. El criminal, en el caso de ser localizado e identificado, podrá utilizar sus propias armas de confusión, como las de hacerse pasar por agredido. Es así que en el colmo de ello, los violadores acudirán a atenuantes como que han sido provocados por las minifaldas y las puntas visibles de bragas de sus víctimas a las que han forzado sexualmente; los atracadores, que lo han sido por fascinantes salones de lujo que se ven como escaparates desde las calles por las que pasaban casualmente y los machacadores o rompe cuellos que lo han sido por sus agredidos por tener la desfachatez de decirles lo que fuera que no les gustara.
En cualquiera de lo casos si la víctima por si misma no puede defenderse y tiene, por balance de ese desenlace con su mala suerte, una gran pérdida, sea de bienes materiales, sea por lesiones físicas o sea una herida psicológica, acudirá a quien pueda defenderla. El recurso primero a la policía y después al sistema judicial es una manera de acudir a una fuerza mayor que él o ella y que no ha podido usar en el momento de ser objeto de ataque. Finalmente, acudir a un agente uniformado o a un funcionario institucional, por mal que lo haga o poco rentable que pueda ser éste, es un acto civilizado y posiblemente más eficaz, dentro de la ineficiencia general del modelo jurídico en el que nos encontramos, que acudir a una piedra, a un cutter, o a un sabotaje en reprimenda.
El sistema judicial es en el fondo un procedimiento laberíntico y tortuoso desde el que ejercer la venganza contra quien ha sido el actor de un agravio que se ha sufrido. Se acude con la intención que el sistema castigue al mal factor en nombre de la víctima ¿Hay escena más vengativa que la de la pequeña aula de comprobación del ejecutado en las cámaras de gas o de inyección letal en los USA con asientos ocupados por los familiares de su víctima, o los estadios ocupados masivamente por público en general en las ejecuciones en China? Eso no es de ahora. La administración del castigo se ha hecho de un modo u otro públicamente para ejemplo colectivo y para disuadir otras conductas similares. De su parte quien acude a su solicitud espera que el sistema haga en su nombre lo que no puede o no quiere hacer personalmente.
Hay un salto histórico de los tiempos en los que los conflictos se resolvían con batallas a muerte o con duelos de honor a los actuales en que la reacción inicialmente violenta de la víctima es reconducida a los recursos judiciales. El sistema judicial ampara a la víctima o esa es la moto que vende. En realidad las cosas no son tan simples y hasta ahora no hay sistema judicial que demuestre que consigue reducir el grado de mortandad por motivos criminales ni la delincuencia en general. La ciencia jurídica, si nos vale esta denominación, queda en grado de tentativa para hacer justicia. Lo que hace, como mucho, es arbitrar y quitar de en medio una temporada o para siempre (en el caso de los países que tienen la pena capital en vigor) a elementos antisociales o conductas criminales y peligrosas para los demás. Puesto que los procedimientos para dictaminar lo que es antisocial de lo que no lo es nunca están del todo limpios, el sistema envía a la cárcel, a la exclusión, al olvido o a la muerte a personas que no se lo merecen sin que la sociedad quede reparada con ello. Por si fuera poco el sistema tiende a criminalizar cualquier comportamiento que disiente de sus valores.
Al saber todo eso suponemos a la vez que el actor de un acto delictivo puede ser antes que nadie la primera víctima, dado que la fatalidad le obliga a robar o a matar para sobrevivir. Pero esa consideración no es una coartada para ella ni un desenlace teórico del tema que nos ocupa. La costumbre de quien acude a la violencia para resolver los conflictos inter-individuales o como manera de ganarse la vida, complica las situaciones y aleja las soluciones además de que es un indicativo de baja cultura y de psiques alteradas incapaces de gestionar su vida de una manera pacífica y respetuosa con los demás.
Hay países más retrasados en que el valor de la vida humana está muy rebajada por una lucha primaria por la supervivencia y otros, económicamente más adelantados, que al recibir avalanchas de formas culturales de aquellos también se enfrentan ahora con la reconfiguración de sus delincuencias habituales reconducidas a escenas más violentas.
Dentro de este cuadro sociológico el desiderátum de la víctima sigue siendo el de hacer defender sus derechos exigiendo las obligaciones a su agresor. Tomarse la ley por su cuenta servía como léxico cinematográfico y en un tiempo en que el marshall era el borracho del pueblo por exigencias del argumento holllywodiense. Hoy nadie destaca como terminator en la vida real y no puede emprenderlas a tiros con los malos. A fuerza de estar embotados como espectadores por escenas justicieras hemos terminado por creer en la existencia de supermanes y de Billys el niño, pero la cosa no va así. Tras una agresión recibida, la vida sigue, tiene que continuar siguiendo. No se puede parar por mucha rabia y odio que haya engendrado. Prácticamente nadie puede dejar sus haceres para ponerse a investigar por su cuenta quien ha atracado su casa o le ha dado una paliza de muerte. Encarga el asunto a esa policía desbordada, tantas veces vilipendiada por su historial de negligencias acumuladas, y confía en que el sistema llegue a un veredicto correcto. Pero eso no siempre sucede así. Sigue siendo una minoría los casos resueltos y dentro de esta minoría la mayor parte lo son por auto delaciones, auto incumplimientos y errores tontos de los delincuentes.
La víctima tiene que demostrar su victimidad y quien la ha atacado tiene que reunir la condición de imputabilidad. Esto llevado a un escenario en que terceros a menudo desmotivados (los evanescentes o somnoscentes fiscales y magistrados) pasan bastante del asunto deja en un estado aun peor a la víctima que no obtiene reparación a los daños ocasionados. El modo en que ésta puede hacer valer sus intereses es apoyando su versión con testigos. Pero los testimonios no son tan sencillos de establecer. De hecho los testimoniajes pueden ser desbaratos o minimizados en su valor de muchas maneras. Todo aquello que infieren pero no ven puede ser impugnado por un abogado sagaz. En última instancia un tercero que ve a un agresor como destroza a su victima y los ve por detrás de sus espaldas respectivas, puede ser puesto en duda si no ha visto estrictamente un arma o unos puños en acción. Por otro lado está la dubitación testimonial y la desmotivación de un testigo en testificar. Los testigos pueden ser amedrentados por los agresores y aquellos dejan a la deriva de su suerte a los agredidos. Para testificar lo mismo que para acudir a un juicio como demandante no hace falta ser crédulo del sistema judicial. Si funcionara el tal sistema habría más justicia de la que hay. Antes bien los dosieres y artículos de la injusticia no paran de crecer, y la propia administración se convierte en un brazo que ayuda a los agravios cuando dictamina a favor de quien no tiene la razón y en contra de la verdad o que suelta a los pocos días aun gravándole con sanciones ligeras.
Acudir al sistema tiene más parecido con la compra de un boleto de la lotería que no el recurso a una tecnología operativa. Pero en la mayoría de situaciones no hay otra opción que la del recurso judicial y la preparación a fondo del guión teatral del juicio. Cada cual tiene que aprenderse su papel y conseguir convencer al público de muestra uno (el/la magistrado). Eso emplaza a la víctima a que exagere en su victimidad, a que prepare sus testigos, a que dé el do de pecho en cada punto del litigio que le toque hacerlo y a demostrar lo que son evidencias pero que para otros siempre les cabe la sospecha de que sean fabulaciones. Técnicamente la víctima necesitará recurrir a un tipo de exageraciones (mentiras) para hacer valer la realidad (las verdades concretas por las que se embarca en todo el proceso de solicitud de protección).
Dada la sociedad individualista en la que habitamos a la víctima no le será fácil obtener testigos a no ser que tenga sólidos lazos con ellos. Nadie arriesga su tiempo y aún menos su tranquilidad para hacer un favor a una tercera persona con la que tiene poco trato o ninguno, aún menos si no le cae bien o no cree que se merezca su testimonio. Mientras el problema sea visto como algo únicamente del campo de otro la disposición solidaria decrece. La conciencia social exige la testificación voluntaria pues eso premia la concordia colectiva y excluye quien la sabotea, pero el temor a los efectos a los que pueda dar lugar su testimonio acobarda a muchos testigos potenciales. Eso lleva a que sean citados por oficio en lugar de esperar a que cumplan empáticamente con su función y que su testimonio no sea predecible ni seguro.
El acto de testificar a favor de una víctima y en contra de su agresor es un acto de solidaridad elemental. No hacerlo por impugnar con razón al sistema judicial en su conjunto por presuponer que en el mejor de los casos es dar motivos de venganza al acusado que sea condenado es lo que alimenta una sociedad de miedo, de despotismos y de ilegalidades. La persona que es elegida por las circunstancias como testimonial ha de considerar que su testificación puede ser decisiva para las reparaciones de quien las merece y que su conducta además de solidaria es ejemplificativa. Nadie puede descartar en esta sociedad de violencias ocupar el rol de la víctima un día u otro y verse en la tesitura de tener que contar con testigos para hacer valer sus derechos. En ultima instancia el no intervenir solidario predetermina kármicamente no recibirla como un boomerang en el futuro cuando uno la necesite. El cargo de testigo debería recordar la idea de Brecht al referir la autoexclusión solidaria de la gente ante otra que era objeto de represión por la que no hacia nada. No ayudar a los demás se traduce por no ayudarse uno a sí mismo.
Para un manual de supervivencia.S.Maraselva
La vida pasa por la gestión de lo propio y por el acuse de recibo de lo ajeno. Vivir es el verbo que presume la autonomía personal y sobrevivir el de la adaptación a los recursos.
Nacíamos para vivir y no para limitarnos a sobrevivir. Esa era una especie de promesa. Pero vivir implicaba una especie de proyecto mientras que sobrevivirse limitaba a dar respuesta a cada necesidad del presente. En realidad venimos al mundo sin garantía de futuro. Todo futuro no es más que una hipótesis. Hemos nacido para ser y no para quedar atrapados en actuar como amuebladores de nuestros espacios. Existimos para dotar de contenido nuestra biografía no para meterla simplemente entre dos fechas y bajo unos apellidos en una lápida barata o cara. Emergemos para trascender, no para hacer los comparsas de los roles predecididos para nosotros. El ser viviente no queda reducido a una colección de actos mecánicos sino que presume ir de único. Yo quiero creer que vale la pena estar vivo para seguirme reuniendo con las experiencias y aprendiendo más de lo que sé. Trascender los límites es una de las palabras clave. Ir más allá de lo posible para hacer de los sueños nuevas realidades posibles es el credo de los utópicos de todas las generaciones. Ese ir más allá de las determinaciones que por origen de clase y por ubicación geográfica es un deseo noble y valiente forma parte del intencionalismo poético o del desiderátum revolucionario pero no hay ningún después sin un ahora en firme. Cada mañana es la suma de muchos pasados anteriores. Viviré mañana si logro vivir hoy. No es una frase dramática, es una fórmula aritmética simple.
La supervivencia pasa a ser una condición ineludible para las vivencias de contenido posteriores. Para vivir hay que sobrevivir primero así pues de entrada no se trata de verbos antagónicos ni de actividades contrarios. Pueden llegar a serlo cuando las medidas de supervivencia se quedan en ellas mismas y la vida queda relegada permanentemente a un plano siempre inalcanzable.
La gran diferencia es que la supervivencia pasa por un conjunto de recursos muy concretos y remite a técnicas y materialidades mientras que la vida tiene más que ver con objetivos existenciales y con un sentido filosófico de ella.
Pudimos observar como la filosofía pudo desarrollarse en la historia a partir de unas posibilidades subjetivas en las que la supervivencia estaba garantizada. El sujeto humano piensa o se pone a pensar o puede tener tiempo para hacerlo después de tener garantizado lo básico de sus formas existenciales. Esto puede ser tan determinante que se puede afirmar que la vida es tanto más filosófica cuanto más se pueda despegar de sus preocupaciones cotidianas. No hay que tomarlo como una categoría inamovible. La reflexión puede darse tanto en casa del pobre como en casa del rico y no necesariamente este es más inteligente que aquel en términos globales. Cada comparación que se haga puede romper el casco del esquema que se tenga a priori. A.Panzini creía que la gente rica no gozaría de sus posesiones sin la envidia de los demás. Siempre que se habla de posesiones se infiere que la palabra se está refiriendo a lo más estrictamente material: silos, reservas, propiedades, mobiliario, vehículos, servidumbre o una vida de corte. La posesión más preciada es el saber y la envidia o no de esta solo puede incitar al envidioso a trabajar intelectual y vitalmente para tener el suyo; en cuanto al envidiado tal condición le puede proporcionar un recurso extra para conocer mucho más la realidad psicológica humana.
La supervivencia es tanto más necesaria garantizarla cuantas ms variables se introducen en la existencia. Mucha gente ha viajado con lo puesto o ha abandonado sus posiciones referenciales de partida y ha tenido que encontrar segurizantes sobre la marcha. El criterio mejor recomendado a cualquiera es que se cargue de información ahí donde vaya y la extienda a la mayor vastedad posible de cosas. Eso le proporcionará recursos en un momento dado. Si bien una tarjeta de crédito que responda con fondos es lo que puede pagar cualquier necesidad urgente, esta no encabeza ni pone fin a un manual de supervivencia. Hay muchos más lugares del mundo en que este objeto no sirve para nada que en los que sí permite sacar liquidez de la caja de los tesoros.
Para vivir una vida recursivista sin tener miedo a los sitios que se vaya se necesita una buena dosis de imaginación fantástica sin renunciar a la inteligencia aplicada a cada situación que venga dada. Se puede tomar por compañera la fantasía pero no como guía de la razón sostiene Samuel Johnson. Fantasear acerca de lugares donde ir, insólitos y poco seguros, es a menudo el primer parámetro que convertirá a una persona curiosa en un futuro viajero o explorador. Contar con un critérium personal para saberse valer en los lugares, sean los que sean, será la mejor guía que cualquiera de los publicadas acerca de cómo vivir, dónde comer o qué hacer en los territorios visitados. Del mismo modo que Mark Twain nos previene de ir con cuidado con los libros de salud ya que una fe de errata nos puede costar la vida debemos prevenirnos de toda clase de guías que pautan de que maneras viajar y a donde. Lo que en un momento dado puede ser cierto la información categórica se queda dogmatizando estigmatizando una zona e inhibiendo al visitante de ir a ella. Hay que ir con cuidado con las guías porque la info concreta puede influirnos negativamente en el viaje al impedirle su espontaneidad y descubrimiento.
La supervivencia sea el lugar en el que se esté no se puede olvidar con la prioridad de necesidades que se establezcan. Cesar Cantú ya nos lo advirtió: “cuantas menos necesidades tengáis, más libres seréis”. A las adversidades de cada camino y cada situación nueva hay que añadir las autogeneradas por uno mismo, por su desidia y sus fallas interpretativas de lo que se va encontrando. S.Johnson advirtió también que en la mayoría de los hombres las dificultades son consecuencia de la pereza. Es así que el mejor manual no crea al superviviente si esto no organiza convenientemente sus recursos y aprende a analizar cada experiencia que le toque protagonizar.
episodio 19 Siguiendo con la espontaneidad.
La espontaneidad es lo que denomina la conducta abierta, sin cortapisas, glamorosa, dispuesta a vivir y a ser vivida por los demás, a vivirlo si no todo, de lo que vaya surgiendo lo más estupendo. Polisínton encaraba la espontaneidad o así siguió creyéndolo todo el tiempo que estuvo por Oceanía saltando de isla en isla y conviviendo con gente de todas clases, residiendo en todas partes. Durmió por semanas seguidas en la playa, le bastaban su hamaca y sus canturreos. No le faltaba nunca compañía aunque prefería viajar sola salvo cortos periodos de compañía. Sus experiencias anteriores con parejas de semanas o de meses le habían enseñado que un compañero termina por erigirse en amo del tiempo libre de una. Una excesiva cantidad de días convivenciales con la misma persona terminaban por suplantar el consenso en una especie de rutina a conveniencia del más exigente de los dos. Ella no era de ese talante. Dejaba hacer siempre y cuando el otro no le impidiera su estilo de vida. A fuerza de conocer a gente comprendió que su estilo de vida era difícil de comprender y de seguir incluso por gente que conocía en ambientes marginales. Donde más cómoda se sentía era con las personas que no le preguntaban de donde venía ni a donde iba ni que pretendía. Había comprendido que el solo hecho de la pregunta (de algunas preguntas de esta naturaleza) veían de la mano de gente que se creía superior que suponía de sí misma que ya las tenia respondidas y que al preguntárselas no estaban exentas de reproche por no tener ni querer tener ellas las respuestas.
-Tan pronto digo que no tengo casa ni la busco, que no tengo hijos ni los quiero, que no tengo pareja ni la pretendo, que no creo en religiones ni quiero ninguna, la gente no sabe donde clasificarme y duda que sea real; si además añado que llevo varios años de viaje sin rumbo y sin más pretensión que la de conocer me tildan de aventura e inestable –le dijo a PaiPai, una chica en Nouméa en Nueva Caledonia nada más llegar a la isla y conocerla-
-Yo he vivido toda la vida en esta isla y creo que puede ser fantástico hacer lo que haces moviéndote por el mundo y no tener la obligación de pertenecer a nadie, a ninguna cultura y a ningún origen. –dijo PaiPai cuya figura era tan exquisita que si hablaba un par de frases más Polisínton caería seducida a sus pies-
-También creo eso, el origen es una falacia. Reclamar la propia cultura, el lugar donde naciste, tu linaje, tu familia, tu idioma, son otras tantas formas de perder de vista que no somos más que hijas de la tierra, que pertenecemos a la materia y que no hay mas cultura que la experiencia. La deuda con el origen nos convierte en memos. Cuando he vuelto al mío, si a una ciudad se le puede llamar origen de una, me he encontrado con la sorpresa de no tener más acogida que en cualquier otra de las que he ido visitando o viviendo. Mi familia en este momento eres tú y te acabo de conocer.
-Creo que para formar parte de todo el mundo no debes formar parte de una persona en particular, aunque por otra parte el tiempo pasa y la gente también y quedan los menos que te hacen compañía y te siguen en tus vicisitudes –Pai Pai era lúcida, era otra persona sabia del camino que aleccionaría a Polisínton-
-Voy por la vida observando e identificándome con lo que encuentro. Eludo lo que no me gusta. Denuncio en la medida que puedo y soy escuchada las injusticias con las que me topo. Creo que eso me resume bastante bien. Este criterio es muy estable en mi vida pero no evito que sigan creyendo que soy una loca porque vive al margen de los objetivos predominantes de la mayoría de la gente: casa y patrimonio, familia y descendientes.
-Si esto te complace, adelante, es tu vida. Yo no he sentido verdaderamente la necesidad de salir de mi isla. Cuando la gente de mi curso organizó un viaje a Paris no me apunté. Mi pequeño mundo parece proporcionármelo todo. Tengo lo que necesito para vivir y lo que está fuera no creo que cubra de mejor manera mis necesidades. La geografía del planeta no deja de ser un punto minúsculo en el espacio cósmico, nunca me será dado poderlo conocer todo. Eso me ha reconciliado con mis límites.
-¿Cómo es posible que me sienta tan cerca de ti siendo las dos tan distintas?
-Yo también siento esta proximidad. Los extremos se juntan.
Polisínton y Pai Pai se enrollaron Esta se contagió de la espontaneidad de aquella y aquella de la infinita tranquilidad de esta. No había ninguna prisa para nada, no existían los horarios, no corría para comer ni para nada. PaiPai vivía con sus padres ancianos y Polisínton vivió con ellos, tratada como una más de la familia. La aceptaron como una hija a su llegada y medio año después la despidieron con sus bendiciones sin haberle reprochado nada, sin darle la menor indicación de lo que debía hacer o como comportarse. Durante el tiempo que estuvo aprendió a pescar. No había ningún problema en conseguirse el sustento diario con el menor esfuerzo. La vida era fácil, cualquier teoría sobre lo complicada que era estaba en manos de falseadores. Co Pai Pai fueron a pasar unos días a recorrer el archipiélago de la isla Lealtad acompañadas por un amigo con su propio velero. Se lo pasaron en grande. Las dos se divirtieron como nunca no ocultando su sexualidad ante el patrón del barco, el cual no disimuló como observador al contemplar sus cuerpos enrollados.
Polisínton empezó a pensar que el paraíso era un lugar remoto, lo más aislado posible, con gente bonita alrededor sin la que tener fricciones ni malos rollos viviendo el amor cada día, el placer de los detalles, el saber a través de las conversaciones mayéuticas, reposadas, sabias.
El tiempo que estuvo con PaiPai el habla fue lo más importante. Hablaron y hablaron y dedicaban los interludios a pescar, comer, hacerse el amor, caminar, conocer gente y reposar.
-Parece que hubiéramos estado calladas toda la vida con todo lo que hablamos –dijo PaiPai-
-Somos nuestro propio espectáculo, canteras de una interminable literatura. Creo que podría pasarme la vida contigo escuchándote y hablando –le dijo Polisínton-
-Somos lo que queremos creer, gracias por todo este tiempo de fantasía que me has regalado –le dijo PaiPai ante la proximidad de su separación-
Polisínton se fue a las islas Fiji, recorrió las isla Lau, fue a Nuku’alofa, a Samoa…Cuanto mas conocía toda esa región del globo más averiguaba la gran mentira planetaria de hacer creer en el modo dominante de vida del capitalismo anti ecológico y ambicioso. El pecado capital del ser humano era la vanidad y en los lugares más remotos encontraba que mucha gente había aprendido vivir sin esa actitud. Su modo de viajar era preguntar a lobos solitarios con sus barcos que andaban por la zona, era la variante de hacer autostop en latitudes marinas. A menudo encontraba navegantes que aceptaban con sumo gusto para no viajar solos, con muchos lo mismo que con conductores de automóviles llegó a hacer grandes conversaciones y jugosas intimidades. Pasó una maravillosa temporada en el mar de Tasmania, mucho tiempo en Nueva Zelanda hasta que vía Australia remontó hacia el norte para conocer las islas Salomón y Papúa Nueva Guinea que siempre le había intrigado por los documentales que conocía de los programas naturalistas pasados por televisión. Por el Pacífico todavía encontró señales de la segunda guerra mundial y hasta intuyó el estertor de los espíritus de los muertos y el estruendo de los cañonazos. Su pecho era la caja de resonancia de todas las intuiciones que le generaba cada paraje, cada encuentro humano.
Europa le quedaba más lejos que nunca. Advirtió, por primera vez, que no tenía país ni continente necesariamente a los que volver. Ya no solo tenía la teoría a favor del sentimiento de ciudadanía de residir en un mundo sino que era eso exactamente lo que hacía. De momento tenia la gran suerte de ir conociendo gente estupenda que le abría las puertas de sus casas y de sus corazones. El mundo todavía era salvable si esa gente se seguía encontrando a diario.
Ella seguiría con su espontaneidad, que ahora llamaba oceánica, saltando de flor en flor, de isla en isla, de anatomía en anatomía aunque ya le parecía bien que había que planificar las cosas para conseguir resultados sobre todo si debían coordinarse trabajos o encuentros colectivos. La espontaneidad era otra forma de ordenar los eventos, lo que no sucedía un día porque no se esperaba o no se había planificado que sucedería en otro.
El sujeto espontáneo es imprevisible puede hacer cosas que no responden a ninguna lógica desde la mirada neutra y desimplicada pero que obedecen al éxtasis de la suya para no dejar escapar un oportunidad, la que sea, que no se repetirá. Polisínton no paraba de aprender de la suya, su espontaneidad es lo que la ponía en contacto con todos los oscuros del mundo y la colocaba en línea sintónica con los demás.
La esperaba su ruta por Indonesia para seguir haciendo lo que venía haciendo: visitar, conocer, hablar. Lo que iba leyendo lo iba dando según terminaba sus libros y lo que escribía también. Siempre que se desprendía de algo lo hacía para siempre, no dejaba nada suyo en custodia, tanto para no condicionar a quien se lo daba teniéndoselo que guardar como para no condicionarse a si misma contando con ir a recogerlo en otra ocasión o reunirlo. La vida era también un trasiego con las cosas dejándose transitar por ellas lo mismo que las experiencias sin tratar de retener nada en su formato físico, bastaba retener sus contenidos, el conocimiento.
El correu de gestió des d’ una perspectiva literària. S.Maraselva
La vida sociourbana ,o més exactament la vida de relació social, que passa pel contacte amb organismes i institucions, compartiment de l’ espai públic i del recurs a serveis obliga a que una part de les activitats personals estigui dedicada al vast tema de les gestions. Una gestió es tota acció destinada a modificar una condició o posició en relació a un tema generalment material, administratiu o legal. S’ acostumava fer personant-se en els llocs o tenint que organitzar cites presencials. Modernament es pot fer on line o a distancia. Tot el que es podia arranjar per telèfon i ara per Internet és millor que fer-ho directament. El correu de gestió neix com un subgènere per fer trameses de detalls: des de la reclamació d’ embargaments per sancions, demandes de condicions urbanístiques a l’ ajuntament a perseguir al llogater que no ha assumit la reparació dels danys causats. Una carta de gestió es tota aquella que prioritza una demanda i pretén un objectiu matèric evident. Sota aquesta intencionalitat l’ ús dels adjectius i de les formes verbals ha de ser força acurat. A diferencia de l’estil narratiu en el que es pot basar un anecdotari basat e fets reals,l ‘estil de la gestió epistolaria li toca ser més considerat. Es tracta de no enfadar a qui el llegeixi per no col·locar-lo emocionalment en una posició negligent vers la teva demanda. La literatura, qualsevol text escrit però també acte verbal, posiciona a favor o en contra els altres des de les primeres paraules emeses. Sabem que hi ha altres elements subtils de posicionament a favor o en contra per detalls en el look, la sensibilitat dels camps energètics personals entrecreuats o per minúscules gesticulacions no verbals. Quan 3 o mes persones es reuneixen al voltant d`un punt i d’ un tema per parlar i qui parla dedica tota la seva mirada a un dels tertulians però no a l’ altre, aquest altre es pot donar per marginat de l’ atenció d’ aquell. Es a dir, abans de que s’ expressi amb paraules aquest desig d’ exclusió ja s’ ha donat en un fet. Això passa freqüentment en el mon de les relacions presencials i aparents en el camp de la cosa lúdica i relacional. Pel que fa a l’ esfera de la burocràcia i de les gestions, l’ encarregat de mostrador d’ una qüestió ha d’ atendre li agradi o no a qui li vingui i al revés, el que va a gestionar un interès ha de bregar amb el funcionari que es trobi tant si li agrada com no. Últimament les coses ha canviat molt pel que fa a l’ atenció al client i tant en cites presencials com per telèfon la deferència ha crescut. Els professionals d`’ attendre son pautats en aquest sentit. A vegades massa i tot quant t’ ensabonen a la descarada. El que l’ interessa a qui fa un reclamació o dedica un temps de la seva vida privada a questionar coses en relació a impostos, pagaments, declaracions i paperassa es poder resoldre l’ abans possible allò del que s’ ocupa.
Una manera de fer-ho es per correu escrit. Ara els ajuntaments i organismes públics de la maquinària estatal instrumenten webs per fer aribar queixes. A vegades estan tant estructurades que nomes et deixen un requadre per presetar la teva queixa que no superi els 1500 caracters. Es pot emrar aquest espai per redreçar a un article pejat a un altra banda d’ internet la qüestió que ha portat a escriure. No hi ha res més feixuc que posar-se a escriure per queixar-te de coses tan ordinàries com que la porta del emtro no s’ ha obert quan has arrivat a la teva parada, que el señal d’ una plaça de minus porta abatuda moltes setmanes sense que ningun vigui a reparar-la, que la guardia urbana o multi d’ ofici vehicles que usen espais no autoritzats, o que et posin el contaier prome´s des de fa anys. En un altre àmbit de questions de gestions, també està el de reclamar al company que et va mangar els llibres de la teva prestatgeria un dia que esva quedar a casa teva o a la noia que coeixies que li vas fer un preu d’ amiga per pagar el lloguer i te la va tornat amb moltes coxes espatllades.
Part del correu de gestió està condemnat a constatar una demanda però a no resoldre res. A vegades se’ n fa cap cas, d’ altres la manera d’ expresar-se es ve afagir com pretext a la desidia de la que es queixa per recrementar.la. Hi ha gent que suporta molt malament la crítica. Si no li dius res et deixes prendre el pel i si li dius et tractarà de mal educat. Aquestes acttitus son antiquissimes, es perden en la memoria del termps. Sempre hi hagut gent que anar de caradura i no ha consentit mai que ningú li digui. Estic pensant en gent amb la que he conviscut i he deixat coses, també he larredat habitacios o la casa. Comaprativament, les gestions que fas en organismos de l’ adminsitració pública tenen mes futur que les que fas davant d’ u conegut o d’ algu amb qui havia un tracte personalitzat. Aquells estasn obligats per llei a fer uregistre d’ entrada i a contestar-lo, aquests poden prescindir totalment. Propiamente el correu de gestió davant de les oficines de l’ adminsitració pública o de qualsevol que tingui un recurs que tu no tens son diàlegs amb el poder. Per fer la cosa més plaent poden ser literaturitzats. També ho poden ser aquells altres que volen arranjar assumptes pendents amb algu a qui li vas diposar la confiança i no va a estar a l’alçada del seu compromís.
De totes les maneres en que es pot començar i acabar una lletra dirigida a algu per gfestionar un assumpte comaprtir pendent, si hi ha una diferència de fons d’ interessos (generalmet quotes d’ accessibilitat o auantitats econòmiques) aiat es maifestarà. En un correu de gestió, no es la gent amb qui has tingut mes cordialitat amb qui més t’ avens. Qui li poses de palès que és un irresponsable o un malfactor, per molt correcte que siguis en les treves paraules, no t’ ho perdonarà.
Una vegada li vaig deixar una nota per sota la porta a un professor de la uiversitat amb el que havia quedat citat per una questió de la seva materia ino es va presentar. La seguent cita va ser en un bar al costat de casa seva perque li feia mandra anar fins el seu lloc de feina. La carta que li vaig escriure després a proposit d’ una proposta de tesi doctoral no la va contestar. Sempre m’ ha sobtat la poca delicadesa de gent de l’ academia i de la cultura en aceptar la interacció i per tat la correspondencia.
L’ ideal seria viure sense necessitat de fer gestions, perdre el temps en cues o en textes de balanços de pérdues, d’ assumptes pendents o plegats de llistes o tecnicismes, però els corregolagrames on toca viure inserts fan inevitable que èr un tema o un altre s’ hagi de fer gestions. Des d’ un posicionamet literari he tractar de reciclar aquesta necessitat en una inversió de temps des de la perspectiva creativa en la mida en que el tema ho permite. Sovint l’ ironia com estri creatiu és l’ única defensa que queda enfront el cinisme del silenci i dels incompliments.
A vegades el correu de gestió d’ un usuari enfront d’ empreses de serveis el que fa es recollir els anhels i les ganes de protesta de moltes persones que no dediquen temps a fer-les perque estan conveçuts que no servirà de gaire cosa. El redactor de cartes de gestió tampoc té una estadística infal.lible que li demostri que escriure-les consegueixen les reparacions esperades,- a vegades ho conseguirà i altres no- el que sí fa és incrementar les oportunitats a favor de conseguir una reparació. Miguel Gil, un corresponsal de guerra, diu que les víctimes tenen al menys un dret, el de que la resta del món sàpiga al menys el queels hi passa, perque en el fons esperen que algú faci quelcom al respecte. Aquesta idea es pot traspolar al que parlem. A l’ enviar una carta a algú apel.lant al que li quedi de coeixement i consciecia perque actuï en el que li pertoca un espera que el que li quedi de raoament vinguí en auxili de la situació. Al p ublicar el fet com noticia o anècdota si ho val com a curiositat o expresió literaria, el que espera és el consol de la comprensió d’ altres que la informació hi trova resonancia en les seves propies experiències.
Es molt difícil que una víctima agraviada per l’ abus de confiança d’ algú o per la negligencia d’ una institució sigui reparada. Si ho és, ho será tard, per tant la justicia no será total, però al meny es pot deixar el rastre d’ un testimoni perque un altre incaut no sigui enxampat amb la mateixa cosa. Si ´més no aquest rastre pot deixar una literatura casuística per passar-se una bona estona llegint.
Noticias desde el Nirvana. Sussana Maraselva Reina
Alguien me deslizó un ticket en la palma de la mano con suficiente dulzura en su mirada como para ir allí donde me llevara el boleto. Fue así como me metí en el nirvana desde mucho antes de saber el significado de lo que era. Nunca tuve la oportunidad de agradecérselo. No tuve manera de decir nada a quien me lo regaló. Nunca podré hacerlo. No sé quien fue. Era una mano anónima, una mano cualquiera, la mano de alguien que, antes de desaparecer, quiso evitarle a un desconocido las penurias clásicas por las que pasa todo el mundo.
Desde el nirvana empecé a vivir la existencia como algo fácil. Para mí, el concepto de problema era una ecuación matemática. A falta de factores sumativos que lo desencadenaran no había problema. Esa entrega misteriosa y repentina, la del ticket dado, no recuerdo muy bien en qué contexto fue. Se me mezclan las imágenes. Me parece que fue un pasajero, un anciano, sí, un anciano que antes de que descendiera en mi parada de metro me dio lo ticket como si fuera algo mío y se me hubiera caído de un bolsillo. Lo tomé sin más en una reacción-refleja. Luego al mirarlo en la andana advertí que no era nada mío, pero como soy un coleccionista de billetes de todo tipo (la libertad personal incluye el derecho al coleccionismo de rarezas) me quedé con el cartoncito. Cuando tuviera tiempo lo examinaría con más atención. En efecto unos días después, al revisar mi billetero por otro asunto me lo encontré. Decía esto: billete para el nirvana. Canjéese en la taquilla de los agentes autorizados. ¡Vaya! Curiosa ocurrencia. Y ¿dónde estaban tales taquillas? Como frase seductiva no estaba mal, la impresión correcta. Era como los antiguos billetes de metro, de cartón duro y con la numeración grabada. El material era de color marrón rojizo y la frase estaba hecha con tinta negra., apenas 7 cms cuadrados. Sonreí para mí y me olvidé el asunto. El caso es que desde el primer momento que me dieron el billete empecé a notar nuevas sensaciones en mi vida. Aquel día me crucé con más miradas. Eso se repetiría los siguientes días, algo especialmente notorio cuando andaba por las grandes arterias de paseantes, ríos de desconocidos. No sé, es como si todo fuera más fácil. En mi itinerario habitual en el que por años me había encontrado con docenas de figuras, puros bultos morfológicos de anatomía humana, automatizados en sus que-haceres y ajenos y desinteresados a todo lo que sucedía a su alrededor, ahora me miraban a los ojos, mostraban su interés, preguntaban. ¿Estoy en el mismo planeta? Me pregunté. Una frase de unos desconocidos hablando entre ellos que llegó a mi campo acústico me llamó la atención. El nirvana está aquí –decía el uno al otro-, el nirvana está dentro de cada uno de nosotros, le dijo el otro al primero. En un cartel publicitario que anunciaba las vacaciones en algún lugar del Caribe tenía esa leyenda: Ven al nirvana, y no desearás volver a casa. Yo, profesor de matemáticas y matémata convencido advertí que desde el momento en que recibí aquel billete con la palabra Nirvana, ésta no paraba de asaltarme una y otra vez. Claro está que había leído sobre la cuestión. El nirvana era algo así como el cielo de los budistas pero en lugar de ser pretendido en una ubicación o en una realidad postmortem era tomado como la etapa de la beatitud o de la sabiduría tras resolver las contradicciones existenciales. Habitar el nirvana era tanto como alcanzar la budeidad. Alcanzarlo era alcanzar la felicidad suprema. Toda esa literatura siempre me había sonado muy bonita, pero solo eso, bonita para compartir una conversación no para tomársela en serio. El mundo y sus agujeros no permitían esa flotación en un bienestar puro, cada día hacia que te cayeras en uno u otro de sus agujeros. El mundo era totalmente imperfecta y la sociedad humana una inmensa y compleja telaraña de trampas. Andaba sumido con ese recordatorio, cuando una quiosquera al devolverme el cambio del magazine que compré, me guiño el ojo y me dijo ¿qué tal? ¿Preparando tu viaje al Nirvana? A esa misma mujer por años le compraba el periódico y la frase mas larga que le oí fue, tenga buen día. Por lo general no decía nada. Yo había desarrollado una teoría sobre los quiosqueros: el sector profesional que menos vocabulario necesitaba para ejercer su profesión. Todo lo que necesitaba saber su clientela estaba en el producto que le compraban: el precio o la fecha de edición. El expositor estaba bien organizado y siempre con el mismo orden de colocación de revistas y periódicos para encontrar el que se buscara.
Para cuando quise preguntarle a la quiosquera porque me había preguntado esto, ya estaba atendiendo a otra persona y luego a otra. De camino al aula me encontré un grafiti de algún universitario con la vida: el nirvana eres tú, no lo busques dentro de mí, decía el texto. Nunca había tenido paranoia ni había sospechado de organizaciones superiores o poderes extraterrenos organizando las coincidencias en la vida. Las coincidencias eran puros resultados probabilísticos perfectamente calculables. Todo pasaba por la matematización. Esa premisa que no me cansé de anunciar una década tras otra a mis orlas de estudiantes estaba enfrentándose a un cuestionamiento. Sí todo era probabilística ¿por qué clase de probabilidad en ese momento de mi vida me veía asaltado por tantos mensajes sobre el Nirvana en comparación al resto de mi biografía anterior que no había dejado de ser una referencia más dentro de mis fuentes literarias o de mis conversaciones o de mis intereses culturales?
Después de encontrarme con una docena de señales o expresiones relacionadas con el nirvana en una semana decidí consultar sobre el tema. Despues de unas horas de estar documentándome me encontré con un texto extraordinario que me dejó lívido: este texto fue escrito para ti desde mucho antes que supieras que un dia te pondría s a indagar el significado del nirvana. Sabíamos que antes o después una persona como tú abandonaría su inercia cotidiana para saltar a un registro de interpretaciones distintas. Pues bien, para llegar al nirvana: único paraíso terrenal y no terrenal solo tienes que creer en su posibilidad. Es pura magia. Si crees que existe existirá, si por el contrario niegas su posibilidad de existencia no existirá nunca, es decir, no existirá nunca para ti. Seguí leyendo. Para mi suerte la biblioteca no cerraba nunca. Me quedé toda la noche hasta el dia siguiente en que me tomé el tiempo justo para un café y para llegar a la clase de las 8. La biblioteca tenía servicios de duchas para lectores noctámbulos. Me di cuenta que el mundo podía ser mejor de cómo lo creía. Bastaba ir a sus sitios mejores y eludir sus trampas.
Reconsideré los factores de disolución del espíritu y del malestar mental. El problema era un artefacto que se creaba la gente como un subproducto mental para justificar sus tragedias materiales. Yo no entendía los gritos al cielo por las faltas de las cosas, por los límites, por las carencias, por las imperfecciones. Tanto si tenían las cosas como si no las tenían las gentes se las pasaban despotricando por todo. Alguien me susurró antes de entrar en clase: No puedes hacer nada por ella. Necesitan todavía sufrir mucho para dejar de hacerlo. Era un colega que hablaba a otro sobre no sé qué. Esto no es que explicara gran cosa pero al menos era un pequeño consuelo. Los problemas de los demás no eran mis problemas. Yo sabía que el síndrome de paranoia se deslizaba en un sujeto afectado por un curso de acontecimientos externos a él que los ligaba como mensajes que le eran dirigidos. Me afectó considerar la perspectiva de que me estaba volviendo loco o que estaba pasando por un episodio psicótico de alucinaciones. Di mi clase habitual, aquel día me pareció que mis estudiantes por lo general resistentes al álgebra y a los conceptos abstractos de las mates, estaban más atentos. Al final de clase una estudiante vino a hablarme sobre su proyecto de final de curso. Cuando se despidió me dijo: venir a tus clases es como venir al Nirvana. ¡Vaya, todo un piropo! Yo sabía que no estaba en ningún cielo desde el que estar al margen de los traumas mundanos de la fealdad del cada día, tampoco que podía dar la espalda a los problemas de los demás u olvidarme de las tragedias, pero me di cuenta que empezaba a encajarlo todo de manera diferente. La mayoría de gente ahora empezó a parecerme hermosa, dejaba de ser gente paisajística para ser personas individuadas.
Por esas fechas me sentí tan recargado de energía y tan rejuvenecido que escribí un libro sobre la vida como un problema numérico. Definí las problemáticas existenciales como una necesidad autodestructiva del ser humano para mantenerse en una permanente dilación, desidia y sin sentido con los que mover a `piedad en las miradas ajenas. La tesis de mi libro fue declarar que el problema no existe solo existe el sujeto problemático. Esto estaba acompañado de una larga demostración con pura lógica. Mi libro causó sensación. Fui invitado a dar conferencias sobre el mismo en otras universidades. Cabe decir que mientras lo escribí (de hecho unas pocas semanas) y en sus presentaciones el volumen de palabras que recibía acerca del Nirvana no paró de crecer. En una de las conferencias un crítico con ganas de poner en evidencia la supuesta falla por el lado del voluntarismo de mi tesis me dijo que si el problema no existía, es decir si los problemas no existían cómo es que éramos víctimas de achaques, déficits, indigestiones, gastritis, dificultades de entendimiento, atracos y otros asuntos en una larga lista de deplorables. Evidentemente, porque los convocamos o los predeterminamos pseudovoluntariamente, con nuestro nivel de auto vigilancia bajo permitiendo nuestro desequilibrio interno y una proyección de desquicio con el mundo externo. No los problemas no existían o al menos no lo eran en el sentido de padecerlos tan dramáticamente como lo hacían. La gente sufría por no tener qué comer, por no tener seguridad en le trabajo, por no poder pagar los plazos de las hipotecas, por no tener alguien que les quisiera, por no tener un vehículo mejor, por no vivir en otro lugar más digno de la ciudad, por no poder viajar o por no tener poder. Sufría por todo. Sufría incluso por no sufrir. Ante tanto drama quedaba mal decirlo pero yo no sufría por nada. Eso que mantuve en callado durante toda la vida empecé a proclamarlo en voz alta. El problema no existe, el problema eres tú decía a quien quisiera oírme.
Mis frases influyeron algo en todo caso no dejaron indiferentes a quienes las oyeron. Cada vez que me encontraba con alguien que empezaba su frase o introducía en su prosa algo así como: tenemos un problema yo saltaba como un resorte y le decía, en todo caso habla en singular el problema lo tienes tú, yo no lo tengo, y si lo tienes es muy probable que tu problema solo dependa de ti. La eterna cuestión de los problemas objetivos empezó a desaparecer. La gente pasó la disertación al campo individual, mucho más manejable para la interpretación, que seguir manteniendose en las lecturas del campo externo de los grandes factores.
Un tiempo despues de ese billete dado por la mano anónima yo seguía haciendo mi vida, intercambiaba más sonrisas y comentarios divertidos a lo largo del día con mayor número de gente: vecinos, colegas, amigos o estudiantes. Organicé con mis estudiantes una obra de teatro (los del departamento de arte se alarmaron que un prof de maths saliera de sus pizarras numéricas y subiera a la tarima escénica). Su título: Viaje al Nirvana. La obra era de estructura sencilla: una secesión de monólogos de distintos actores y actrices contando como llegaron al nirvana y como se vivía en él. Yo también hice de actor. En mi guión decía más o menos esto: desde que vivo en el Nirvana los problemas no existen, las tragedias no me alcanzan, el mundo de pronto se ha hecho habitable, encuentro lo mejor que encierra la gente y doy lo mejor de mí. La fundación para cristalizar sueños se puso en contacto conmigo. Me aclaró que ellos no financiaban proyectos realistas sino sueños auténticos o auténticos sueños. Habían leído mi libro y me propusieron financiar algo en relación al Viaje al Nirvana. Les `propuse un vehículo publico de itinerario fijo, gratuito dando uan vuelta por el campus con el nombre en su cabecera de Nirvana. Simplemente daría una vuelta de una hora con un guía conferenciante explicando el significado del Nirvana mientras cruzara los bellos parajes de jardines y sosiegos.
Cuando tengo un rato libre subo a ese tranvía y me dejo cautivar por las bellas palabras del orador y sus significados. Sonrío y me enternezco por la situación. Cuando el tranvía pasa creo que los pájaros pían de una manera particular.
Polisínton.El primer grado de veteranía. episodio 10
Los primeros días de decidir ser alguien nuevo Polisínton se sintió pletórica como nunca, en las primeras semanas sus desarrollos imaginativos la desbordaron, tras los primeros meses empezó a sentirse que su elección la alejaba más de lo que creía de sus ambientes de relación. Dejar de trabajar ya le supuso cortar con todo un campo de contactos, pero la gente de su cuadrilla también empezó a tratarla de manera diferente. Patxi después de una larga temporada de perseguirla casi a diario se cansó. La única diferencia que hay entre un examante que no acepta su nueva condición y un acosador telefónico es que aquel le conoces el nombre y lo perdonas y este suele ser un tipo que no te dice quien es y es un enfermo reconocido. Los comparten la misma clase de patología: no aprender a vivir independientemente del objeto de su acoso. Con Jürgen, la historia duró el tiempo justo que le había traído su investigación a Catalunya. Tras el cual, ni un día más, regresó a California. Los dos se divirtieron muchos con las performances de ella. Una colección de cartas subsiguientes aseguraría el lujo reconocido de sus experiencias compartidas. Ella podría ir a visitarlo en cuanto quisiera pero él conseguiría una plaza en una universidad y pasaría los 30 años siguientes dando clases sobre antropología urbana y los nuevos sistemas de relación humana que no superan los atributos clave del tribalismo tradicional.
Según iba pasando los meses también iba pasando la representación de personajes en su vida, desde los más fáciles como Chaplin, Marylin, Jenny (la mujer de Tarzán) Grouxo, Keaton a otros de su ocurrencia; se vistió de estatua de la libertad, de torre de Pisa, de Sagrada Familia, de Minerva. La verdad es que se volcó con pasión a su nueva vida y cada día trabajaba con un norte claro. Al filo de su primer año de dedicación a la calle, era identificable de lejos y recibía un cierto reconocimiento. No hacía de estatua humana cualquiera que iba a la zona de la ciudad donde se paseaba turistas y tiraban monedas, ella iba en metro, autobús, en bici y en taxi con sus atuendos. Era la usuaria más notoria del servicio público de bicing y ahí por donde pasara llamaba la atención o era para menos, había días que solo para vestirse necesitaba emplear casi dos horas. Coleccionar personajes, sentirse como ellos –se convenció- había sido lo que mejor le había ido en la vida. Advirtió que ser un personaje puede surgir de cualquier cosa, también de un objeto inerme, de un insecto o de una planta. Se estaba convirtiendo en una callejera dispuesta a observar cualquier propuesta con que burlar la realidad. Desde primeras horas de la mañana hasta la última de la noche en que volvía a su apartamento o lo que quedaba de él ya que se había ido desprendiendo de la mayor parte de muebles quedándole tan solo una cama y la cocina se la pasaba callejeando, hablando y compartiendo sentimientos e información con desconocidos, también la comida y los recursos. En su apartamento ya o le quedaban ni sillas ni mesa y alojaba a todo quisqui que le pedía pasar una noche porque iba de paso aunque luego se quedara 4 o 10 o 20. La calle la puso en contacto con el mundo entero. A la ciudad llegaban cada día extranjeros procedentes de todas partes. Su don de gentes y su hospitalidad la llevaron a cuantificar su vocabulario en varios idiomas.
-¿Qué tal tu experiencia con tu nueva vida? –le preguntó su mejor amiga con la que no se había visto todo este tiempo con la que se citó en la misma cafetería que la anterior vez-
-He aprendido más que nuca de los demás y de mi misma. Me paso los días jugando.
-¿No te cansa tanto vestido?
-No, es muy divertido. Tan pronto me visto de algo, de alguien, siento instantáneamente como el sujeto que representa el vestido. Dejo de ser yo, eso en el supuesto de que yo sea alguien.
-Te has hecho sabia o al menos filósofa.
-Eso es un piropo, gracias, solo me he estoy haciendo a mí misma, solo me he hecho deseo, puro deseo.
-¿Qué se hizo de Patxi? ¿otros hombres? ¿Mujeres?
-Hubo un californiano, fue divertido. Regresó a terminar su carrera y a convertir lo nueustro en un episodio del pasado. Patxi ¡por fin! dejo de insistirme en que fuera suya. Ha habido encuentros de una sola noche, no me acuerdo de sus nombres. ¿Mujeres? He tenido un par de encuentros con chicas, una sola vez en cada ocasión. Mi historia de amor con una fémina íntegra tendrá que esperar.
-Es cuestión de que te pongas en onda en los lugares donde la gente busca gente,
-No creo que me guste esos lugares. Intuyo que son mercados de carne humana.
-Llegarás lejos. Serás la única del grupo que nos conocimos que llegarás a alguna parte. Las demás nos hemos quedado estancadas en la comodidad y os ha vencido el miedo de no conseguir hipótesis por las que luchar.
-No sé hasta dónde llegaré. No tengo una meta de llegada ni quiero comprometerme con un objetivo. Los objetivos son formas personas de auto servidumbre. Con la excusa de conseguir llegar a alguna parte dejas de gozar el sitio en el que estás.
-pero tienes un grado de veteranía. Te veo muy tú, muy segura de ti. No vas a volver atrás.
-No. Pero eso es malo, se te cierran las puertas. Los demás pasan de celebrar tu extravagancia a ponerse a la defensiva de lo que eres.
-¿y..qué eres?
-Ya lo sabes, una fiesta que trata de reír con los demás en lugar de burlarse de ellos,
-¿Y lo consigues?
-No siempre. He empezado a recibir reveses, gente que se enfada simplemente por mi atuendo, que me insulta o que no acepta mi criterio de provocación.
-Es lo lógico ¿no? La gente todo lo que quiere es el confort, que le pasen los años en la parsimonia. Se hace conformista a cambio de no tener que pensar por nada ni meterse en conflictos. Tú encarnas el conflicto en tanto que les recuerdas historias que les mueves sus emociones.
-La verdad es que sigo sin tener ningún plan. Sigo saliendo a la calle para lo mismo de siempre: pasear, ir de compras, desplazarme o visitar lugares, solo que ahora como que tengo más tiempo lo hago más a menudo. Antes cuando vestía a mi manera ordinaria nadie me hacia puto caso, salvo para mirar mi escote y mi culo. Ahora no paro de recibir vistazos y voces que me llegan. Supongo que andaba falta de que me hicieran caso. Si alguien quiere que le hagan caso no tiene más que vestir de una forma estrafalaria. Todavía eso hace girar miradas y hay quien se acerca a ti para platicar. Desde que visto mis personajes no hay ninguna día que me sienta sola. En mi apartamento siempre hay alguien y nuca me faltan conversaciones interesantes ¿qué más puedo pedir?
-Y económicamente, ¿qué tal?
-Me va bien. Me dan dinero por vestirme de lo que me gusta. Soy una narcisista bien pagada. Solo que no lo acepto siempre. No quiero dinero por vivir. Mi ilusión es vivir sin tocar un solo céntimo.
-Siempre consigues sorprenderme.
Las dos amigas quedaron para verse otra vez, pero para la siguiente es posible que Polisínton ya no tuviera forma de ser localizada ni ganas de ser localizable.
Polisínton.Nuevos hábitos.(episodio 8) S.Maraselva
Sigo aquí, dejándome fluir. No te vayas te voy a contar algo que tal vez te haga pasar un rato interesante conmigo. No prometo que te lo pases de coña pero al menos puedo compartir mi experiencia contigo en la medida que sepa explicarla porque confieso que soy la primera que me veo superada por mis elecciones y mis personajes y en la medida en que sepas entenderla.
Como ya ha averiguado alguien que me sigue soy un personaje en construcción, luego entonces no puedo contártelo todo de mí. Tampoco hay tiempo para eso. No seamos ilusos: nadie tiene todo su tiempo para nadie. Yo tengo un poco más porque soy dueña de todas mis horas diarias. Io las malgasto haciendo lo que no me gusta, trabajando por la única razón de ganar dinero o diluía en interminables conversaciones que buscan la rentabilidad de las actividades. ¿Por qué se empeña la gente en hipoteca sus presentes para ir de culo por unos futuros que jamás alcanzan? Me he prometido no dedicar un solo minuto del resto de mi existencia a hacer aquello que vaya en contra de mis principios y en contra de la lógica elemental. Trato de llevar eso a cabo sin hacerme enemigos, lo que no puedo evitar es ver cómo crece el número de gente que no me comprende. Solo quiero ser yo, he dicho, pero esa es una frase subversiva que debe estar tipificada como delito grave en los códigos penales mas retorcidos.
El indicador de los cambios son los nuevos hábitos. Si alguien quiere cambiar pregúntale que nuevos hábitos ha incorporado. La gente quiere un mundo mejor pero no hace reciclaje de sus basuras. Olvídala. Si tu mejor amiga o lo hace toda la velada dedicada a hablar de la calidad que se tendría que conseguir no tiene el menor valor didáctico, tan solo será puro entretenimiento ruidosoverbal. No basta con que un día acometas un excepcional acto de heroicidad, tienes que incorporar a tu naturaleza tu nueva forma de ser. Por eso los grandes espectáculos sociales puntuales como las manifestaciones, las protestas, las huelgas, los macro conciertos solo son olimpiadas de la imagen que sirven de muy poco si luego cada asisten en su vida particular cuando nadie los mira siguen con los antiguos hábitos de niñatos malcriados. Los del heavy metal creen que el mundo está cambiando porque se ponen sus melenas para actuar, porque su público de su puño cerrado se extienden el índice y el meñique siguiendo el compás y porque Arnold Swatzeneguer en calidad de político usara una de sus canciones para su campaña electoral.
-¿Y cuáles son tus nuevos hábitos Polisínton? –me preguntó el otro día un chico de Los Ángeles que ha venido a hacer su doctorado a la Autónoma y que quiere investigar las tribus urbanas-
-Bueno, eso es una respuesta extensa –le dije intuyendo que estaba dispuesto a escuchar-
-Tengo tiempo –me contestó con una mirada y una sonrisa cuya combinación fueron un directo a mis partes-
-El otro día me di de baja de línea telefónica. Desde hacía un tiempo ya había quitado la función del contestador automático. Al escucharlo me sentía en la obligación de responder a los mensajes. No quiero tener ninguna obligación. Ahora veo que puedo vivir sin teléfono de línea fija y por tanto sin adsl. Cuando necesito consultar internet voy a la biblioteca, es más económica. También uso menos mi apartamento y más los recursos públicos: la biblioteca y el polideportivo. Voy aprendiendo formas recursivas ya que he dejado de pagar la mensualidad del alojamiento, antes o después me quedaré sin casa. Si no tengo ingresos he de regular los gastos. –le dije convencida de que eso lo asustaría si era un pijo y buscaría otra compi9nche con la que hablar o eso lo ponía a prueba para que siguiera indagando en mí-
-Tu planteamiento es radical, me pregunto si es sostenible. ¿qué otros nuevos hábitos has incorporado? –siguió indagando-
-No uso el coche y uso la bicicleta, lo he puesto en venta. Es un Peugeot 306 con 130mil kms, por si te interesa. También puedo donarlo. Estoy a punto de hacer conmigo misma el voto de pobreza.
-Espero que no hagas el de castidad también –me sonrió-
-No te preocupes, todo lo que tengo es mi cuerpo y mi mente, les saco el máximo de partido, lo que no hago es malvender mi libertad para que la expriman otros para hacerse ricos económicos. E cuanto a otros hábitos, lo más notorio, lo que más notan en mi vecinos y conocidos es que visto de maneras extrañas. Me visto de todo lo que me apetezca con el máximo de aparatosidad para dar la nota. Ya que el texto no llega a los demás quiero que llegue la imagen.
-Sí ya he observado que vistes de una manera singular, ¿puedo preguntarte por qué? –me dijo a propósito de ir vestida de egipcia como Cleopatra-
-Cleopatra fue una de las primeras mujeres de estado. Protestó ante el barbarismo de los romanos por destruir la riqueza de la cultura bibliotecaria. Muchos miles de años atrás ya se supo que una mujer de estado era mejor que un hombre de estado. Es mi modo particular de hacerle un homenaje y para que la gente se ponga a pensar en cosas que se la sudan.
-¿Te consideras proselitista? –dijo mi investigador-
-En absoluto, no quiero fichar a nadie para ningún grupo. Ya tengo la experiencia de haber pertenecido a partidos políticos y asociaciones reivindicativas y todas se dedican al entretenimiento para autoperpetuarse como grupos con sus propios intereses sin cambiar realmente por aquello que dicen luchar. Partidos en los que tuve amigos y que ahora están en el gobierno de localidades no hace más que lo que hicieron sus predecesores en sus cargos. No quieren cambiar los valores por temor a perder seguidores. El único estado posible de autenticidad del ser humano es el de su individuación, tan pronto deja de ser un individuo autónomo para ser un tipo asociado y federado se debe al pacto, al compromiso, al otro y se niega a sí mismo.
-Me temo que has llegado más lejos de lo que yo puedo alcanzar como resultado en mi tesis doctoral, pero lo que dices me suena a muy interesante –acotó mi escuchante-
-No pasa nada –le tranquilicé- Cada cual llega hasta dónde quiere llegar. No hace mucho estaba hablando con alguien de la cuadrilla y a los cinco minutos se acercó otra persona, trato de seguirnos sin entender nada, al minuto se levantó u dijo: debéis llevar horas hablando no quiero interferir y me voy. Me temo que el ser humano tiene vocabulario, idiomas, frases, lenguaje pero su poder para la significación es escaso.
-Y bien ¿sigues hablándome de tus nuevos hábitos? –insistió-
-No voy a trabajar, me levanto cada mañana para vivir. He cambiado el estilo culinario. Uso más crudos, no desayuno salvo una infusión con miel y no ceno salvo un yogur o una infusión también. He dejado la tele al lado del container de basura con una nota de que funciona correctamente. Voy en bici para mis desplazamientos (eso ya lo he dicho) y salgo a la calle con mis vestuarios de personajes. De momento es lo que hay. Por ahora tengo dinero para comprar mis vestidos. De hecho he empezado a hacer trueques de mis muebles por telas y ropa. Los muebles son un lastre. Pienso que en la peor de las situaciones siempre podré usar una butaca, una mesa, una ducha y una cama. No necesito más.
-¿Te consideras surrealista?
-No, aunque tengo más de ficción que de realidad. Estoy en la fase de exhalación fantástica, de lo que estoy segura es que no pertenezco a esta realidad. Ni yo quiero esta realidad ni la realidad me quiere.
Mi investigador era antropólogo y su estudio de los grupos humanos también le había llevado a la conclusión de que los grupos son grandes mentiras sociales para hacer creer a los individuos ingenuos que no están solos. La energía sintónica entre ambos enseguida se notaba desde el principio de la conversación. Se llamaba Jürgen, su abuelo había sido alemán y le pusieron este nombre en su honor, vivía en la ciudad universitaria. Fuimos hablando mientras nos fuimos seduciendo. Poco a poco pasó de ser entrevistador a galán y la cobaya que era dejó paso a la gata a la que nunca renunciaba ser. Expresó le gustaría ver mi vestuario y lo invité a mi apartamento, también a mi cama. Había nacido una nueva relación dentro de esta etapa de mi vida. No pactamos nada con respecto a nada.
Los juegos de comunicación se hacen participes de las acciones representacionales. Nos comunicamos con pretensiones determinadas y cuando menos, con la intención de ocupar un espacio de atención momentáneo en la mente de otro. Los actos de habla son, además de sus intenciones transmisoras de información, intenciones seductoras. Hay personalidades que hacen de la seducción su propiedad dominante. Es el comodín auxiliar que sirve para todo. En principio una persona seductiva y con un atractivo físico prototípico tiene o tendrá más posibilidades de escalar puestos sociales que otro individuo que carezca de ello. Claro que un sistema de funcionamiento necesita toda clase de registros de cooperación y por encima de estéticas los que se termina por priorizar son eficacias. Antiguamente para el mudo del cine solo se proponía bellezas destacadas. La historia cinematográfica posterior incluiría toda clase de formas corporales. Lo mismo se puede decir del mundo artístico en general. Tipos inicialmente o agraciados por su físico fuero reconocidos por otras dotes creativas siendo social y colectivamente admitida la persuasión como algo diferente a la belleza. La diferencia de matiz entre un perfil atractivo y uno guapo ya ha sido descrita. Hay personas no necesariamente bellas cuyos discursos y también movimientos corporales superan sobradamente a los que lo son.
En el discurso del vendedor de marketing además de incluir los datos técnicos y las virtudes del producto que ofrece y por el cual gana una comisión o un salario sabe que por encima de la cosa en sí está su imagen. Si ésta tiene impacto colocará el producto, si no, tiene probabilidades de ser rechazado. En el mundo de las ventas, el mundo empresarial con sus relaciones competenciales sabe que se tiene que ser un producto fuera de serie o indispensable para que se venda por si mismo. El gasolinero no necesita tener una buena imagen para ir a repostar a supuesto de trabajo en el poste que a diario se van a detener una cierta cantidad de vehículos, pero aquel que ofrece algo sumamente prescindible necesita antes que nada venderse a si mismo. A pesar de esa garantía de clientelismo dado la excesiva competencia hay establecimientos en los que sus empleados que pauta
Valga ese recurso a las políticas psicológicas de ventas para compararlo al hecho social de darse a conocer. Todas las personas tienen algo que ofrecer: su cuerpo, su compañía, su acento, su ingenio, su habilidad, su elegancia, su presencia, su charme. Lo más extraordinario del mundo actual es una prodigiosa performance societaria en la que se puede estar hablando o compartiendo espacios sonoros sin decir nada. Una buena parte del discurso es profuso a espaldas de aquellos de quienes se habla. Eso no pasa solo en relación a los personajes públicos sino a todos. Quienes pertenecen a la galería de las referencias y la foto-reproducción tal vez aprendan antes que no se puede hacer caso de todo lo que se dice de ellos. Pero esa misma conclusión es la única a la que se puede llegar desde el momento en que se es objeto de mirada ajena a la escala que sea con inferencias un tanto injustas cuando no lesivas por ideologicistas.
Una realidad sensorial está invadida por formas sustitutorias del placer sexual, reducido al placer visual de las formas con las que marcar un estatus y un estilo o la pertenencia a un club privilegiado de una determinada imagen. Hay innumerables situaciones en las que la gente no habla del qué sino del cómo, no del quién sino de su utilidad. Si al andar por una calle concurrida, generalmente las comerciales en áreas peatonales, ponemos la escucha al azar de lo que la gente habla, nos sorprenderá ver la cantidad de charlas abducidas por temas de compra de trapos o de imágenes. Robert Altman constituye una situación con un argumento simple de un sinfín de personajes que se plagian recíprocamente en el vivir para aparentar . Las observaciones de las tramas relacionales bajo el análisis comunicacional no dan resultados excelentes. Todavía hay individuos que dan motivos sobrados de ser excluidos a partir de un primer contacto verbal en el rellano de la escalera o en el ascensor y otras que no pasan de la segunda cita cuando sus pronto-reacciones furiosas hacen temer estar en el campo de tiro de un/a tarado/a. alguien me contó que ante una pronto pregunta de a qué colegio de mojas había ido para saber su pedigrí o estatus social tomó medidas de distancia con la persona que la interrogó con esa pregunta tan original. Evidentemente todas las preguntas tienen, o mejor dicho, tendrían una oportunidad de ser planteadas, siempre que las coordenadas en las que plantearla fueran las adecuadas. El arte de la persuasión no pasa tanto por la indagación de quien es quien como por pautar las formas de contacto. Por lo general en superviviente en sociedad saca partido de aquello que sabe y esconde lo que no domina. Eso pasa por lo mas elemental: hay gente que censura sus propias fotos en las que ha salido mal o también borra los textos confidenciales que muestran como es, tato los que recibió escritos por otros como los que escribió.
La persuasión es la forma de contacto gestual y comunicativo-verbal en el que el argumento y la forma de expresarlo es elegida en el lugar de la imposición bruta. Persuadir es más dejar que el otro se convenza por si mismo de un saber objetivo que una conversación destila o promueve que no insistir desde posiciones proselitistas de una tesis dada. Posiblemente las figuras de podio, estrado, barril, atril o púlpito desde el que dirigirse a u colectivo silencioso y supuestamente atento y a la escucha ya no tienen el valor de otros tiempos. Quien habla mucho suele cansar bastante aunque en algunas épocas pasadas figuras emblemáticas como Trotski en el XX ruso o Girolamo Savonarola en el Renacimiento, podían cumplir la doble función de influenciadores de la opinión pública y de espectáculo del momento.
Hay un elemento oculto de la persuasión que va en contra del sujeto persuadido que se deja convencer por argumentos fraccionales sin que se le ocurra interrogar sobre el raciocinio ausente. Es conocida la psicológica de la personalidad del líder que mueve a actitudes pasivo-sumisas aceptando más el formato, el carisma o la voz que no el texto oral razonado en sí mismo. Todo aquel que ha pasado por la experiencia de seguir un líder como única fuente de emisión de enunciados reconocidos se ha quedado indirectamente privado de otros. Ha tenido motivos de arrepentirse por sus sesgos y reconocer el desequilibrio en sus bases formativas al ser solo una atención o escucha unilateral.
El individuo físicamente mejor dotado no tiene porque ser el más persuasivo. De hecho, no suele serlo. La persuasión pasa por atributos que conectan con la inteligencia y el virtuosismo de las formas. La excesiva dedicación a la propia imagen con el propósito de agradar o la excesa dedicación intervencionista para convencer puede ocasionar efectos contrarios. Es soporífero e insoportable quien solo acepta su única voz como espacio comunicativo o su único tema.
La industria ideológica del hedonismo con los fabricantes de la moda y de los perfumes y el publicismo comparten la batalla común por crear figuras seductivas. Los gimnasios y los aparatos estilizadores o modeladores anatómicas se alían en el proyecto, las fajas reductoras, los realzadores de senos, la cirugía estética son también aliados. Si lo contáramos encontraríamos millones de empleados que trabajan para el gran objetivo de crear figuras esbeltas y seductivas. Antes este campo solo tenia peluqueras y barberos ahora se ha complejizado tanto que hay quien no se atreve a salir a la calle hasta que todos sus espejos y las amistades de mayor confianza ha dado el visto bueno. Dejar que el cabello salga gris o canoso a una determinada edad es una transgresión insoportable. Quien se atreva se enfrentará al dictum de varias voces aconsejándole el tinte adecuado para simular la edad. Las fotos de retrato de estudio realzan de tal manera los rostros que no tienen nada que ver con los modelos reales. Toda esa inversión en las armas de seducción no lleva en paralelo un aumento educativo o formativo en los niveles de persuasión. Es al revés cuanto más seductiva una persona puede ser en la imagen física menos persuasiva puede ser en su discurso ideológico. Existe la suerte excepcional de encontrar personas con esa doble propiedad: la del encanto seductivo en lo físico y la del encanto persuasivo en lo intelectual.
una pelicula basada en el guion de Anna Rapp.
Llamada comercial. Llamada de Alico.
Recibo una llamada de Alico. Como suele pasarme, pido que se me repita el nombre de la empresa que me llama antes de contestar a si yo responde al nombre que se pide. Vale es Alico. Ni flowers. Acepto la llamada, es decir, el discursito. Una voz algodonada y entrenada para el rollo en el que se ha especializado me propone un fabuloso plan de seguro. Como el contexto en el que recibo esta charlita es inmediatamente después de comer en un fabuloso buffet libre en un restaurant y la conversación con mi acompañante ha declinado, aprovecho la interrupción para un rato de gimnasia oral o para ponerme al día de por donde andan las técnicas de tele marketing. Detrás tengo un recorrido de distintas acciones autodefensivas ante las llamadas para venderme un producto u otro, considerándolas en bloque una variante del acoso telefónico, desde dejar el teléfono conectado sobre la mesa y seguir ocupándome de mi trabajo sin oír nada a decir espere un momento e irlo cogiendo cada 2 o 3 minutos para decir, espere un momento. Sí, sí, ya sé que está mal, pero esos pequeños placeres proporcionados por tal venganza incruenta también forman parte del hedonismo inconfeso dentro de la oficina. En mi defensa debo decir que esas acciones punitivas solo las he empleado para compañías que han repetido terceras y cuartas o mas llamadas para ofrecer el mismo producto de la semana anterior olvidando haber apuntado en alguna parte que no me interesaba.
Volvamos a la chica de Alico.Tras presentarse y decir un excesivo numero de veces mi nombre de pila introducido entre comas durante su apología de una póliza personal, intervengo -es decir trato de intervenir- para preguntar detalles. No es nada fácil intervenir ante un hablante que tiene el rollo aprendido y la instrucción de su jefe que lo suelte todo pase lo que pase, olvidado que el oyente deja de escuchar tan pronto expresa el deseo de decir algo y no se le deja. Cuando al fin me responde a la fabulosa cantidad de dinero que se me daría en caso de invalidez permanente (ya no recuerdo si un cuarto de millón de euros o un millón, debe ser lo primero) le pregunto que qué haría con ese dinero en unas condiciones físicas en las que no pudiera disfrutar de la vida. Traslado la conversación a otro campo. Ella me dice que el dinero para estas situaciones no es para disfrutarlo sino para los herederos. Replico que no estoy de acuerdo con la herencia, La chica me suelta los números a los que puedo llamar (902… por supuesto) por si cambio de opinión y los dice de carretilla aunque sabe que ni me interesan ni los apunto. No, no cambiaré de opinión, le digo. En algún momento de la conversación me dice que la póliza no es para uno sino para que la disfruten otros. Le digo que por ésta vía no hará meritos dentro de su empresa, me dice que sí, que le va muy bien. Después de un par de etcéteras más, aburrido pero no exhausto, doy por zanjado el rato de dedicación y me despido. Luego pienso que esas llamadas de abnegados empleados del teléfono buscado pardillos por las geografías del mercado para colocarles goles también son hijos de dios o al menos de la tierra y que merecen una escucha. Teniendo en cuenta su horario y que deben ir a destajo o a comisión ganando más cuantos más contratos o clientes consigan lo mejor que se puede hacer es decirles no lo antes posible si lo que ofrecen es para un no. Con eso consigues que ni ellos pierdan el tiempo contigo ni tú con ellos. Cabe la opción B a la que he decidido dedicarme a partir de ahora, la de reciclar la intrusión como un paréntesis para darle un giro a la propuesta y contraproponer otra cosa. El hecho de hacer una conversación distinta a la programada por la oficina desde la que han encontrado tu número en su base de datos o al azar en las páginas telefónicas es de hecho ya una contrapropuesta. Si la conversación planea sobre la jocosidad y el interés el beneficio puede ser mutuo pasando un rato de tertulia y de diversión acústica, algo inesperado para ambas partes. Quien llama sabrá inmediatamente que no va a realizar su venta o colar su oferta, la que sea, pero según su propia flexibilidad y ganas de tomarse un respiro en su programa de llamadas o de intrusiones según se mire.
Recomendaciones para quien recibe la llamada: no preguntar preguntas inútiles cuyas respuestas, sea las que sean, no van a alterar el criterio que se tiene con respecto al campo ofertado: sea suministros de gas, de compañías telefónicas, de seguros, de reparaciones del hogar, de planes de vacaciones. Pasar directamente a los comentarios insólitos. Propuestas de frases: ¿se da Vd. cuenta que ésta llamada telefónica y este contactos de voces entre la suya y la mía no se va a reproducir nunca más? ¡Vivamos este encuentro crucial como único! ¡Disfrutemos todo lo que podamos! Este encadenado tal vez sea demasiado fuerte. El cliente puede ser cualquiera y también puede ser alguien que conoce al departamento de quienes llaman, por tanto a la telemarquetista. Esta, por lo general chica-guay, no puede optar por formas cortantes que haría en su vida privada o desde su teléfono doméstico. Tiene que aguantar el tipo hasta cierto punto, el suficiente para un rato de conversación gratis puesto que la compañía para la que trabaja paga la llamada. Otra frase: estoy dispuesto a escuchar lo que sea siempre y cuando no pase por los negocios o por el desembolso de dinero ¿seguimos? Esta frase necesita ser dicho con mucha simpatía porque de lo contrario puede obtener una de retirada por parte del llamante. Probemos con una más revuelta: me pilla en un momento extraordinario de mi vida y en el minuto óptimo de mis coordenadas temporales en el día de hoy, mis aspectos astrológicos me favorecen y la bola de mi bruja me ha profetizado que hoy recibiría una llamada importante para darme un notición fantástico. Sin duda alguna Vd. es la persona mensajera de lo que estoy esperando. Diga lo que diga, lo aceptaré con sumo gusto. Eso puede sumir en unos instantes de profunda meditación a quien ha llamado, no sabiendo si se ha encontrado con un contestador automático o con una persona real. Si ha escuchado atentamente pensará que ha dado con el cliente más tonto del día o el más largo. Se puede contraofertar algo. Si te llama una compañía proponiéndote tarifas no pedidas de lo que sea tú puedes proponer tus propias tarifas de tus servicios. Quedáis empatados. Ni la persona que te llama para ofrecerte el oro y el moro se ha tomado la molestia de sondear por donde andan tus intereses tocando a puerta fría para ver si acierta ni tú has hecho otro tanto. Es como cuando alguien en la vía pública o delante de la basílica del Pilar te viene con cara de miserable pidiéndote limosna y tú te anticipas y también le replicas porque no te la da él a ti, o cuando recibes un correo electrónico no deseado de la misma empresa o entidad repetidas veces sin que te hagan caso a tu demanda de que dejen de hacerlo y aprovechas su envío para responder con una circular informativo tuya. Pues lo mismo.
Si te coge de mala uva puedes ir directamente al grano: Olvídese de mí, no me interesa, borre mi nombre, no me moleste, déjeme en paz, no vuelva a llamar, etc. Pero tu teléfono seguirá en la red pública y empresas que lo marcarán para ofrecerte lo que no te interesa también. Es mejor practicar las conversaciones improvisadas. Quién sabe, tal vez así nazcan historias de amor aun pendientes de llevar a las obras maestras de la literatura y de la gran pantalla.
Contradicciones interhumanas y conflicto intrapsíquico.
La contradicción es inherente a la vida. De hecho es la suma de contrarios, algo anterior a su decibilidad o a una prosa existente que pudiera expresar esa dialéctica de opuestos. La existencialidad discurre por discursos contradictorios si bien el indicativo de estabilidad pasa por la permanencia del criterio. Los sofistas ya vendieron la teoría de que era posible defender una tesis y su contraria con argumentos lógicos en ambas situaciones. El sujeto y el argumento no son dos entidades biunívocas. El sujeto se vale de diferentes argumentos a lo largo de su vida y a su vez en un mismo argumento pueden coincidir dos o más sujetos completamente distantes y antagonistas entre sí. Para la primera situación una biografía personal pasa por distintas etapas y las ilusiones de una defendidas con pasión entusiasta dan lugar a desilusiones en la otra posterior defendidas con cautela y ecuanimidad. Para la segunda situación una misma posición argumentada lo puede ser por intenciones y razones completamente distintas. Todo ser humano está condenado a un conflicto biográfico. Termina por ser algo distinto a lo que creyó para su destino. No solo distinto, puede llegar a ser su opuesto. La autoconciencia de las contradicciones en principio ayudará a saber coexistir con ellas pero no proporcionará la garantía para eliminarlas. La ecuación terapéutica que creyó en la solución a las problemáticas a partir de reconocer las causas que las producían no ha sido infalible. El reconocimiento causal es una condición indispensable pero no suficiente para las curas. Las otras condiciones complementarias varían para cada situación personal. Una demanda tanto histórica como personal que se le presenta o exige al otro causante de afrentas es que las reconozca para poder terminar con un foco de conflicto. Eso indica que no basta una sola parte, la subjetiva y directamente interesada, e una cura; también hace falta que concurra la otra parte ajena que ha sido responsable de un bloqueo.
Se puede observar un paralelismo entre los conflictos de relación con los conflictos de sujeto. Los unos vienen dados en los decorados con los demás y los otros los que tiene el sujeto consigo mismo. Sin duda están conectados. El sujeto no es una mole integrada absolutamente compacta y sin fisuras, tampoco sus relaciones con los demás son diáfanas, solidas y seguras. En las revisiones de su mismidad explora sus registros a través de su laberinto interior y en las revisiones de su inserción en el mundo se sabe un individuo limitado por las fronteras con las que se encuentra. Estas son de dos clases, las barreras ajeas que lo presionan para colocarlo en su rol y en las autolimitaciones que uno mismo se impone sea por inseguridad personal, por temor a lo desconocido o por una deformación del respeto que le lleva a callar para no herir o molestar nunca.
La cultura hipervalorada hace pasar a los individuos por el rasero de los límites, los filtra. Los controlados en la criba no son ciudadanos de pleno derecho. Esa cultura –entendámonos- no es algo ajeno al discurso que reproduce –aunque a veces piensa que la crea cada individuo desde su podio de lecciones o su arte. La cultura no es sólo lo que está solo en la calle o en las reseñas que dan por los medios acerca de conciertos, conferencias, funciones de teatro o ediciones; cultura es también la forma de sentarse en la mesa, el tipo de decoración colgado en paredes o encerrada en la vitrina, lo que contiene el revistero, el diseño del mobiliario, las formas de tratos verbales entre los distintos miembros del grupo convivencial y/o familiar. Cultura es una posición existencial en el mundo de cuyas referencias multiversionadas se tiene noticia desde antes de las habilidades instrumentales. Cultura son las formas de decir y de callar, las de pensar y las de concebir. Hay culturas más restrictivas que otras y más propiciatorias del doble conflicto tratado aquí, el relacional y el intrapsíquico. El primero forma parte de los avatares sociales. Vivir en grupo significa formar parte de `problemáticas generadas por otros. Las ciudades y grandes aglomeraciones urbanas son hervideros de problemas indirectos ocasionados por la sonoridad, la irritabilidad, la contaminación, las prisas, el agobio, las presiones, la competencia o los pagos. Hay individuos para todo y los hay que se prestan a ser las victimas ideales al meterse en plazos que no pueden cumplir, en objetivos o retos que se les escapan de la mano, e planes que les desbordan, en asuntos que se convierten en ruedas de molino a los que atan sus cuellos hasta hundirse para no emerger nunca más. Sin duda la externalidad es un gran escenario de invitaciones que pueden ser seguidas o no y que llevan (toda una parábola de la tentación) a la perdición (no del alma sino del propio sujeto al preferir estereotiparse que ser su propio yo. En sus interacciones sociales una cierta cantidad de problemas vienen directamente clavados desde el dominio ajeno. Para cada problema al que se enfrente tendrá que preguntarse por dos cosas: la parte de responsabilidad exclusivamente de alguien ajeno (el comerciante que lo ha engañado, el cliente que no le paga, el terremoto que le ha hundido la casa, el vehículo comprado que no le funciona desde el primer día, el espectáculo que ha ido a ver que le defrauda, la relación sexual que mantiene insuficientemente satisfactoria,…) y por la responsabilidad en haber permitido dejarse enredar o meterse en una espiral problematizante. Las contradicciones interhumanas son lógicas y hasta necesarias para la evolución de la especie si de los posicionamientos contrarios se sacan síntesis de solución a conveniencia de las partes en lugar de imposiciones de dominio. Cuando de ellas se deriva antagonismos fósiles la falta de reconciliación y la inamovilidad ocupan el centro de los escenarios. Es el momento en que cada cual se queda con sus verdades personales (es decir con las mentiras que le convenga creer) cerrado sus escotillas para la comunicación. Establecido un conflicto con alguien (por lo general sobre temas objetivos pero con impactos emocionales) y escapar de su solución negándose al habla o a la tentativa de aclaración es abonar el terreno para la enfermedad a no ser de que concurran dos limitantes de peso inabordables: que éste alguien con quien se ha tenido el encontronazo se niegue totalmente a la comunicación (el hecho de que haya fallecido seria una variable de esa posición) y no a que tengan recursos extroversivos para derivar el tema a otras situaciones. El fin del interlocutor (ese otro con el que aclarar las cosas) no tiene porque significar el fin de uno mismo pero el fin de un interlocutor con el que no se puede coelaborar una situación (la inmensa mayoría de contradicciones con el otro terminan en el callejón sin salida del silencio o del bloqueo comunicativo mutuo) si obliga a buscar otro lado de interlocución o al menos una vía de catarsis: escribir es una de ellas. Muchas personas viven en la aflicción renovada por no poder desenterrar a sus muertos y hablar con ellos lo que no pudieron/consiguieron hacer en vida. Las deudas pendientes con las personas que no se va a ver nunca más, también los perdones pendientes que nunca te han dado, es algo que no se puedo resolver en vivo y en directo, hay que hacerlo indirectamente por la vía del psicodrama, de la letrapéutica o de otras formas de extroversión del análisis y de la descarga emocional.
El gran escenario humano, en sus distintos modelos sociales y de agrupamientos colectivos, proyecta a escala general lo que se da en la escala particular de los bloqueos comunicativos o de las contradicciones no resueltas o incluso d las líneas de pensamiento no toleradas. Cuanto más rígido sea un cerebro (que no deja de ser un órgano que puede ser más o menos elástico en la admisibilidad de imágenes y constructos variados) más probabilidades tendrá el individuo portador en auto dañarse al no estar preparado para la multicromaticidad existencial. Cuanto menos ideas tenga más creerá que los demás no pueden tener un plus de ellas y distintas a las suyas. Para entender las cosas del mudo es más apropiado hablar del otro que resignifica a cualquier individuo que hablar de sociedad que lo enmascara. Las dos palabras denominan lo externo al yo, pero mientras la segunda diluye esa externalidad en algo que parece quedar oculto en las artimañas del poder, la primera se refiere a todo individuo en todo momento y lugar tanto si se tiene tratos como si no.
El diseño de un mundo basado en la felicidad ha pasado por conjeturar una sociedad de cooperación en la que el individuo sea lo primero y no lo colectivo, es decir una abstracción. Las campañas a favor de la sensibilización y la concienciación debían preparar a cada persona como biógrafa de sí misma, consciente de sus acciones y pensares para evitar la revivencia de los pesares. Con la alta dedicación a la información a la divulgación de verdades históricas, y a una metodología de pensamiento analítico útil no se vislumbra que una nueva generación de talante libertario dé al traste con generaciones anteriores abocadas a la frustración de sus destinos. En la Hispania que conocemos la generación nacida en la década de los 20 del siglo pasado que vio su juventud cortada por la masacre de los alzados nacionalistas no fue más frustrada como la nacida en los 50 que abrazó los idearios de la imaginación al poder, como lo ha sido la nacida en los 70. Alguien que retome este artículo es posible que diga lo mismo de la que está naciendo a principios del siglo XXI.
Alice A.Bailey dijo aquello tan bonito de siembra un pensamiento y cosecha una acción/siembra una acción y cosecha un hábito/siembra u hábito y cosecha un carácter/siembre un carácter y cosecha un destino. Esto suena muy bien para la posición militante que hace de su cruzada para convencer lo principal. El discurso crítico actual ya no trata de convencer, bastante hace con ser expuesto y a la vez exponerse a la exclusión.
El conflicto intrapsíquico es una marca que después de ser recibida en el registro metamatérico pasa a injuriar una parte del cerebro de aquí quedan implicados los órganos correspondientes. Eso explica que patologías físicas y accidentes sean la consecuencia directa de desajustes emocionales e incomprensiones comunicativas entre personas sentimentalmente muy vinculadas. La situación ideal sería/es la de tratar cada conflicto intimo en el espacio grupal con los protagonistas implicados en su gestación, como eso no es posible lo más parecido es la terapia de grupo en la que hay otros sustitutorios que encarnan los personajes de los protagonistas reales, desaparecidos o ausentes. Esta opción de psicoterapia de grupo puede ser una alternativa que al menos supera la visión oncológica que sigue sin explicar el origen de los tumores, forma física necrosada que expresa en el cuerpo escénico un dolor no resuelto.
Las personas más aguerridas de toda una generación quisieron ensayar formas distintas a las determinadas por uno de los pilares fundamentales de la vida social: el de la familia. Y fueron a constituir comunas con intenciones socialistas. El fracaso convivencial de innumerables ensayos hizo teorizar la falta de condiciones objetivas para tales empresas. (siempre que el sujeto fracasado se excusa en la inviabilidad objetiva de su deseo). Sin embargo para quienes vivieron de cerca juegos de grupos y convivencias del compartir, ha sido difícil ignorar las enseñanzas de aquellos períodos y su marca dejada en la conciencia aprendida. Al cabo de los años, las perspectivas comunales se han devuelto a los únicos rediles donde parece ser han podido triunfar a lo largo de los siglos: el de los monacatos. Ha sido necesario el imperio de una ley espiritual y de una jerarquía que la interpretara para que la vida colectiva se hiciera posible. A su margen otros asuntos desde la seglaridad han quedado en retentivas y simulacros. Lo que es más las experiencias pseudocomunales han sido ocultadas por los propios protagonistas o referidos como algún tipo de fiebres juveniles.
Una mira sinóptica retrospectiva pone al descubierto que el sumatorio de fracasos ha sido relacionado con el concepto de propiedad. El nexo entre el individuo y su propiedad no ha sido resuelto por los proyectos colectivistas, a diferencia de los marcos familiares en los que los territorios de cada uno están perfectamente definidos desde antes de pasar a constituir parte integrante del grupo. Aquellos han seguido suspendidos en cuerdas oscilantes con más carga de ilusionismo e inconsciencia que de método y garantías, mientras que la familia, es sabio tiene una larga tradición como empresa y con resultados. La inmensa mayoría de gente nace en el seno de una de éstas mientras que una insignificante minoría ha nacido en el seno de espacios comunales en los que el neonato reciba desde el principio los mimos y atenciones de una pluralidad de adultos. De esa manera la idea podrá tener continuidad en el futuro, mientras que durante décadas la gente puesta a vivir en común se ha enfrentado a conflictos para los que no se ha preparado resolver.
Supuestamente las dificultades juveniles para comunizar unos intereses y un espacio común que funcione de acuerdo a la economía y recursos compartidos y a la afectividad y sexualidad transparentes podrían ser resueltas a partir de una o dos décadas después, con más edad, mayor experiencias y una mayor aportación de medios. en lugar de eso, los ex hippies, los ex marxistas, los ex-revolucionarios de todos tipos han pasado a mimetizarse en los modos estándares y dominantes de consumo de bienestar y de valores ideológicos co-nexos.
Cuando dos adultos convivientes tienes dificultades, en el mejor de los casos, se separan civilizadamente, hacen un reparto contable racional de sus bienes comunes y no utilizan a los hijos para ponerlos en contra del otro cónyuge. Lo que no hacen es vincular el análisis de su fracaso matrimonial o familiar concreto al fracaso de la cultura acaparadora y de toda una ideología basada en la desconfianza recíproca y en el segregacionismo sentimental. Lo que no hacen, tampoco, es reconocer que pertenecen a una estadística de fatalidad creciente que indica como un tipo de convivencias están condenadas a su defunción desde el momento de ser decididas. Lo que aún menos hacen, es reconocer, que los hijos engendrados, el patrimonio adquirido, la división de roles establecida, es lo que guarda más concordancia con un sistema humano y social que después de siglos ha demostrado su inviabilidad para la felicidad humana. Lo que no hacen, en definitiva, es reelaborar su experiencia como dos seres humanos que se han querido, para continuarla como amigos y como seres sensibles y racionales. O sea que, en el mejor de los casos de una separación de común acuerdo, son unos fracasados totales y extremos que tampoco han levantado la tapa de los truenos de sus inconscientes para aprender de lo sucedido y seguir desde otra perspectiva emocional y convivencial. Con el borrón y cuenta nueva en la mejor de las situaciones se concederán mutuamente la oportunidad para volver a fracasar de nuevo con una segunda o una tercera experiencia convivencial con nuevas parejas que quieran seguir tal suerte.
Y si ese es el pronóstico, porqué no rescatar viejas utopías o proyectos de la común a de intimidades, en la que las parejas no acudan como tales sino como individuos con asuntos pendientes a resolver por lo que hace a su afecto general y a su convivencia grupal. Experiencias en las que los juegos de roles de padre, madre, primogénito, hermanos, tíos y otros parientes se diluya a favor de un panorama de elegibilidad, en el que cada cual ocupe el lugar que siente y desea no por ubicación genealógica sino por inserción emocional y sociológica. La posición agraviante de parejas de novios y de familias es la de descartar el posible éxito de una comuna compartida, sin embargo aquellas aportan más experiencia cuantitativas de fracasos que éstas, por razones obvias. Unas tienen una larga tradición y prácticamente todo individuo adulto pasa por querer crear su propia familia, estas tienen menor tradición y solo los más atrevidos han pasado por tentativas organizadas para hacerles plausibles.
Ni siquiera en los sectores sociales que se radicalizan y luchan, o creen luchar, por un mundo mejor, tienen en cuenta conectar con el tema de la reelaboración de propiedades sentimentales y espaciales. La idea de comuna no es recordada y su palabra es silenciada aunque no sea ab ciertamente proscrita. Lo más próximo a lo comunal es la urgencia de compartir espacios reducidos, mediocres y baratos por razones económicas, nunca por razones experimentales o para cambiar lo esencial de las relaciones humanas. ahora, lo mismo que en generaciones anteriores, los reivindicativos sociales van a sus manis, a sus grandes conciertos consigneros, o a sus reuniones maratonianas para discutir detalles sobre actos de solidaridad o preparación de pancartas, mientras en sus vidas privadas siguen viviendo a costa de los conceptos burgueses del más puro estilo clásico. ¿qué es lo que les impide-qué, lo que nos impide- rescatar el concepto de comuna convivencial de intimidades? ¡Qué pregunta¡ Evidentemente lo impide todo. Todo está en contra de cambiar la verdad privada. Todo, en contra de hacer la revolución personal. Resulta más cómodo unirse a grandes y complejos proyectos de revolución internacional que hacerla pasar por el cambio de hábitos y la radicalidad de planteamientos en lo personal. Una comuna de intimidades no es solo el espacio de una casa comunal en la que funcionar con una economía común y con un amor socializado, también es el primer frente de elaboraciones y consideraciones sobre la clase de vida alternativa que nos gustaría llevar a favor de un mundo más digno que este. Ninguna revolución, ni cambio de leyes, ni cambio de aparatos de estado resolverá el tema de la mentalidad y de los hábitos personales. Ambos campos han de ser trabajados en el mundo particular. y personal. Reorganizar las continuidades personales y sentimentales en espacios grupales, conquistando la paternidad colectiva o la filiación común y superando los sufrimientos y patologías celosas por la posesión del cuerpo y de los sentimientos ajenos, es la propuesta más radical de todos los planteamientos sociales. La diferencia con los programas políticos es que coloca el frente de lucha en la inmediatez de cada persona que desee comprometerse por el cambio y la desnuda de toda excusa de no dar un paso porqué´ los demás no lo dan. Finalmente la comuna de intimidades coloca en la base concreta los cambios substantivos para el futuro en lugar de encargárselos a las instituciones del poder que suelen ser más partidarias del conservadurismo de las formas. Una comuna es una revolución a pequeña escala y vertebrar la convivencia en torno a la intimidad integral es admitir el desiderátum o el reto de la construcción de una nueva persona. evidentemente la proposición no será tenida en cuenta por desaforada y acontextual, colocando lo personal tras las condiciones colectivas. Pero ¿por qué no recolocar la pregunta al revés? Es decir ¿qué clase de condiciones colectivas se podrán gestar sin unas condiciones privadas atrevidas, íntegras, sinceras, compartidas y comunales previamente creadas?
M’ he topat sovint els darrers anys a la rotonda de Montgat (Barnàpolis) a la sortida o entrada vers l’ autopista un escamot dels mossos d’ esquadra. A còpia de tenir contactes amb ells per stops indesitjables i injustificables m’ han convençut que no han afegit mèrits a les tasques de les policies de les èpoques de l’ obscurantisme en les que els grisos i els verds (la policia nacional i la Guardia civil van ser les dianes més indiscutibles de l’ odi popular). Canvien els règims politics però les funcions policíaques, que retitulen com d’ encarregades de l’ ordre públic, continuen sent essencialment les mateixes, sigui quin sigui a l’ amo que obeeixin. M’ agradaría poder dir justamet el contrari, que hi trobo una evolució en la policia autonòmica vers la d’ abas la de l’ estat central. Ho sento, no la trobo. La repressió i les molèsties son les mateixes encara que els atonyiments siguin cotextualitzats amb la llengua materna. El costum de posar controls a les sortides de les autopistes donen un aspecte desagradable a la civilització. Aparentment és per perseguir dolents i per protegir la seguretat ciutadana dels cacos o dels malfactors, però això no ho sabem. Em pregunto si un dispositiu de control que ens pertorba del nostre camí sense saber perque, ja que no ho expliquen, compensa les molèsties ciutadanes. Existeixen tants més dispositius de control quan més deficitari és un cos policial en la recerca criminològica.
Els paios quan fa fret es posen uns passamuntanyes. El passamuntanyes és una prenda emprada tradicionalment pels dolents: els terroristes, els lladres, els que s’ amaguen, els que tenen por de ser reconeguts. Es clar que la policia basca el va començar a fer servir per por a les represàlies en les seves intervencions contra l’esquerra abertzale. El detall no és poca cosa doncs els que van d’ agents de l’ ordre copien el vestuari dels seus oposats. Aquesta al·lusió empobrida, ho sé, la deixo aquí però el fet de trobar-te a mitja nit una ziga-zaga de vehicles policíacs amb les torxes de llum posades, tapats fins els ulls dona fressa. Els homes de Harrelson o la quadrilla d’ Eliott Ness donaven més confiança. El detall més feridor és la prepotència en que es posen els nanos miren les cares dels conductors i fer-los passar un a un. La gent que té fama de pertànyer al ramat col·lectiu de la obediència, va passant a comptagotes de l’ un a un, segons si fa cara de bona persona o no. El tio que fa el control facial deu ser llicenciat en fisiognomia i sap amb una mirada qui es culpable i qui no, o potser té memoritzada la foto del lladre més famós del país i es el que venen buscat els últims anys de govern autonòmic i per això monta tot aquesta parafernàlia. Continuo creient que fa practiques de control i estudi pràctic del comportament de la població. No tinc ni idea de quanta gent es queixa per aquest tractament. Sí sé que a molts conductors ja els hi sembla bé aquesta actuació perque se senten mes segurs amb una policia tan eficaç ¿he dit eficaç? Ho retiro. Tan present,volia dir ¡ara sí! La seva presència sí que es nota. Convido a que els conductors que siguin obligats a ralentitzar el vehicle i passar per aquests controls preguntin perquè collons els aturen. Sí, cadascun, es una forma de protesta civilitzada encara que això creï mes enrenou al punt de sortida i faci cues. D’ altra banda quan un paio amb la cara tapada vingui a preguntar alguna cosa, se li pot dir que res del que busqui se l pot servir i res del que faci té perque compartir-ho amb ell. Si no en té prou se li pot dir que un home es dirigeix a un altre home amb la cara al descobert, no fer-ho qüestiona la primera definició d’ home. La frase val la pena, i la paraula home està ben escollida, doncs tradicionalment les policies s‘ han farcit de gent amb poc seny però amb molta apologia de masclisme. La frase també serveix per una mossa d’ esquadra, que per cert continua acceptant la denominació sexista del nom del cos que ve des de temps passats e que les dones no es dedicaven a anar guarnides de soldats deixant aquestes begenades pels homes. Bé, es pot fer l’ equivalència amb dient-li que una persona es dirigeix a un altre amb la cara descoberta. Aquesta segona frase inclou un indici de valor que no té l’ anterior, la de suposar que l’ individu que et ve a molestar té la categoria de persona. Com sabem semànticament, si bé les categories d’ home/dona venen directament definides però una condició biològica, el mateix que ganso o gallina o cuc o serp, la de persona és una categoria hipotètica que amb una primera ullada no es pot saber si es correspon amb l’ individu que tens al davant.
També se’ls hi pot dir e cada interrupció d’ aquesta manera: nanos no se sap les coses bones que feu pel desenvolupament del país però teniu un aspecte que dona por. Parlo en serio. Cada vegada que em topo amb un dispositiu d’ aquests, atenent als horaris nocturns en els que sovint em desplaço em dona el canguelo. Vivim e un país civilitzat i e principi aquests homes armats se‘ls ha instruït perque no disparin a la tuntún, però i quan ho fan?, i quan fereixen amb arma de foc per error? D’ altra bada ja entenc que el món, tampoc Catalunya, està preparat per viure sense policies. (Les morterades de dinerals que se’n duen amb el seu manteniment donaria per un repartimet de la riquesa que potser seria dissuasori per algunes lladres perque canviessin d’ ofici i fessin algun profit en els camps de la productivitat). Però ja que ens toca tenir-les i mantenir-les pagant-los-hi els sous no podrien tenir una mica mes de deferència en les formes de control. Una cosa és un dispositiu excepcional i una altra és la pràctica habitual del control la les sortides de les autopistes i a les rotondes. Des de la seva praxis dubto que se sentin feliços amb la seva feina (he dit feina? Demano excuses, amb el seu rol, vull dir). Personalment sento vergonya pel que fan i per mi mateix per passar per aquests controls que et fan sentir com un sospitós. Vull exorcitzar això canviant de perspectiva. Tothom qui imposa la barrera la lliure circulació de la gent és sospitosa de poc humanista i poc sàvia, perque llevat dels 4 txorissos tontos que es deixen enxampar així, els grans defraudadors de la societat no van a aquestes noves teleranyes per ser atrapats per aquesta variant d’ aranyes. Els mossos viuen temps de descrèdit. No es per menys. Personalment no em refio de cap policia. N’ he conegut que ha disparat i han empresonat sense justificació, que han matat i han deixat gent en cadira de rodes. El fet de que un policia em parli en català no significa que sigui més prudent, correcte o confiable que un que em parli amb andalú. A Àfrica, continent de policies corruptes hi ha més coses a dir en contra seva, però a Europa, no deixen de fer del seu ofici la preferència que més coneixen: molestar. Sí, ja se que hi ha una contradicció: per una banda la policia es necessària –encara- per contrarestar la delinqüència creixent, les amenaces i extorsions, i endreçar el tràfic; d’ altre en el seu excés de zel i de funcions es converteix en un bastió contra la tranquil·litat col·lectiva. Menys policia i més efectivitat funcional i cap perdó pel menor detall d’ abús i de molèstia supèrflua. En un país democràtic cada cop que un policia atura a un ciutadà, sigui vianant o conductor, ho ha de fer amb una raó objectiva que es la que ha d’ esgrimir després de dir bona nit o saludar. L’ aturo perque ha trepitjat la ratlla continuo. Vale. El sanciono perque ha fet un avançament indegut. Vale. Aquest es un control d’ alcoholèmia dins una campanya per combatre la conducció sota els efectes etílics. D’ acord. Però el faig ralentitzar per mirar-li la cara a veure si es el sospitós que busco. No. Ni parlar-ne. No em toqui els collons. Faci la recerca d’ una altra manera. I si em fa perdre el temps per això perque la intel·ligència policial no dona per mes per fer una cerca mes precisa sense anar a l’ escandall de l’ engrós, demani’ m disculpes per fer-me perdre el temps per suplir la seva deficiència. Sí, pertànyer a la policia es esta en l’ ull de la cotrovèrsia. Entec que els policies s’ avergoeyixin del seu ofici i no divulguin el que fan en els seus veïnats. Però si la seva biografia passa per exercir-lo al menys que siguin posicològicament discrets mantenit-se en el camp de l’ obsessió amb atrapar els criminals i o caure en el de la paranoia creient que tots ho som.
Crónica de la loca. Ficción.
A éstas alturas tratar a alguien de loco es hacerle un favor, puesto que los eximentes legales lo van a librar de la responsabilidad de cualquier acto que pueda cometer. Ha quedado documentado y consignado que la AivaLaponte era una señora peligrosa con una personalidad completamente irracional que movía al odio. Eso tampoco generó una concentración en masa para interceptarla y en lugar de lincharla según los procedimientos del western de pantalla se hiciera ahogándola en una bañera de escupitajos populares. El odio es algo que se instala como uno de los sentimientos más duros y complicados de razonar. Yo me permití experimentarlo con ella y usar el material anecdótico que proporcionaba como base de un relato de lo más negro. Ella sería la víctima final a manos de algún sádico educado en las salas cinematográficas de khillers y pelis de zombies, que la cortara en pedazos sin que eso moviera a ninguna clase de piedad en el barrio. Antes, la señora abría asesinado uno a uno a todos y cada uno de sus vecinos, yo incluido. Lo que quedara de estos, o algún nieto justiciero de los restos de sus familias, se habría vengado armado de una hacha que le habría clavado en el frontal de la susodicha nada más abrir la puerta, tomando las adecuadas instrucciones directamente de Dostoievski. Si éste recreó el crimen contra una vieja usurera no librándola de la muerte a pesar de su ancianidad e hizo pagar por él con el remordimiento del criminal; aquél, el nieto hipotético de encargado de la venganza con resultado de homicidio práctico no se habría dejado aturdir como el personaje de la novela rusa por mucho que se sintiera acosado por un investigador policial. El criminólogo, ya se sabe, hace su trabajo. Reúne pesquisas, computa datos, toma muestras de pelo, escamas, saliva o semen. Todo es como un juego para unir las partes del rompecabezas que se le presenta. No se pregunta las razones de un acto criminal. Sólo averigua lo que ha sucedido sin ser visto. La indagación detectivesca le resulta apasionante. Y al llevarla a término va apareciendo el decorado sentimental y material de todo el asunto. Es posible que simpatice unas veces con el muerto y otras con quien lo ha matado. Pero sea como fuere su sentimentalidad no puede interferir en la investigación. Una vez reunidas las pruebas las elevará a otra instancia para que alguien de otra catadura las juzgue. Eso ha hecho de la civilización moderna un lugar en que los derechos han superado los deberes, los criminales han tenido el mismo trato que sus justicieros y a los peores se les haya concedido los mismos derechos que a los mejores. Todo ese asunto no lleva muy lejos por eso las novelas negras se quedan en el relato de la intriga más que en la consideración de sus razones algo que lleva al baleario de las reflexiones para el resto de la jubilación.
En el fondo del policía honesto sabe que hay muertes que son inevitables, hay cadáveres que se lo han estado buscando, hay fiambres que no mueven a la menor compasión ni comentario. El policía personado en el lugar del crimen, con la sangre fría que le caracteriza en los telefilmes americanos, es capaz de sacarle un excremento de uno de los orificios nasales del patidifuso deleitando simultáneamente un sabroso y humeante café que un subalterno le ha proporcionado, porque no hay que olvidar que los criminólogos llegan al lugar de los hechos prácticamente sin haberse quitado el pijama y absolutamente somnolentes, ratificando la tradición novelesca de los asesinatos con alevosía y nocturnidad. La cuestión es que hay muertes que son crónicas anunciadas de relaciones con un desenlace fatal. En realidad lo sabe todo el mundo. Un día u otro son puestas en escena y cada cual cumple con su papel preasignado: los polis a investigar, el asesino con su dilema de cómo hacerlo si no está profesionalizado en estos asuntos y el muerto a estar lo más quieto posible en su posición de cuerpo generalmente tumbado en medio de un charco de sangre.
El del caso que nos ocupa podría ser utilizado como modelo estándar para identificar el cuerpo del crimen antes de ser cadáver. Por otro lado hay cuerpos que se mueven o que no andan más que tras el encuentro con su féretro. Esos cadáveres andantes consumen un oxígeno y un espacio al que no deberían tener el menor derecho. Pero nadie puede decidir quién debe vivir y quién morir. Ya veremos si hay personajes dispuestos a vapulear viejas teorías de eugenesia o de selección social, pero ese es un asunto muy delicado. Por ahora detengámonos en el punto de relato de la loca del rellano con sus ganas recargadas de fastidiar al vecindario.
Una anciana prematura o al menos pensionista aventajada con el moco de sus múltiples dolencias, peleada con todos los vecinos de un pequeño inmueble de una localidad provinciana, prácticamente un barrio metropolitano. Compartíamos rellano y tabiques contiguos. Por desgracia me tocó tenerla al lado. Ella vivía allí yo iba de vez en cuando al estudio de al lado. A la vuelta de mis viajes pasaba por el apartamento-estudio-almacén para dejar cosas que me sobraban o que he había acumulado.
Invariablemente preguntaba por la vecina de al lado cuyo pronóstico de paranoia era antiguo y por cuya conducta seguía temiendo, siendo capaz de producir daños irreparables al edificio y también personales. Había jurado de prender fuego al edificio antes de ser desalojada del mismo por pagar una renta bajísima a cambio. Con esa renta minúscula poseía un apartamento amplio cuyos propietarios no consiguieron desalojarla por décadas. Lo de su amenaza o era para tomarlo en broma. No sería la primera inquilina amenazada con el desahucio que acudiera a esta medida aunque le fuera la vida en ello. El discurso del inquilino pobre y necesitado era conocido, las leyes lo protegían. Eso había creado la siguiente paradoja: los inquilinos pagaba por alojamientos menos que los gastos que generaban estos, con el paso de los años y del aumento del nivel de vida. A muchos caseros les tocaba jugar el papel de hermanitas de los pobres, La paradoja era mayor cuando esos caseros podían necesitar esos habitajes para ellos o para sus familias y no podían disponer porque había vacios legales o una tendenciosidad interpretativa nefasta. Sin duda alguna esa persona debía haber sido echada hacia tiempo del lugar pero una serie de circunstancias de permisividad le fueron consolidando su ubicación a pesar de ser agresiva. Empujó y echó al suelo a otra vecina, octogenaria y con problemas. Esta afrenta por cierto fue llevada a juicio, la imputada ni siquiera se presentó y a pesar de eso, la palabrea de la víctima no fue aceptada. Esas son las minucias judiciales por las que la magistratura tiene menos crédito que una suela de zapato en un basurero. En potra ocasión con un espray pintó un tablón de anuncios por un contenido cierto que no le gustó. Otra vez trató de parcelar la terraza en espacios privados. Las veces, pocas pero sobradas, que me tocó hablar con este personaje fue para llegar a la conclusión de la imposibilidad de todo razonamiento con ella. Esa es una conclusión crucial. Cuantas más veces la repitas con distintas personas en tu vida más en evidencia se pone el fracaso de la comunicación y el fracaso de la razón. Eso puede ser por varias causas de las que no hay que descartar los sesgos interpretativos de uno mismo. La mayoría de conflictos humanos son territoriales y este no era una excepción. A la loca ya le iba bien hacer de loca y de pobre persona. Hacía caso omiso a los avisos judiciales que recibía a su nombre y aceptó que nadie la saludara, por supuesto ella tampoco lo hacía. La recuerdo con cara de pergamino y rictus premortuorio. Dada la poca gente que vivía en la escalera: 6 apartamentos con un total de, a ver…1viuda arriba, una pareja al lado, ubicados en el tercero; la octogenaria e el doble apartamento del segundo, mi inquilino en el estudio al que yo iba de muy tarde en tarde, y ella al lado, y otro inquilino en el piso de abajo; total, sin contarme pero contándola siete. Los 7 residentes cruzaban el espacio común de la puerta del vestíbulo a la puerta del apartamento sin coincidir o cruzarse. Esa pequeña comunidad podía estar presentando lo que pasa en una sociedad entera de un país con decenas de millones de individuos, el de la coexistencia elusiva más que pacífica. Cada cual vivía y sabia que vivía junto a sus vecinos pero sin tratarse. Mientras las amenazas del de al lado solo fueran eso y no se concretaran en peligros graves las correlaciones estaban en stand by.
Coexistir con una loca aunque fuera teniéndola al otro lado de la pared y en la memoria del odio no ayudaba gran cosa a la teoría humanista. No había posibilidad de reconciliación ni de perdón, tampoco de diálogo ni de reconocimiento de partes de responsabilidad en los problemas. Pasaban los años y la historia seguía quieta, algo que también sucede a escala universal, el calendario cambia cada día, los relojes cada segundo pero la realidad lejos de la suculencia queda plastificada en una mala y hueca risa. Lo que pasa en una pequeña comunidad de vecinos que por la fuerza de la costumbre seguimos llamado comunidad, cuando no es más que un agregado a la fuerza de individuos que han decidido (decisión tomada en un momento de escasa lucidez) compartir el mismo techo y escalera y puerta de la calle de un edificio sin que tengan nada que ver los unos con los otros y ni siquiera la deferencia del saludo tranquilo, representa lo que pasa a escala universal. Vivir juntos pero de espaldas, coincidir pero en el individualismo mutuo. Cada cual tiene las razones del suyo.
Esa loca no era la más tarada del país, era una loca ordinaria, una pobre tipeja con paranoia aguda que la llevaba a ver lo que no había, con un carácter insultante que la hacía intratable, tanto como pareja (abandonada por sus consortes) así como persona de relleno en el escenario cercano. Dados sus múltiples miedos, se auto encerraba con una triple cerradura o dejando cuando salía la radio siempre encendida para que ningún ladrón la eligiera en su itinerario. A la menor sospecha de moobing o de interferencia ajena denunciaba a unos y a otros. El sistema administrativo admitía a trámite a sus delirios. Todo el mundo sabía que era una bomba de relojería, algún día podría hacer estallar las bombonas de butano y además de auto inmolarse destruir a los que estaban al lado. El vecindario estaba indefenso ante una sola tipa. Se le admitía que a las 6 de la mañana el despertador con música estridente se declarara desde su vivienda y a las 7 repite la monserga. Una vez más la sociedad fracasaba ante el individuo sintomático. Fue pasando el tiempo y fui olvidándome de esta mujer-basura, en realidad dejé de odiarla. El odio es un sentimiento necesita de una activación permanente. Es difícil odiar para siempre a alguien por muy odioso que sea si no tienes trato ni te llegan ecos de lo que hace. Si volvía a coincidir con ella en la escalera, simplemente pasaríamos el uno al lado del otro ignorándonos. En otro momento pensé que era un personaje útil para hacer una novela basada en lo que daba de sí una vecina loca. Se trataría de una novela de intriga con víctima en forma de cadáver por supuesto. La literatura negra que se precie necesita cadáveres, basta uno para poner en consideración todo un entramado. La novelística del crimen tiene de interés el reto de las inteligencias dentro de la finura de una cultura. El autor del crimen puede pasar por sujeto exquisito con intereses tan opuestos que al o ser posible la coexistencia con su víctima decide facturarla para otro estado de la materia. El argumento e este caso sería este: un grupo de vecinos, hartos de la vecina loca que es una amenaza pública pero que el sistema judicial no intercepta ni neutraliza pasa a ser el objetivo táctico a destruir a conciencia. Entre todos preparan un plan maestro. La acorralan en una emboscada en la escalera, la secuestran metiéndola dentro de un saco de plástico grande de basura con la boca encintada y las manos atadas y la llevan a su propio apartamento. Ahí se le lee salomónica y solemnemente su deber de morir para dejar a los otros en paz. Luego, el resto de vecinos se reparten la acción criminal para que nadie sea responsable de su homicidio compartiendo la responsabilidad colectiva de librar a los ciudadanos de bien de una bicha como ella. Para perplejidad del lector los personajes del crimen no entra en grandes disquisiciones sobre la consistencia de su ética, todos sin excepción no ponen en duda en ningún momento que su mala vecina debe ser eliminada. Para que no queden restos de ella, la trocean y se la reparten entre quienes tienen termo-túrmix preparando ladrillos de carne picada. Todos guardan en sus congeladores las raciones que gradualmente dan a comer a perros, cuyas plantas de trasformación intestinal en cacas coronan el destino óptimo para una mala bruja como ella. Pasado el tiempo como alguna gente la echa en falta, la llama y la busca pero no insiste. Ha desaparecido pero nadie oficializa su desaparición. Algún pariente la echa en falta pero lo atribuye a su carácter que no quiere saber nada. El primero que sí se entera de su ausencia es el propietario que no recibe sus pagos mensuales. Tras denunciarla por ello y abrir u nuevo proceso in absentia, unos 10 años después las autoridades le dan al propietario, esté a punto de morir ya de muerte natural, la opción legal de entrar en el piso para echarla. 20 años después llega un piquete policial para abrir la puerta. En el interior no hay nadie. El polvo se ha acumulado durante todo este tiempo. Otro final de la historia es que los vecinos envían anonimamente las llaves al propietario con un autógrafo de la victima que se le obliga a escribirlo antes de ser asfixiada. En esta otra dice que abandona el piso y puede disponer de él. Ese segundo final es menos creíble, los vecinos se ponen de acuerdo para deshacerse de un peligro potencial demostrado pero no tienen porque hacerlo para que el propietario recupere el piso después de haber demostrada por décadas su incapacidad para librarse de la intrusa de otra forma menos cruenta.
No es una mala historia para una novela de ficción pero debería tener muchas ganas para escribirla. Uno de los problemas añadidos de escribir creando una trama a partir de personajes tomados de la realidad es que lleva a recordarlos más allá de lo que se merecen.
El protagonista-eje de Some came runnig que se tradujo al castellano por Como un torrente de Vincente Minelli 1958, es un escritor (Frank Sinatra) que sin proponérselo regresa a Parkman, su ciudad natal tras unos 16 años de ausencia. Despierta a la llegada avisado por el chófer. Sus colegas de farra lo metieron dentro del bus totalmente borracho. En el asiento posterior viene con él una chica (Shirley McLaine) de la cual se deshace a pie de autobús sin recordar nada del o que le dijera o hiciera con ella. Se aloja en un hotel e ingresa su dinero en la entidad bancaria de la competencia de la que forma parte de la dirección su hermano. En seguida corre la voz de que él está aquí. Es conocido por un par de títulos publicados que le dieron algún nombre pero ninguna riqueza. Su hermano se pone en contacto con él no tanto porque sea el cariño el que los une como por el qué dirán. Las noticias vuelan, de hecho es el último en enterarse de qué ha llegado. Lo invita a su casa a cenar a pesar de la oposición de su cuñada. Aquí conoce a una profesora universitaria de literatura y crítica literaria de la cual se enamora. Ella apuesta por él y lee su tercer libro inédito que ha rescatado de la papelera. Lo promociona y se lo editan. Entretanto que todo el mundo lo conoce como escritor no para de beber. Alguien podría contar la cantidad de tragos y de pitillos encendidos en la película para la estadística de consumos de aquellos tiempos. Es una época en que no hay ningún aparato de televisor a la vista, no se había inventado o no estaban aun popularizados, la mayor diversión es la de las conversaciones. El escritor no es muy dado a grades discursos pero sí es atrevido en lo poco que dice para tratar de seducir. La profesora se debate entre sí lo quiere o no quiere al mismo tiempo que concede un estatuto general de permisividad a los creadores literarios por su sensibilidad especial. Entretanto el escritor se asocia con un jugador profesional de cartas (Dean Martin) con el cual comparte domicilio y bebida alcohólica. Los dos sacan dinero por ese lado y se meten en trifurcas no buscadas. El exnovio de la chica del autobús que se ha queda en la ciudad y se pone a trabajar en la fábrica de sujetadores local está colada por el escritor y la sigue como un perrito faldero, viene a intervenir en la situación reclamado su reencuentro con ella a lo cual ésta no accede. Cada cosa que pasa en la ciudad es noticiada en la prensa y eso alarma a la profesora que conocedora del mucho amor de la chica faldera decide retirarse. El escritor apaga sus penas en el alcohol y viéndose desechado por la mujer a la que realmente ama propone en matrimonio a la chica, la cual acepta encantada. Tras el matrimonio en esa misma noche, una absoluta equivocación así mismo definida por su socio, dan un paseo por una feria anual que se está celebrado. El exnovio de ella los sigue para matarlo, ella se interpone y muere por los disparos de aquel, que a la postre ya había tratado de acuchillar al escritor en un enfrentamiento anterior. El eslabón más débil paga por todos. El escritor es un alcohólico en un tiempo en que el alcohol era más reconocido de lo que lo seria posteriormente. No se le ve en ningún momento escribir o trabajar como creador, y sí en otros en que duda de su condición de tal. El telón de fondo es la relación con su familia, es decir con su hermano, el cual le presenta a su hija. Esa sobrina admira al escritor y en cierto momento en que coincide con ella en un bar de copas en otra ciudad la rescata de su acompañante, echándolo del lugar. Luego la mete en el bus de retorno a casa. La chica ha hecho eso como despecho por haber visto a su padre enrollado con su secretaria en el mismo lugar que las parejas van con sus coches a besarse/tocarse, situación en la que por cierto ella no para de limitar el acceso de su novio a su cuerpo. La escena de la coincidencia en el bar o restaurant acompañada por el hombre maduro, vendedor o representante de artículos de comercio, un oficio a la postre que se podría considerar como la perfecta manera para tener novias en todas las ciudades como los marinos en todos los puertos, es desvalorado por el escritor como un fracasado o un patán nada mas echarle una ojeada y echarlo del lugar con autoritarismo. Se diría que en todo momento la historia del film es la del escritor en tanto perdedor, sin tener lugar donde ir ni siquiera su ciudad familiar, pero desde que estrena su papel de tío declara gustarle ese papel de protector. En todos los años de ausencia él nunca tuvo ningún contacto directo con su hermano. Él pudo seguirlo por algunos artículos publicados y saber por ellos que seguía vivo pero en realidad su vista le estorba y preferiría que se fuera aunque niegue ese verdadero sentimiento.
Una curiosidad de la historia es que él llega vestido de soldado. Se supone que ha renunciado a seguir en el ejército y hace su vida de civil vestido como tal demorando el momento en que deja el uniforme. No queda explicado como un escritor puede haberse hecho soldado o al revés, tampoco porque ha dejado el ejército. Esa permanencia del uniforme más allá de lo necesario es recurrente en el cine americano.
Es una historia que queda contada a medias y cortada por la mitad. El titulo no tiene nada que ver con el argumento. El escritor es lento y si bien está seguro de sus sentimientos no lo está por lo que quiere hacer. Se aprovecha de la muchacha a la que no quiere proponiéndole el matrimonio retroalimentando una clásica confusión entre ceremonia y amor. En realidad el matrimonio solo tiene por equivalencia el compromiso convivencial pero eso no asegura la responsabilidad, mucho menos en este caso en que ambos viven al día y están de paso por la ciudad. En su crítica a la profesora de la que sí está enamorado la juzga como esquiva por pertenecer a la clase alta, cuando en realidad él no es menos excluyente con respecto a la chica con la que se casa utilizándola lamentablemente algo que llega a un desenlace fatal. El escritor pasa por héroe aunque es nadie buscándose a si mismo dentro de botellas de whisky. Su socio de póker, con un diagnostico médico grave que va de soberbio indican la pauta del submundo en el que se ha metido.
La historia pone en evidencia la crítica a la clase alta por el lado al que pertenece su hermano, sus engaños y su apariencia, pero también expone las contradicciones en una crítica más velada de una elección de vida que no tiene nada de bohemia ni de creativa.
La historia no es entre dos hermanos que se reencuentran. No hay reconciliación, tan solo formulismos; es la historia la de un tipo necesitado de amor enamoradizo a la primera de cambio. Todo un caso. Su reconocimiento literario tardío con los contactos proporcionados por la profesora no le satisfacen ya que para él la literatura está en segundo plano ante su amor no correspondido.
El hilo constructivo tiene algunas desconexiones. El saca de un cajón de cómoda distinto el manuscrito que guardó en otro, ya que cambia de habitación sin que quede explicado ese cambio, o el almohadón que el compra a su chica enamorada, no la profesora sino la que se trajo en el bus, está en el sofá de el apartamento de él y su socio cuando en realidad debería estar en el de la chica, pero esos descuidos no tienen la menor importancia. La escena de la persecución durante del exnovio por medio del gentío en la feria crea el suspense debido aunque no es muy creíble.
La Egodomótica es aquél conjunto de actividades que generan gastos de mantenimiento o ingresos y beneficios directamente determinados por una inercia existencial de consumos y de actuaciones laborantes o creativas. Es la práctica subsistencial directamente determinada por la voluntad usuaria y por el valor de elegir la excelencia al menor costo energético y en particular al menor costo de servidumbres a la industria. El domo es la cúpula que cubre una construcción, y por extensión se refiere a casa; y ego se refiere al tipo de elecciones que hace cada individuo para cubrirse en la vida. Las necesidades fundamentales para vivir pasan por el abrigo y el alimento, aunque modernamente satisfechas éstas, las que se llevan mayores preocupaciones son los gastos derivados de las relaciones y de los desplazamientos, de la cultura y de los lujos.
del conjunto de capítulos de atención económica,la mayor parte de ellos son prescindibles y la menor cantidad son los indispensables. El criterio de prescindibilidad es relativo. Recuerdo que en mi adolescencia decía que el alimento del espíritu era tan importante como el del cuerpo, refiriéndome a que los gastos derivados de aquél: libros, cursos, stages eran tan prioritarios como los productos de ingesta para este. Rescato esa imagen pero no para adaptarla a la actualidad sino para incorporar un nuevo elemento de consideración: los materiales para el espíritu y para el cultivo intelectual por decirlo en terminología pedagógica clásica tienen una garantía de permanencia. Tengo libros conseguidos en la década de los 60 que siguen en condiciones para ser leídos, consultados o releídos.No se puede decir lo mismo de los materiales para la energía corporal. El aliento físico es algo que hay que renovarlo permanentemente a lo largo de la existencia. Un existente está condenado a comer a lo largo de su vida productos frescos mientras que un intelectual se puede pasar la vida entera,incluso, con un mismo libro.
Si extiendo la comparación al resto de capítulos advierto que todos los relativos a materiales incorruptibles pueden conservarse durante mucho tiempo o incluso para siempre mientras se viva. E interpreto que son motivos de diseños alternativos o de cansancio con los viejos los que llevan al cambio de las cosas. Una inversión selecta en mobiliario y objetos de calidad tiene la garantía de elección definitiva mientras que una compra para salir del paso está condenada a ser cambiada a corto o medio plazo. Para uno de los pisos primeros que monté me acogí a una oferta de una empresa que te amueblaba todo el piso a un precio bajo. Sucumbí a la imagen de los acabados de melanina y al aglomerado oculto.Al poco tiempo y coincidiendo con la separación de los convivientes los perdí de vista. La experiencia fue útil para plantearme para otros alojamientos elegir yo mismo los materiales con que hacer armarios y mesas. el criterio ha seguido en mi vida: dos de las camas que uso:una litera de dos plazas y la cama del dormitorio las he construido con madera de pino y ambas son my confortables siendo esta ultima un reservorio que guarda mantas, edredones y sabanas:ideal para un espacio pequeño.Llegué a la conclusión de hacerla tras mirar varios canapés por almacenes, de esos que permiten guardar cosas en su interior y se elevan por un mecanismo hidráulico. Al no quedar convencido por su estructura, su forma y sus materiales opté por construirlo yo mismo, el resultado del cual nos satisfizo plenamente.
Tal posibilidad no es aplicable a todos los artículos. En realidad sólo es aplicable a una menor parte de ellos: los que requieren habilidades mecánicas y se construyen con materiales fáciles de manejar. Pero la mayoría de objetos que más acomodan la vida alcanzan una complejidad tal , que desde el punto de vista del usuario, resulta más práctico acudir a un técnico que tratar de resolverlo por cuenta propia. desde el frigorífico y el resto de electrodomésticos al coche y por supuesto al ordenador pasando por el equipo de música, el magnetoscopio o lector de dvd, el habitante de un apartamento está rodeado de objetos de los que domina,relativamente sus prestaciones, pero que desconoce por completo sus misterios electrónicos. Es así que cuando las cosas se desajustan o desfuncionalizan queda a merced del especialista que le va a facturar por ellos.el problema sería menor si tal especialista tuviera las garantías de serlo. Puesto que muchos se hacen pasar por lo que no son, a menudo hay que pagar dos veces por la misma reparación, eso con suerte.en otras ocasiones un aparato con un problema menor queda desmontado e inutilizado. Es así que el laberinto del consumidor le lleva o a dejar aparatos inutilizados por meses o años por temor al fraude de su reparación o someterse a este y pagar,proporcionalmente, más por un arreglo que por el aparato entero.
La egodomótica organiza los usos de los objetos que proporcionan una comodidad, o una productividad de trabajo, con los propios recursos para su manejo.
No es tan preocupante la cantidad global de gastos en un tiempo medido que se determine, en el capítulo de consumos que sea, como el hecho si tal inversión es amortizada. Es tan patético comprar productos frescos para que se pudran en el cajón de la nevera por falta de tiempo y atención en consumirlos, como comprar artículos sofisticados y no saberlos manejar por no haberlos puesto a punto.
La modernidad de los consumos y el incremento de ofertas técnicas que proporciona el mercado está consolidando la siguiente ecuación doméstica: el numero de objetos crece o puede crecer vertiginosamente mientras que las habilidades para su uso se mantienen estables , o incluso decrecen. dentro de las habilidades de sujeto también se puede añadir el factor de disponibilidad de tiempo. En general tenemos o disponemos de mas cosas de las que tenemos tiempo para usar. La lógica de una existencia digna, cualitativa y rentable no es la que pasa por tener mucho si no tener lo necesario y la que relaciona cada obtención con una necesidad, cada recurso con su uso, cada práctica con una elección consciente. Esa línea de argumentación lleva a la opción minimalista en el vivir y al reaprendizaje de la prescindencia de cosas. De aquí que no se puede comparar el éxito o beneficios de una persona en relación a otra por la cantidad de gastos que genera por mes o por la cantidad de ingresos sino por la lógica de su ecuación privada:entre lo que necesita y lo que obtiene. Evidentemente la lógica del capitalismo y su voracidad en la circulación de capitales objetará esta idea, ya que priorizará siempre la circulación del dinero y la supeditación de la biografía a él. Cuando el dinero es restituido a su concepción original de ser un medio representativo de valor, pero no el valor en si mismo, siendo que este está depositado en los objetos, los recursos y los medios,lo importante no es el tenerlo sino justamente lo contrario: saberse deshacer de él lo antes posible para que su función intermediaria como poder de adquisición se reduzca al máximo posible.
en lugar de esperar a sumar capitales para dejarlos como legado, la gente debería pensar en términos opuestos: llegar al final de la existencia para lo justo con que pagar el féretro y no dejar ninguna deuda pendiente.
La contradicción social en la que incurrimos muchas personas es la de tener nuestros remanentes líquidos como fondos estáticos que se devalúan lentamente y nos tensionan. La cuestión no se resolvería tampoco liquidando todas las cuentas y colocándolas a 0 a partir de materializar las adquisiciones que permitieran. Por otra parte una política domestica de adquisiciones tiene un límite. No se puede estar cada dia consiguiendo cosas porque estas chocan contra el espacio limitativo que las alberga y la capacidad relativa o limitativa para usarlas. A mayor cantidad de cosas en el propio haber mas servidumbre para poderlas manejar todas.
Cuando nos llegan noticias de la pobreza y la supervivencia con déficits de estructuras, medios y alimentos de otras partes desfavorecidas del planeta nos convierte en cómplices involuntarios e indirectos de aquellos estados en tanto que privilegiados de las partes favorecidas del mundo. Pero la contradicción social del rentista no desaparece aunque se deshaga agustiniamente de todos sus líquidos porque seguirá permaneciendo en un lugar favorecido en relación a aquellos que ayuda.
Después de la opción puntual de acometerla, queda la cuestión pendiente de vivir de acuerdo con la conciencia de respeto a la vida y no sacrificar el tiempo personal en procesos alienados de producción y consumo. Seguir ambos principios da la base propiciatoria para vivir con arreglo a uno mismo sin dejarse manipular por el sistema.
La egodomótica es una herramienta conceptual que permite prescindir de las dinámicas dominantes del mercado colocando en los parámetros de uno y su seguimiento la verdadera estadística existencial desmarcándose de aquellos estudios de consumos que vinculan a los grupos financieros y empresariales que valoran progresos sólo en función del incremento anual del PIB y de la rentaperCápita. Contrariamente el progreso de la calidad de vida no necesariamente pasa por un incremento anual de los gastos por capítulos, si no a veces justo por lo contrario: por su decremento. Aprender a vivir con menos proporciona más condiciones personales para gozar más lo que se mantiene. Así mismo aprender a vivir con menos dinero lleva a cuestionar los precios abusivos y a priorizar los espacios razonables y no desbordantemente lucrativos. por el contrario tener superávit de dinero para gastos lleva a no cuestionar los precios, tanto porque hay dinero sobrante para enfrentarlos, como porque de cuestionarlos uno pude ser avergonzado por medir el último céntimo.
La egodomótica contempla los gastos de cada capítulo desde su punto de vista real y no como una operación de intercambio que pasa por el cheque o el billete. Es así que cada objeto con el que una persona usuaria o consumidora establece una relación puede ser tratado,desde el punto de vista de la adquisición, de cuatro maneras distintas: una por medio de la compra; otra, porque se consigue implícitamente sin pago, sea por que ha sido regalada o incorporada al propio parque de recursos; una tercera,porque se consigue por medio del trueque, del reciclaje o del trabajo que es pagado en especie y una cuarta por ser conseguida fraudulenta o ilegalmente y no es pasada por el pago. La mayoría de la gente sólo mide sus gastos en el primer grupo pero casi todas las personas se benefician de cosas que no pasan por la mercancía dinero,y son incluíbles como ítemes de las otras tres columnas. A menor poder adquisitivo mayor uso de las éstas: desde los reciclajes a los pequeños robos en establecimientos comerciales o a la picaresca de no pagar consumos y servicios comprometidos. La verdad económica de un grupo de consumo o un consumidor aislado es la cantidad de gastos explícitos (monetarios) e implícitos (que han sido realizados indirectamente por otros)genera. Puesto que objetivamente la sociedad del despilfarro deja muchas cosas pagadas y abandonadas por la misma lógica de las alienaciones al consumo, un superviviente urbano puede gastar un porcentaje bastante menor de todos los gastos de los que se beneficia.
Cuanto mas necesite usar su casa o su espacio, más coste deberá dedicar a su mantenimiento, mientras que cuanto más pueda usar recursos institucionales e infraestructuras públicas como centros deportivos o bibliotecas o salas culturales, menos gastos directos tendrá. Una ciudad ideal es aquella en que sus ciudadanos cuentan de sus privacías para el reposo, la intimidad y el aislamiento y pueden acudir a sus espacios compartidos para hacer todo lo demás: deporte, comidas, reuniones, conferencias, congresos o producciones. De ahí que haya quien apologice por apartamentos de 30m2 como espacios suficientes en ubicaciones urbanas que proporcionan todo lo demás. La historia del cobijo es también la historia del modo de interpretación que han tenido los humanos de su lugar en el mundo.Se necesita tanto más cobijo cuanto mas parapeto se quiere poner con el mundo exterior y más ostentación se desea exhibir. La egodomótica valora más el cobijo y su mantenimiento en virtud de sus funciones que no de su apariencia. He comprobado a veces como grandes casas resultan menos prácticas que otros apartamentos menores . Lo mismo se puede aplicar a cada objeto. Su forma está supeditada a su función. Lo valorable de cada cosa es la potencialidad de actuación, utilidad y goce que permite y no su sello de marca.
La egodomótica se maneja como una autorevisión de balance mensual y anual para documentar las tendencias de uso y consumo de quien se autosomete a tal análisis. Arroja la verdad simple de que es posible vivir con mayor dignidad y menor cantidad de dinero porque simplifica la relación entre ambos factores.Y una segunda verdad: de que a mayor tiempo de dedicación energética a servidumbres externas mayor alienación personal y menor goce existencial. Es así que la egodomótica puede apologizar una simplificación de recursos a favor de una maximización de resultados en cada elección incorporada al ser.
En cuanto a cada capítulo de gastos y mantenimiento necesario para vivir con ética, elegancia y suficiencia, varios experimentan un decremento concreto en cuanto hay una acumulación de la que se puede abastecer necesidades durante largos períodos. Por otro lado la ojeado superficial de los gastos en cada uno permite hipotetizar la clase de vida que se está llevando y el tren de consumos que se sigue. De todos modos estos oteos no son definitivos, puesto que unos meses o incluso unos años pueden experimentar una mayor cantidad de compras y otras menos. En realidad algunos de los capítulos de gastos a la larga pueden cesar como tales. Lo cual lejos de tener que ser interpretado como un periodo de privaciones coincide con una etapa de vida colmada. en la que afortunadamente el sujeto usuario puede ver vistas mermadas sus economías e ingresos líquidos coincidiendo con su etapa de vejez y de pensiones.
Lo que da estilo y elegancia es la armonía con las cosas seleccionadas de las que nos rodeamos. después de toda la vida de estar manejando cosas y recursos se diría que una persona lo que menos necesita para su tranquilidad son los panoramas multitudinarios bastándole lo preciso para cada momento concreto.
com pose podrá comprobar en cada capítulo económico, el perfil completo de su envergadura es solo posible sacando medias anuales. Ni siquiera un mes es un indicador definitivo ya que cada estación genera una necesidades distintas y permite posibilidades diferentes.
El balance de cada año da una idea más aproximada de cómo la egodomótica permite vivir por debajo de las necesidades económicas promedio de una clase social determinada consiguiendo una exquisitez por encima de quien las cubre con más dinero.
Neologismo con el que propongo indicar una concepción alternativa de la relación con los gastos supervivenciales.
Los dos que uso en paralelo en los últimos años me da la siguiente paradoja:el de 50 metros cuadrados me permite dos funciones más que el de 90.
Egodomótica es un constructo que relaciona al ego como envergadura de usos y el espacio domótico o casa como envergadura de recursos. Es todo lo relativo al yo económico, el homo economicus y sus estrategias de supervivencia y desarrollo material. Es el concepto con el que puedo medir todo lo relativo a una financiación existencial.
Cada persona independientemente de su ubicación, geografía, cultura y época necesita energías para vivir por las que tiene que trabajar o pagar.Cada una de las fases de su secuenciación existencial de prácticas de consumo encuentra una equivalencia en cifras económicas.
La Egodomótica es el diseño privado que permite hacer las cuentas de gastos y obtenciones y que se aparta radicalmente del modo clásico de las contabilidades domésticas. Por lo general una cuenta de gastos solo tiene en cuenta las operaciones monetarias en las que queda patente la transacción de unas cantidades por unos servicios o cosas y las obtenciones o rentas, también líquidas, con las que acometer aquellas. La egodomótica parte de un principio no monetario pero que puede tener su expresión en dinero. Todo el mundo, con o sin capital disponible, en una economía capitalista o primitiva vive una vida económica en el sentido de que ecologiza su existencia con su entorno para sacar recursos con los que continuar intercambiando experiencia y energía. Una conciencia egodomótica permite a un consumista saber la verdad de los efectos consecuentes de sus actos de consumo, la verdad real de sus necesidades que le permite tomar distancia de la verdad aparente y corregir sus sesgos conductuales para vivir una vida más simplificada y más feliz.
La egodomótica demuestra entre otras cosas que se puede vivir con un mínimo de dinero e incluso sin dinero, siempre que haya una actividad despierta para obtener recursos supervivenciales fundamentales. Sea cual sea el tipo de obtenciones líquidas regulares siempre hay una fuente obtencional implícita demostrada a partir de las cosas conseguidas que en su momento tuvieron un coste pero que en el momento de la obtención estén tal vez despreciados y sean reciclables o regalados.
Hay artículos cuyo pvp empieza a devaluarse al dia siguiente de su adquisición.su valor de cambio en el mercado decrece aunque su valor de uso pueda seguir aumentando. Hay libros subrayados por los que no me darían nada en dinero por ellos y que sin embargo estimo mas que sus mismos títulos en ediciones posteriores mas refinados. Aquellos tienen mi impronta, las marcas de mi trabajo, mis subrayados y una cierta áurea emocional ademas de mnemótica en relación al momento en que fuera adquirido o por quien fuera regalado; éstos, las nuevas ediciones, posiblemente tienen precios actualizados y abultados y una reimpresión mejor. El valor de cambio de aquellos ha caído en picado en relación al de estos en cambio su valor de uso ha aumentado que incluso no es impugnado por el hecho de nuevas ediciones revisadas y con prólogos no contemplados en la mía. El ejemplo puedo traspolarlo a otros muchos artículos. Prácticamente todos. el mercado produce a diario novedades de diseño industrial que sin duda superan las vajillas, las mesitas o las camas que tenemos, pero el valor de cada una de esas cosas viejas es mayor que las series nuevas con las que no tenemos un vínculo personal.
Mientras el valor de cambio es interrelacional y vine determinado por la clásica ley de la oferta y del demanda del mercado , el valor de uso es intrarrelacional y subjetivo y vine marcado por el valor práctico que para uno tiene una determinada cosa que no tiene ni porqué ser reconocida como útil por otra persona. Consiguientemente es esta subjetivización y no los precios de mercado los que pueden determinar el valor de una cosa dada. Algo que me ha costado 1, con el paso del tiempo tal vez no lo cambiara ni siquiera por el valor de 10 no ya porqué su antigüedad lo hubiera convertido en una reliquia muy buscada sino por la imposibilidad de sustituirlo o encontrarlo por su falta de existencias si me desprendiera de ello.Y en el extremo contrario otro objeto de precio 1 no sería incambiable ni siquiera por 0,1 con el paso de los años no ya porque hubiera perdido su valor práctico sino por su depreciación en el mercado. Esto pasa continuamente en el mercado librero de ocasión aunque en justicia hay que decir que los objetos únicos tienen a valorarse como antiguallas.
La predominancia del valor de uso de una cosa por encima de su valor de cambio está en la base de una nueva concepción del uso y consumo de los objetos y es lo que puede contener las ansias inversoras en las cosas por razones especulativas devolviendo la dinámica de las adquisiciones a su papel natural y primitivo de cubrir necesidades inmediatas o potenciales. La egodomótica pues no está pensada como instrumento empresarial o bancario para hacer circular el dinero con aquellas cosas que experimenten más subidas. Antes bien, está pensada para sacar la mayor potencialidad de efectividad a cada consumo priorizando la calidad a la cantidad y la elección singular y selecta a la plural y gigantesca.
Una vida con parámetros egodomóticos empieza desde antes de montar las listas concretas de compra. En cualquier lugar y espacio donde estamos pronto es observable la poca sensibilidad domótica empleada en la construcción de edificios, ajardinamiento de parques o procesos de montaje y manufacturas de las empresas. Afortunadamente en los últimos 25 años gracias al ecologismo militante y a un sensibilidad creciente sobre los recursos limitados del planeta se vienen desarrollando prácticas y articulando directivas para economías mas sostenibles. La sostenibilidad es el gran concepto de entremilenios que ha encontrado eco en una mayor cantidad de voces.
La egodomótica es un instrumento de concienciación de una financiación supervivencial y existencial sostenible, entendiendo la sostenibilidad para cada caso personalizado en la posibilidad de vivir una vida de calidad y digna sin caer en las trampas de la ansiedad, los trastornos de personalidad, las debacles y las crisis.
Hay una estrecha relación entre el modo de administrar la subsistencia y las patologías que se engendran por una inadecuada psicología ambiental que no contemple la armonía y la dicha existencial.
Como se pude comprobar en el modo de tratar cada capítulo de consumo toda persona puede seguir una vida egodomótica y feliz independientemente de su cantidad de recursos monetarios en cada momento e incluso de si tiene garantías o no en tenerlos.
Después de casi 30 años de seguir este tipo de cálculo he comprobado las siguientes conclusiones:
1ra.Seguridad de obtenciones. Siempre hay obtenciones con traducción económica indistintamente de los trabajos que puedan tenerse o la cantidad de ingresos. Esa comprobación,aparentemente inexplicable, crea una certeza de continuidad con el sistema sin caer en las angustias del qué pasará mañana o de qué viviré después.
2da.Reducción de lo necesario. Siempre se puede vivir con bastante menos de lo que se cree. El cálculo es en función e las necesidades a cubrir de un modo fáctico no de las especuladas o las artificiales. siempre se tiene más de lo que realmente se requiere.
3ro.Garantía de gastos implícitos. La traducción económica de recursos con pagos indirectos, implícitos o comunitarios puede igualar e incluso superar a los pagos directos con capital propio.
Cada cosa conseguida tiene una contraprestación distinta según sea el modo y lugar de conseguirla.
Los distintos capítulos de gastos son contemplados desde la cuádruple perspectiva de distintos modos de haberlos hecho:en metálico, implícitos, por truque o por restitución. Por lo general solo hay conciencia de los de la primera columna. La gente sabe lo que gana en dinero y lo que gasta también en dinero pero no tiene ni remota idea de aquello por lo que consume y no paga o los gasto que genera en otros y por los que no se entera. También al revés: se pueden producir ganancias en otros de los que ni siquiera nos enteramos sin que pasen por actos solidarios o regalías concretados en unas determinadas sumas.
Metafórica y realmente se puede afirmar que una existencia tiene un gasto. La vida es cara incluso, se nos dice o decimos, y el significante de no tener nada con qué costearla nos aterra tanto que hay quien es capaz de hacerse esclavo antes que digno aunque pobre.
Las practicas de consumo pasan por un enfrentamiento continuo y diario a tickets de compras y facturas de servicios. En la documentación biográfica de una persona hay un montón de operaciones bancarias a partir de las que se puede intuir sus avatares y vaivenes, sus deseos que no pueden ser comprados y los que sí han sido pagados
En el salto de los agros autosuficientes y las casas rurales patriarcales a los núcleos industriales a cambio de salarios garantizados se dio un fenómeno imparable y altamente atractivo pero nunca se podrá contar lo suficiente la cantidad de pérdida de libertades individuales que aquello supuso. Hay quiénes continúan en situaciones de pastoreo, aislados en las montañas y con opciones neorrurales pero si siguen los viejos y tradicionales métodos de trabajos de sol a sol no convencen ni seducen a nadie.
Los procesos de industrialización y las grandes aglomeraciones urbanas nunca podrían ser explicados sin el atributo individual de cada emigrante que buscaba la seguridad material frente a las inclemencias y variables añadidas a sus situaciones rurales. Quien siguen anclados en situaciones del tipo anterior son vistos por el resto social como atrasados unos y locos los otros. La libertad de quien gestiona su tiempo y sus recursos no tiene precio sin embargo y siguen teniendo una cierta aureola virginal. El desprecio tácito de no pocos sectores urbanautas frente a la gente de provincias tiene un correlato: una cierta presunción e prepotencia de los paises mas industrializados y mas consumistas frente a los habitantes de otros paises miserables y a su vez la codicia de estos por hacerse ciudadanos de aquellos. La diatriba entre ambas realidades no quedará nunca del todo resuelto hasta que haya una recuperación de un cierto tipo de tradiciones:las de las ventaja de la naturaleza limpia sin las desventajas de sus imprevisiones.
Entretanto un modelo económico autogestionario sea cual sea la ubicación topográfica contemplará los cuatro tipos de dimensiones de gasto que corresponden a un sumatorio virtual de los ingresos totales. Estos son la suma de las entradas monetarias mas las no entradas como tales pero si la adquisición de productos y servicios que van a ser consumidos.
La base intelectual de este mecanismo de cálculo parte de la idea de que todo ser que necesita intercambiar energía con su entorno genera un proceso económico. Tal proceso mantiene un equilibrio medioambiental si por cada unidad energética devuelve otra transformada. Esa definición incluiría a los seres no humanos lo cual incita a pensar que se trata de una consideración loca.
Un animal recurre a las materias primas (que pueden ser frutos de la tierra u otros animales dentro de la escala trófica)que ingiere para vivir y en su existencia deja detritus con los que nitrogenar la tierra y a su vez puede ser carnaza de otros que lo toman por su alimento. El proceso cíclico es elemental. su existencia depende de formar parte de los ciclos.
También el ser vivo recurre a unas materias básicas ,que puede explotar directamente de las gargantas de la tierra o acudir a ellas una vez ya manufacturadas en los puestos de venta o de distribución;con las que nutrirse y gestionar su vida con la cual podrá aportar los resultaos de su energía y su trabajo, sea manual o intelectual, sea en formas tangibles o intangibles.
Las dos realidades incluyen ineludiblemente a todos los seres vivos con o sin intención de participar en el proceso y con o sin conciencia de él.
Tanto la persona que más trabaja como la que menos lo haga comparten idénticamente este ciclo. Las dos figuras son económicas en tanto que intercambistas con el medio.
Regresando al panorama en forma de tétrada de gastos genera una visión más objetiva de la verdad subsistencial de una persona, una comunidad o un país.
El pago económico. Es obviamente todo aquel que aparece como figura intermediaria entre el deseo de compra de un objeto determinado y su adquisición por medio del contravalor pedido, o regateados o negociado, en dinero. Según la pertenencia de clase social y las posibilidades de cada poder adquisitivo ésta es la vía fundamental que proporciona los recursos, llena el frigorífico y paga la electricidad.
El pago implícito. Es el que no hace directamente el sujeto de consumo pero lo consigue porque otros se lo han hecho. Un bebé o un adolescente en situación prelaboral genera un conjunto de gastos cuyos pagos son hechos por otros, por sus tutores. Los planes de ayuda social en sectores depauperados evitan hacen los pagos de aquello que es enfrentado por campañas solidarias.
El pago en trabajo. Es el que se hace en forma de trueque.Es una manera,explicitada o no, de devolver favores o ayudas en forma productiva. El trueque ha ido pasando gradualmente de forma muy extendidas en comunidades y economías primitivas a maneras en desuso o incluso confusionistas. En las interrelaciones personales y de amistad en cambio esas formas cooperantes de pago se dan.Es una dimensión de intercambio aunque no sea pactada o teorizada o ni siquiera hablada.
El pago restitutivo. es la manera considerada como fraudulenta por la legalidad, para restituir aquello que ha sido quitado por la otra parte. Todo consumidor sabe que paga un margen elevado de beneficios al intermediario comercial que le compra un producto y que no pocas veces la baja calidad de los artículos justifica los altos beneficios de los vendedores.Esto junto a adulteraciones y a la deshonestidad comercial creciente ha generado un fenómeno masivo de restituciones espontáneas, -además de las escandalosas en situaciones de agitaciones con asaltos a supermercados- en las que se tiende a no pasar por caja alguno de los productos elegidos para contrarrestar en algo el impacto de la factura final. Los objetos que no son pagados, o son sustraídos de su control para pagar son reductivos de la factura que si se paga y hacen mas soportable la compra. Su suma es otra entrada que tiene equivalencias monetarias claramente sumatorias a las otras.
Estos cuatro tipos de columnas dan la verdad de cada capítulo de gastos y desde luego del global de las obtenciones.
El historial de una terjeta de credito figura en la documentación de la entidad bancaria que guarda tu depósito, las tentativas de comporar cosas incluso cuando no hay fondos para pagarlas.Y una simple libreta de depósito recoge el tipo de cos que se pagan, los ingresos que se hcen ylas extracciones que se quitan., evidenciando con qué se vive y comprobando con que capital se paga la vida,
L´anàlisi de la política és una anàlisi superficial i equivocat si no té els interessos en joc de les parts en interacció. Així mateix l´apología de la democràcia des del suposat purisme institucional és un absurd per raons econòmiques. Perquè funcioni la democràcia té que funcionar una economií social participativa i rica d´acord amb en Crick . Tot i així l´economia no segueix sempre la seva dinámica independentement. El cas de Gates ho va posar de relleu
En darrera instància una democracia integral no sería possible sense una societat sense classes i amb prou justicia per tothom. La quantitat d´actors convoca a anaitzar els que d´ells són els mes principals i separar-los de les coreografíes dels secundaris.
Tot anàlisi d´actualitat - també històrica- xoca contra la possibilitat fàctica de poder dir-ho tot i tractar convenientment cada sub-element. No hi ha tinta per a tot el món, com va dir Pablo Neruda. Una anàlisi cojuntural pot portar a ratificacions conclussives d´alarma i desesperança. Convé advertir d´entrada que el tarannà supervivencial està per damunt dels resultats catastrofistes des d´un punt de vista racional i que la passió sentimental pel cada dia no s´ha de posar en el joc de bàscules de les tragèdies internacionals.
L´anàlisi per la seva condició propia, interrelaciona i a l´hora és interrelacionat per altres que se´n fagin després o se n´hagin fet abans. És complicat circumscriure l´anàlisi a una zona del món, a una geopolitica , o a un país o sense examinar les seves interrelacions. Les àrees privilegiades del planeta ho són per un principi de barbàrie, pel fet del perjudici i el dolor impactat en les àrees desfavorides. Arcadi OLiveras indica como les guerras d´origen causal extern cumpleixen una funció de subsumir els països en llurs misèries. I de pretextar -cal afagir- reordenacions planetàries, intervencions forànies i crear altres focus d´espectacle bèlic per distreure l´atenció internacional.
De l´anàlisi de la historia que ens toca i se´ns força viure podrem deixar un legat ètic i estètic si la utopia és la noció del possible d ´en Herbet Marcuse o el passat d´Octavio Paz . El criteri de no creure en res ni en ningú dels actors principals que ocupen les noticies diàries -atés el poder de les seves directives- empresona les nostres vides a una gàbia d´ignorància racionalment consentida, que no ens servirà de gaire .
Fer un pronòstic de futur és fer una previsió de seguretat malgrat que aquesta més que mai és un mite . La incertesa nidifica a tot arreu.
Per què els Estatat units continúen sent els amos del món? o per què continuen amb la seva arrogància de creure- se´n? Conèixer la vida USA pot fer sospitar del predomini d´una certa estupidesa, tot reconeixent la quantitat de gent amable que s´hi pot trobar pels seus carrers. Michael Moore ho diu sense cap mena de traves. Quan descriu el seu país ho fa sota l´epígraf de l´estupidesa. Michael Moore està esdevenint una de les icones de relleu de la critica a la realitat americana des de dins, després de Charles Chaplin, Woody Allen o Grouxo Marx. És algú que sap fer de la política dramàtica la festa. No ha inventat res nou pel que fa a la noció de l´estupidesa humana per molt que ell s´encaparri en focalitzar-la en la raça blanca. Erasme de Rotterdam n´havia fet teoría en l´Elogi a l´estultícia on sostenía que, sense la qual ,determinades accions de la condició humana haguessin estat impossibles, i en Robert Musil en la passada dècada dels 30 l´associava a progrés, talent i esperança. És per això que té tans adeptes. Si als Estats Units hi concurreix prou esupidesa, (no hi ha més que escoltar als governants que parlen) la qual cosa és estensiva a altres estadistes ,cóm explicar que tingui prou força i estratègies de previsió per continuar ocupant el lloc preponderant que ocupa en la correlació de forces? En una part important es perquè Europa li ho continua consentint. Mentre no es posi des del vell continent les condicions d´independència del rol emblemàtic de l´engendre monstruós de la politica exterior estadounidenc el món continuarà sent un lloc de perills i mortandat i de incertesa creixent. A Europa li queda matar -simbòlicament- el pare o deixar-lo de banda en la seva voracitat i seguir-se lligant a la mare, a la resta de les economíes expansives i diversitats culturals de la terra, junt a la recerca científica i tecnològica que li atorgui autonomía.
Bernard Crick, assagista britànic La defensa de la politica (1962) “La democracia no funciona si no hay desarrollo económico”
Bill Gates és el nom de la revolució econòmica i tecnològica. Fundador de Microsofot. Acusat pel departament de justicia estadounidenc d´ofegar a la competencia. El seu nom lligat a la poderosa industria que va crear no treu la seva agudesa valorativa del que porta entremans“ La informática es la mejor herramienta que ha tenido la humanidad”. Nota la falta del gran programa que propiciï la informació sense necessitat de tenir que fer res per cercar-la.
Pablo Neruda, Nobel de literatura de 1971. diplomátic, poeta, militant comunista. “No tuve tiempo ni tinta para todos”.
Leonard Cohen, poeta de la veu fosca. El misiticisme li permet afirmar “No hay que ser pesimista ni tener esperanza”. Porta entre els seus dits un comboloi, un abalori greg, que va prendre com herència del seu pas residencial per Grecia anomenat worry beads, Son contes per mitigar les preocupacions. S´ha vist a ell mateix com un ésser reactiu front els succesos socials sense arribar a ser un analista de la societat. “Pienso en mi como en un periodista y en mi trabajo como en un reportaje”. Rere 6 anys en un centre budistsa, va tornar per a composar el seu treball “Ten new songs”. Des de The future (1992) Llur tesi existencial és que els éssers humans som instruments d´una Voluntat que no es la nostra.
terme en decadènica doncs predomina més la segona parte de la paraula composta que la primera. Estem més influits per la politica que per la geografia.
Arcadi Oliveras, Doctor en economia. UAB. En las primeres etapas de desenvolupament económic de tots els països han rebut polítiques de proteccionisme. Les guerras que impedeixen el desenvolupament dels països tercermundistes són determinades en gran mesura per interessos externs , com en els casos de Serra Lleona o Angola.
Octavio Paz. Nobel de literatura (1990). Va considerà que sí hem viscut la fí de les utopíes.
Henry Roth. La seva idea de “No creo en nada” que es pot compartir en el moment àlgit d´una conversa és més poètica que gestionable i conflictúa amb la primera instància de necessitat de viure amb referències.
Joan Fontcuberta (1955->)f otógraf barcelonés. “La seguridad es un mito, un concepto fetiche de nuestra sociedad”
En el seu llibre Estúpídos hombres blancos. Circulo de Lectores. Barcelona 2003
Robert Musil. Sobre l´estupidesa .L´Espill num 12 Universitat de Valencia hivern 2002. p.91
La darrera visita d´Asnar a Busch explicada a la Universitat de Georgestown on sembla que se li fa sempre un espai perquè digui les seves begenades, la justificava tot dient: “he´s my friend “, Sense entrar en el greuje de rebre abans un expresident que un president pel nou mandat.
Assitència social i control de la indigència
La funció assistencial és la de facil.litar unes condicions de dignitat de vida i d’ abastiment de recursos per cobrir les necessitats bàsiques tals com aliment, aixopluc i vestuari. Depèn en gran part del vist i plau d’ un assistent social si l’ expedient que obrirà amb un sol·licitant anirà més enllà convertint-se en una beca de manteniment. En principi, un exclòs laboral sense ingressos salarials ni de cap mena i amb una condició d’ aturat crònic pot, a partir d’ una determinada edat, acollir-se a una pensió de l’ estat. Encara que la llei resa això no sempre tothom que s’ hi pot acollir ho aconsegueix. Depèn de si segueix les passes, es constitueix –es deixa constituir- en expedient i passa favorablement un tribunal. L’ ajut que rep passa per un contracte en el que es compromet a fer tots els possibles per sortir de la seva condició d’ indigència i a seguir les propostes institucionals pel que fa a formació Professional o seguir pautes de recerques de treball. Tant bon punt el període d’ auxili econòmic supera el primer any, el mateix subsidiat pot conjecturar les dificultats per sortir del seu forat de marginat. Probablement, després del primer lustre reconeixerà que té menys condicions que abans per reinsertar-se al món laboral, i amb una primera dècada de subsidiat tant ell com els seus subsidiadors reconeixeran que ni els programes de reinserció funcionen sempre com tals ni ell mateix es veurà retornant a un món del que porta massa temps exclòs. La quantitat de gent sense un rol laboral ni possibilitats de tenir-lo, ni recuperar l’ anterior si el va tenir ni fitxar per un de nou, que ningú li ofereix, és de tal envergadura que tothom sap que el valor estadístic dels aturats només es un dictador de patiment estructural modern del sistema que genera indirectament multitud de llocs de treball, des de la sociologia per tractar d’ interpretar el fenomen. En els despatxos d’ assistència social hi ha gent de tota mena: des de professionals que han equivocat la carrera i en lloc de fer-se policies d’ uniforma han fet aquesta diplomatura sense tenir la menor sensibilitat per tractar amb casos desesperats, fins altres tècnics que un excés de sensibilitat els hi impedeix entendre la diferencia entre la veritat de cada expedient que s’ ocupa i el plus de dramatisme que posa per perpetuar-se en la tessitura de continuar rebent ajuda.
No deixa de ser una bicoca rebre una paga un any rere un altre per la que no s’ ha de fer gaire cosa a excepció d’ anar a unes poques entrevistes amb l’ assistenta que, segons la seva terminologia de despatx, et porta; o d’ anar a uns quants cursos que tampoc serveixen de gaire a excepció de contractar a les empreses que els organitzen.
La tesis de la reinserció social a partir de la rehabilitació laboral està bastant desacreditada si bé descansa en una llei indiscutible: estar en societat passa pel dret reservat a qui te diners per l’ entrada. Dit d’ una altra manera qui no disposa d’ un cert poder adquisitiu cau en la indigència. Les institucions que pretenen reduir el creixement del sector dels subsidiats estan plenes d’ intencions però estan al marge dels processos econòmics. És una curiositat: qui exerceix un lloc de control del subsidiat és algú que ja té el seu lloc de treball assegurat i no coneix tant les vicissituds del mercat laboral. Per la seva banda el subsidiat que en un primer període d’ aquesta condició encara creia en que hi residiria provisionalment no té una il·limitada capacitat per la cerca de feina enfront a les negatives continuades que no el contracten. Tard o menys tard es cansarà de fer una demanda per la que no es escoltat i s’ acostumarà a viure sota mínims en els que fins i tot es possible que descobreixi plaers abans no sospitats tan bon punt es desempallegui d’ un sentiment de culpa per fer de sapròfit de l’ estat, denominació mes exacta que la de paràsit social. Per l’ educador social –eufemisme de reinsertador- que rep l’ expedient d’ un cas amb 10 anys d’ antiguitat cobrant sense treballar no entendrà que aquesta xifra s’ hagi pogut donar tot i estant sota l’ empar legal. La seva funció de control s’ estavellarà contra el subsidiat que ja li va bé cobrar poc però viure més en lloc de trobar una feina ingrata i viure menys. D’ altra banda no cal ser un recercador en tècniques socials per saber que una bona part de subsidiats troben altres maneres compensatòries del seu dèficit econòmic fent favors o intercanvis que li eviten una pila de pagaments. Un anàlisi exhaustiu de la qüestió comparant força casuística potser arribaria a una conclusió temible pel sistema:el subsidiat viu millor que l’ assalariat malgrat les seves protestes periòdiques. Potser és l’únic que fent menys rep més. Ningú es creurà que un subsidiat només viu de la minsa quantitat que cobra. Té els seus contactes, els seus busness, potser petits treballs pels que rep petits ajuts que no l’ ajudaran a canviar de registre però sí a incrementar recursos i experiències. Amb el que cobra un subsidiat a Europa llatina en un mes pot viure un ocupat a Bissau durant mig any. El món es injust, massa. No ho ha deixat de ser menys des que hi ha consciència de les seves injustícies. El mateix concepte de pobresa és discutible, també el d’ indigència. L’ indigent europeu guanya més cèntims que el treballador assalariat a Àfrica. Pel que un guanya gratis l’ altre ha de fer una pila d’ esforços. Independentment de les opinions personals pel que fa a l’atur no reductible els dos protagonistes d’ aquest article: l’ agent social d control i l’ indigent subsidiat, aquest es veu abocat a representar el seu paper per un públic d’ espectador únic. Val la pena que l’ assagi, al cap de vall el que cobra per la representació el compensarà. Pel que fa al rol de l’ assistent ha de passar de les seves pròpies contradiccions ideològiques per poder continuar amb la seva feina i cobrar per ella. De repassar la seva funció i per poc que la pensi se n’ adonarà que la seva potencialitat de reparació de la indigència és nul·la, el fet de rescatar a un aturat de tat en tant no serà estadísticament significatiu. L’ ajut social en el seu conjunt esta dissociat d’ un programa de racionalització econòmica, és a dir d’ aprofitament de la força de treball i recursos humans i re planificació dels productes, quelcom que demana una revolució econòmic-politica d’ envergadura considerable i que poca gent esta disposada o ja a fer sinó ni tan sols plantejar. Hi ha maneres de sabotejar, més ben dit de posar en evidencia les falles del sistema,però que no ajuden tampoc a renovar les perspectives presentant-ne unes altres de millors. L’ afer de Georges Soros ho fa rumiar. Ni les solucions socials passen per anar modificant els components d’ una població flotant d’ atur però aquest com fenomen inextingit, ni el treball per compta aliena és cap alternativa a la felicitat personal en molts casos. Per l’ agent de control social considerar aquest punt de vista el pot portar a la tessitura de renunciar a la seva professió o bé de replantejar-la des d’ una altra mena de solució co-participativa.
La admisión es un antiguo derecho que casi todos los costumbrismos locales terminan por consensuar o aceptar como lo más connatural. Los bares y restaurants convirtieron el slogan de reservarse tal derecho como algo implícito en sus prerrogativas. Ningún mánager de local publico ni la clientela de éste tenía/tiene porque aguantar a intrusos camorristas, maleducados, borrachos o malolientes. De hecho significaba extender al espacio compartido algo que se viene ejerciendo desde siempre en el espacio privado en el que cada cual vive en su casa marcando los límites de quien puede entrar y quien no a ella. Desde el punto de vista tanto de los intereses domésticos particulares como del local público ofreciendo un servicio todo aquel fuera de éticas o de comportamiento social aceptable no tiene derecho a estar importunando a los demás. El derecho a la autoprotección es quitarle al otro indeseable (al rechazable) su derecho al espacio común.
Mirada la cosa desde el punto de vista inverso cada vez que alguien se encuentra con los efectos colaterales de ese reservado derecho de admisión, sea porque hay una barrera que le franquea el paso hasta la playa porque aquello es territorio comunitario pero privatizado, sea porque es un club o un casino para socios, ve restringida su libertad de acción. Tal vez no se pierda mucho pero le tocará buscar otro restaurant donde comer o tomar una copa o donde darse un baño. A nadie le gusta que le barren el paso para entrar en un espacio público como en antaño pasaba en algunas discos que se hacían pasar por chics, por no llevar corbata o zapatos de cuero. Al mismo tiempo vivimos en una sociedad elitista, plagada de clubes y de intereses grupales. Quien no tiene un grupo o un colectivo de referencia puede sentirse perdido en la jungla social.
En el campo digital (con todo su potencial de democracia electrónica) se proyectan también las viejas costumbres por lo que hace a usos de los espacios comunitarios de palabra. Para acceder a ellos se pasa por previos registros y aceptación de las condiciones de uso. Es entonces y sólo entonces que se puede tomar la palabra y dejarla édita para usufructo de quien le interese. Por lo general las condiciones de entrada pasa a ser aceptadas sin ser leídas por suponerlas de pura lógica: respeto, o difamación, o insultas, no utilización de lso textos para campañas o propagandismos proselitistas, no pornografía y algunos otros detalles de este tipo.
Esa palabra admitida lo transporta todo: desde las ocurrencias a las contra informaciones, desde los pasatiempos agradables a los análisis complejos, desde las colas de cometarios a las protestas rutinarias, desde los relatos anecdóticos a los artículos ensayísticos que forman parte de libros. La plataforma que aloja todo eso hace de anfitriona pero se reserva el derecho a mantener insertos los textos ya que custodia un tipo de diseño con lo que alberga en su medio y lo que o competa a su foro o a su visión de lo que debe ser puede ser eliminado sin previo aviso.
La estructura de botones de un foro puede ser similar a otro pero su producción de textos depende de una dinámica concurrencial y también de una permisividad o no por parte de su dirección. La democracia, la tal democracia electrónica, no es neutra, como tampoco lo es la política. Los artífices que la hacen posible con sus plataformas de edición tienen sus ideologías, no son meros técnicos que no reaccionen ante los contenidos disertados u opinados. Además pueden formar parte del juego dialéctico y hasta pueden sentirse afectados por opiniones con las que no están de acuerdo. Nada más fácil que eliminarlas a falta de una discusión frontal y formal con ellas, como siempre se hizo en otros registros anteriores a la era de la comunicación digital.
Si no quieres que te eliminen artículos de un blog público crea tu propio blog privado. Vale, pero es otra cosa. Además hay blogs bien posicionados a jugar por el potencial de seguimiento que tienen (como Periodista Digital con casi1/4 de millón de personas que lo siguen según la OJD). En este blog había insertado algunas docenas de artículos de una cierta extensión con el nombre de NestorEstebenzNogal. En su totalidad pueden superar el tamaño de un libro de más de 50mil palabras. Básicamente son artículos de metodología, psicología y sociología. El ultimo: Del confesionario al copulatorio, sin embargo pasaba al relato irónico haciendo ostentación de mi no catolicismo y arreligiosidad que no oculto. Unos días despues al tratar de entrar de nuevo al foro para seguir participado con mis opiniones me encontré con un aviso de bloqueado mi acceso y que debía contactar con el webmaster. No solo eso al tratar de reabrir los artículos desde el propio buscador de Periodista Digital no permitía abrirlos. Dados los dos detalles y en particular el segundo, pensé lo peor: la censura. Releído el artículo pensé que con una repuntuación revisada es un texto genial y ocurrente que no hace más que mirar bajo los faldones de una iglesia en sus aspectos más utilitarios como infraestructuras que se encuentran en la vía pública. Mis preguntas con 3 notas a webmaster@periodistadigital.com fueron contestadas alegando que cuando se descubre el uso de un segundo nick se suprime el primero sin más contemplaciones. Simultáneamente me enteré que una de las prohibiciones expresas en las condiciones de aceptación para usar el espacio era el no uso de multinicks.
En esta relectura del que fuera mi último articulo, si no quedaba desbloqueado mi acceso, compruebo que efectivamente hay quien puede haberse sentido herido por su texto sin aceptar su ironía y su invitación a la exoculpabilización colectiva de nuestros pecados. Pido disculpas (a uno siempre le toca ser culpable de algo por existencias de rol social) a quien se haya sentido afectado por su critica a la iglesia católica y por la propuesta del reciclaje de los confesionarios como recursos más prácticos para amantes sin apartamento o homeless. Debo decir en mi defensa que nada de lo que dice el texto es mentira (la gente usa los templos en México para ir a hacer siestas y me constan los atrevimientos experimentales de románticos que han usado las iglesias para sus repentinas necesidades amorosas). Pero suponiendo que ese relato no sea publicable por ese contenido –seguiré suponiendo- hiriente para las sensibilidades más pías ¿por qué razón se bloquea el acceso para la edición de otros nuevos? Una pregunta más inquietante: ¿por qué además de bloquear el acceso al artículo último, se bloquea a los cuarenta y tantos anteriores? No me consta que los otros tengan una manera narrativa hiriente, aunque desde luego sí intelectualmente provocativa invitando a la reflexión y al pensamiento.
He pensado en otra hipótesis, si cabe, kafquiana. El último artículo ha proporcionado la excusa ideal para bloquear el resto de la lista. El buscador del mismo Periodista Digital proporciona la lista de mis artículos pero al tratar de abrirlos da por toda respuesta ponerse en contacto con el autor. Despues del bloqueo puede venir su supresión. ¿Puede llegar a ser posible esto? Sí, claro que lo es. De momento con mi acceso restringido a esa plataforma digital que aprecio en su trabajo me siento para decirlo con una palabra elemental, reprimido, con la lengua (simbólicamente) amputada. (¡Si no fueras tan lenguaraz no te pasaría eso!) sospecho que lo que se está reprimiendo es mi estilo: el de una disertación que va más allá de un comentario y que sale de la norma dominante de la nota breve o del artículo de no más de 400palabras. También un estilo con propuestas para pensar que se escapan de la cotidianeidad salvo las referencias anecdóticas parciales como salvoconductos para ilustrar una idea. Así como en el campo periodístico clásico en soporte papel cada centímetro cuadrado cuenta, en el periodismo digital en el que las mediciones son otras en el campo virtual, un texto por largo que sea no pesa más que una foto. Si ese fuera el motivo de mi restricción y bloqueo me pregunto por qué desde el administrador no articula una cantidad limitada de caracteres para cada artículo tal como lo viene haciendo por lo que hace a 2 hilos (inserciones) por día. No conozco las dificultades técnicas para eso, aunque me consta que esos otros foros en los que solo admiten una cantidad restringida de palabras, no facilitan la libre y espontánea contribución debiendo reducir la aportación al centimetraje cuadrado que siempre han impuesto los periódicos y revistas de papel a sus colaboradores.
Resumiendo: entiendo ser victima de un criterio represivo. Eso no es grave para mí (siempre puedo buscar otros foros donde escribir lo que pienso, en los que de hecho ya estoy haciéndolo) sino grave para la democracia electrónica y un mal augurio para su futuro. Puedo admitir en un exceso de tolerancia ante censores que en un momento dado supriman un articulo o un texto, considerado como lesivo para la identidad ideológica de alguien (en el caso del que nos ocupa para los católicos)sea suprimido, pero ahora que lo pienso ni siquiera eso es lícito, a no ser de que el articulo personalizara contra alguien de una forma voluntariamente insultante, algo que me cuido de no hacer nunca, salvo contra los grandes antihumanistas y criminales demostrados de nuestra especie. Si el artículo está inserto en una plataforma de debate lo justo es que sea cuestionado en el mismo espacio. No tengo la menor duda que los antifans que puedan generar textos como ese pueden organizar jugosas polémicas.
Esa era mi manera de invitar al webmaster que (me) explique el motivo de mi clausura públicamente ya que no ha dicho nada enviándola a mi email (lo que habría sido todo un detalle de deferencia). Tal vez mis hipótesis sobre censura temática no fueran más que sospechas infundadas y todo se debiera a una cuestión técnica o de ocupación del espacio. Ojalá fuera eso porque volvería a subrayar la tesis de la democracia electrónica de la que aún no he dejado de hacer apología, pero ese revés me está llevando directamente a revisar mi convicción en este punto. Por el momento estoy en puntos suspensivos ante mi propio discurso. Seguiré con la lucha teórica (la de las ideas, por duras que puedan ser, primero decirlas, después oírlas/leerlas) que es la única lucha posible por un mundo de valores alternativos a las hipocresías dominantes en el actual aunque mucho me temo que eso no trascenderá las cuotas de castigo que se banalizan.
Hay otra hipótesis: el que la supresión de lso artículos sean para su transportación a otra latitud bajo otro nombre. No quiero pensar en que pudiera haber alguien con esas malas artes, pero ¿acaso no es todo posible en ese mundo, incluyendo que sea más liado y peor de lo que ya viene siendo?
No me importaría hacer el mayor de los ridículos con esta reflexión si el web máster afirmara que mi bloqueo solo había sido por cuestiones técnicas pero no ideológicas, pero si es así, ¿por qué bloquear todos mis artículos? Despues de haber hecho toda esa reflexión, razonablemente inducida por los dos bloqueos: el no acceso a escribir y el o acceso (durante unos pocos días) a la apertura de los artículos, que el uso de dos nicks bloqueaba automáticamente el más antiguo. Puesto que desde mi ordenador y por errores de inserción di a entender esta duplicidad de nicks toda la reflexión anterior quedaba, en principio, invalidada y yo solo pasaba a ser un autor excluido con un nick por usar uno segundo. Este segundo asombro aunque lo preferí al anterior (no, no había sido víctima de ninguna exclusión por razones de mis ideas sino por no jugar con las reglas del juego) no evitó que por una semana informara de lo que me había pasado con Periodista Digital al estar bloqueado el acceso a mis artículos. Por su parte el administrador decidió desbloquearlos. Quizás fue un simple error inadvertido Sea como fuere la hipótesis de la censura tocó manejarla. Visto a posteriori quizás fue una reacción valorativa que no tuvo espera. Si la justificación técnica de suprimir un nick por detectar una duplicidad fue la autentica razón eso invita a una pregunta cuya respuesta da lugar a otra reflexión. ¿De verdad que afecta de alguna manera para la profusión del discurso y el desarrollo de un debate temático que un mismo autor utilice dos o más nicks en un mismo espacio? ¿Por qué? Dentro de las posibles consideraciones del bloqueo de artículos tuve que incluir la de que alguien se hiciera con el material para robarlo. También al conocer la razón del administrador del foro del multinick no pude por menos que incluir otra: el recurso a razones técnicas ordinarias como coartada para impedir un acceso de autor. Posiblemente todo este tipo de problemática hubiera sido evitable y habría descargado de trabajo al propio administrador si el programa de inserción de artículos permitiera volver a ellos para corregirlos o incluso suprimirlos a voluntad de cada autor/a. Actualmente hasta donde conozco los foros no lo permiten, pasando a ser cada texto incluido, en la práctica, propiedad del administrador que lo mantiene en su site, ya que el autor no tiene la opción de soft para volver al mismo para ampliarlo, modificarlo o eliminarlo.
Reflexión sobre el recurso a la pedrada jurídica.
Antiguamente te exponías ante el grandullón en el patio del cole a que te dijera “o haces lo que te digo o te pego una hostia”. El problema del que te amenazaba no es que fuera más grande o mayor que tú sino que acudiera a tal amenaza para imponerte su criterio. Era un tarado sin duda pero la ley de la supervivencia y la de la jungla (que ya se extendía a los patios de los colegios) recomendaba que le hicieras caso para salvar el pellejo, Posiblemente esa anécdota daba más saber sobre la vida real de todos los años de escolarización con todas las clases de geografías y mates juntas. Afuera del colegio el escolar sabía que la verdad principal de la vida pasa por las correlaciones de fuerzas, la fuerza que tengan unos y la debilidad que tienen otros.
El mundo ha cambiado mucho y ha ido dotándose de códigos con los que regular las relaciones humanas para vivir con el máximo de concordia. Los grandullones de antes no son tan memos para decirte o haces esto o te arreo, pero acuden a otras formas sutiles con las que preparar sus venganzas: si no haces lo que yo quiero te denuncio. Siempre hay una página de un código civil, militar, penal para empurar a quien sea por lo que sea. Pero resulta que los códigos son armas arrojadizas lo mismo que las piedras o las balas y que se manipulan a conveniencia de usuarios malévolos. A todo ese procedimiento se presta la estructura administrativa de una justicia que no aplica ni puede aplicar porque aun sabiendo que los denunciantes hacen falsas denuncias se prestan al juego no neutralizándolo, ya que a fin de cuentas todo contribuye al negocio (la misma aparatología burocrática para intervenir,-que no solucionar- en estas cuestiones). Siempre es mejor acudir a un intermediario para –por la vía de la palabra- resolver las diferencias que no acudir directamente a la agresión física. Pero –pregunta- ¿Cuál es la diferencia entre una amenaza de tipo físico a la amenaza con la denuncia? Respuesta: cambiar los términos del enfrentamiento para tratar de someter al débil o al infractor. Sí, repito que es mejor ese protocolo que no el del duelo de florete en el parque al amanecer (levantarse tan temprano para morir, o para salvar el honor, uf¡ que tedio!) pero ¿no es sospechoso que la sociedad de querellantes no pare de crecer, por los pingues beneficios que eso supone, y la sociedad siga tan terca en producir conflictos? Sn duda con la gente que participa incorrectamente en los espacios de relación algo hay que hacer. Los filtros antispam de los servidores ya han demostrado que envían por sistema a correo no deseado cualquier nuevo objeto. Antes de sufrir un percance desconfía de todos los mensajes nuevos. Los foros selectos intentan hacer lo mismo tomándose un par de días antes de dar un texto por publicable. Eso es un trabajo enorme ya que hay o habría que tener personas especializadas en la revisión de cada uno de lso textos (algo parecido a lo que hacia Consulta Previa del ministerio franquista de Educación ante propuestas de nuevos libros para cuyas respuestas se podían demorar eternidades). Bueno, de acuerdo hay gente que hace comentarios a destajo insolente, desagradable, cacofónico, inculto, injurioso, desinformados, negativos, lesivos… Todo eso, en si mismo, no es mas que una fenomenología de nuevo tipo que hace de indicadora de cómo esta el patio y con que proporciones se mueve la cultura y la no-cultura de un país. El problema no es tanto del lado de esas entradas inadmisibles como de la misma web que no tiene la tecnología desarrollada para evitar eso. Próximamente el soft detectará entradas gráficas abusivas con repeticiones de la misma palabra como ya puede hacerlo con detectar un mismo autor con distintos nicks o heterónimos a partir de cotejar los distintos passeword (por lo general, craso error, el usuario múltiple utiliza la misma clave de acceso).
Nos encontramos con que hay siempre hay un porcentaje de la participación que esta fuera de tesis o que no participa tanto de la discusión como de su discurso o que ataca en lo personal en lugar de debatir en lo objetivo. En los foros solo pasa lo que también pasa en cualquier otro espacio polémico de palabra. La única diferencia es que el anonimato de ahí ha permitido una liberalidad de las formas que la inhibición de aquí sigue conteniendo.
Amenazar con las leyes por el decir de una persona es muy similar a la amenaza física. La justicia o supuesta justicia ya ha sido definida como un recurso vengativo. Pero desde el lado de la persona injuriada, falseada o atacada injustificadamente ¿qué puede hacer? Hoy dia estar en ese rol tiene sus ventajas económicas. Norma Duval consigue o ha de conseguir algunos miles de euros como indemnización porque un periodista (creo que fue Mariñas) afirmó que era bisexual. Losantos (primer premio a la indeseabilidad del mundo periodístico) ha sido obligado judicialmente a indemnizar con 60mil euros a ERC por afirmar que era terrorista. No sé del uno, pero sí se del otro que lleva muchos años mereciendo no solo este sino docenas de escarmientos de este tipo. Quien tiene la palabra pública puede hacer mucho daño con ella. Lo justo es que pague por el daño cometido. Comparadas las dos noticias de tales escarmientos legales es muy distinto el de la primera afirmación al de la segunda. No sé si la Duval ha hecho performance de insinuaciones bisex o estas solo se han albergado la cabeza del periodista que le ha declarado la condición de tal. No creo que el periodismo se tenga que meter en esas particularidades de la vida íntima de nadie (si alguien lo hace es porque no tiene serrines de mejor calidad entre su frontal y su atlas) pero puesto a hacerlo es un comentario que pone mas en evidencia al periodista que no a la actriz. Si todos los actores y actrices del mundo, también toda la gente pública por alguna razón, se dedicara a examinar lo que se dice de ella y contraatacar denunciando la menor afirmación incorrecta, podrían cambiar de profesión porque ganarían mas dineros con las indemnizaciones generadas que no con sus vidas públicas en sus distintos oficios. La opción es dejar que el periodismo – o un tipo de periodismo- viva de eso, de levantar falsos testimonios o de explotar extraordinariamente los levantados por otros. Tampoco hay para tanto si alguien afirma de alguien que es tal o cual cosa. La verdad resplandece por sí misma y prevalece ante cualquier denominación que se pueda hacer falseándola. Pero no todo el mundo está dispuesto a aguantar cantinelas de usuarios abusivos de la palabra que no respetan la privacía ajena o sencillamente propalan mentiras. La mentira es un delito grave, claro que depende de la envergadura de cada mentira concreta. Una curiosidad añadida es que la sociedad de las mentiras se permita por la via de los agentes que representan unos códigos y la fuerza para imponerlos sancionar a alguien por mentir. Como siempre, repito, depende de las implicaciones y envergadura de cada cosa. Lo mejor es hablar desde la hipótesis disertativa y no desde la afirmación rotunda. Ir a clases nocturnas para resolver esos puntos de sus gramáticas tanto a un periodista como al otro seria el consejo más amable, aunque en mi opinión el segundo lo menos que merece es que se le retire el derecho a la locución público en cualquier medio periodístico. El ejemplo sirve para ilustrar que sí existe gente concreta a la que hay que negarle la palabra después de hacer un uso intoxícate de ella un año tras otro. Pero quitarle la palabra a alguien crea problemas éticos a toda la sociedad y además problemas de sondeo. De una parte no están claros lso criterios para definir exactamente eso: a quien hay que quitársela. De tenerlos, además, generaría una sociedad con dos grupos, los que pueden hablar en voz alta y los que no (ahora la división es entre hablantes que hablan por los codos sin decir mucho, hablantes que saben lo que dicen y no hablantes inhibidos porque no quieren serlo). Esa división, la de los que tienen derecho a la palabra y los que no, lo mismo que lo que tienen derecho al voto con los 18 cumplidos y los que no porque no se les considera con suficiente potestad intelectiva para ejercer ese derecho, sería sin duda mucho peor que la división de clases que ya de por sí resulta bastante injusta.
Así que detrás de la amenaza legal para corregir a los que hacen uso incorrecto de su espacio público se puede generar toda una configurar de sociedad sub-participativa por temor al decir. Claro que mientras hay gente que barrida del espacio público es un respiro de la sociedad, otra, que de aplicarle tal medida, es como amputar la voz de la sociedad. A quien excluir y a quien no, esta es la cuestión. Tomemos el caso Losantos de la Cope. Mi enemistad con él y su ideología procede desde el primer día que escuché una de sus peroratas radiofónicas. En mi opinión un discurso como el suyo es anticonvivencial y carga los cañones de los linchamientos, Para decir lo que dice es mejor que calle pero con ese deseo estoy obligado a añadir otra consideración: tiene su público, es el ídolo audiométrico de una escucha que pueden ser miles o cientos de miles o millones de personas, no lo sé. ¿Muy bien si toda esta gente se complace con ésta escucha por qué privársela? En mi opinión que siga con su consumo y si puede ser confiturado mejor. La noticia de que un reciente video mas visto en youTube es el del dedo de su hermanito mordido por un bebé con 66millones de visitas (la mia entre ellas), un porcentaje importante si hay (¿cuantos internautas hay? La ultima vez que consulté ese dato era de 100millones) pone al desnudo la inconmensurabilidad de la cifra. Algo muy, muy visitado, es un indicativo de que en lugar de ser algo extraordinario es el ensalzamiento a lo ordinario.
No hay mayor exclusión de una persona que dejar de escucharla. El problema no es legal: el de censurar a tal o cual voz sino de una parte de la sociedad que se complace en escucharla. Lo mismo se puede decir de todos los demás productos de consumo, tanto para el sistema digestivo como para la ingesta intelectual. Hay muchos productos en circulación en el mercado, nefastos y denunciados, que sin embargo se siguen consumiendo. Cada cual tiene que cualificar su vida haciéndola lo mas excelente posible para ponerse a salvo tanto de los comestibles lesivos para la salud como de los discursos lesivos para la mente. Quien no opte por eso que se rehogue en las salsas que quiera. Eso, la excelencia personal, no se logra con normativas de un administrador sino con la evolución intelectual de cada cual. Esa evolución es la que lleva a la auto moderación de un lado en el propio decir y a la exclusión del decir ajeno cuando es considerado irrespetuoso y destructivo. Con no leerlo basta. La ventaja de los nicks asociados a los insultos es que basta con saber del palo que van para no leerlos más. Si se siguen leyendo (ahí están las estadísticas de registro de vistas) representan la existencia de un tipo de haceres o formas de actuar y de vivir. Prohibiéndolas no arreglamos nada. Las alcantarillas están llenas de suciedad pero no por taparlas dejan de estar ahí. En resumen la amenaza legal puede ser de tan mal gusto como la amenaza del prepotente. ¡Cuantas injusticias se han cometido históricamente en nombre de la ley! Además, no existe una sola categoría de ilegal como tampoco existe una sola de legal. Dentro de la más impune legalidad estamos sobrados de conductas éticas y a la transgresión y al pensamiento evolutivo se le criminaliza metiéndolo en el mismo saco de la ilegalidad que a los atracadores y distribuidores de droga.
El tema se las trae y cabe augurar que el crecimiento del boom internáutico lo excitará como debate crucial. No está garantizada para nada resolución consensuada del tipo: libertad total para la palabra. Tan pronto se decidan gestores y vigilantes de su uso, se la coaccionará de un modo u otro. Eso nos llevará a los escritores al lugar de donde, en realidad, nunca salimos, el de la autocensura. Escribir para complacer no para pensar en voz alta.
¿Por qué será que ese tipo de amenazas, las unas y las otras, no hacen más que empujar a un nuevo tipo de clandestinidad? Hoy día dar el número de cuenta bancario a quien sea ya es tan arriesgado como dar el nombre legal. Si de lo que se trata es de dar informaciones y opiniones, no hace falta pasar por el cv ni con datos reales en los registros. Cada vez que das tu nombre a alguna clase de agente o medio por un requisito burocrático, tarde o temprano tu nombre puede ser usado contra ti mismo. ¿Desconfianza? Sí, total y absoluta, general y extendida salvo a excepciones muy contada en los círculos de relaciones personales y directas.
En un tiempo de delirios mesiánicos conocí y hasta participé -con mis dudas sí pero participé- de una visión de partido que venía a decir todo el movimiento social era la expresión de un gran bloque histórico intrínsecamente aliable. Era una teoría más bien simple que quería procurarle aliados a un movimiento obrero insuficiente para el gran cambio social que debería protagonizar. Fue presentada la tesis bajo la rubrica de un anti capitalismo seguro que iba a alumbrar una nueva sociedad humana. Un vocabulario ad hoc para preparar la ensalada fue puntualmente proporcionado: los obreros estaban llamados a cumplir con su rol histórico y los pueblos a librarse de la tiranía de los estados. Todo eso sonaba muy bien salvo que fallaba por lo más elemental: nunca hubo un movimiento social unitario permanentizado más allá de las coyunturas para acabar con un régimen político. Los grandes movimientos de masas que se caracterizan por un cierto interclasismo son muy puntuales o coyunturalistas y están contra una forma de régimen política más que contra una estructura de sociedad. Esa evidencia incontestable viene manteniendo los giros de la historia entorno a cambios más aparentes que rotundos por mucho que los tiranos caigan –pero se sucedan- al no crear alternativas de transformaciones de fondo. El desiderátum revolucionario siempre fue entendido de formas volubles. Se convertía en proyectos de minorías apoyados por mayorías que esperaban otra cosa. Algunas de las grandes revoluciones del siglo XX no pasaron de ser golpes de efectos minoritarios. La famosa revolución rusa no fue mas que un fraude en el que en una breve situación de doble poder (de algunos meses) fue aprovechada para tomar la duma y acabar con Kerenski en lugar de desarrollar un proceso lógico y crítico que lo desbancara por la fuerza plural y no por la toma armada de los palacios.
En un momento histórico dado en que una minoría e incluso una mayoría básica pero no máxima precipita un cambio histórico puede encontrarse que las fuerzas retrógradas sigan pugnando en el nuevo modelo por volver al ayer. Los casos históricos de contra-revoluciones se han repetido suficientemente. Por si fuera poco el XXI consolida mas las formas de derechas apoyadas por mayorías sociales (Bush en los USA, Nikolas Sarcosi, un Le Pen enmascarado, en Francia) que no quieren oír hablar de otro mundo mejor sino de seguirse perpetuando como clases preferentes en éste. La gran contradicción que hace girar el motor de la historia no es ya la de las clases oprimidas en contra de las clases opresoras sino la de cada individuo en contra de su entorno que lo asfixia como persona. Es la lucha del yo contra el otro el que pasa a primer término y lo que puede desarrollar procesos evolutivos. Y es la no lucha del individuo contra el medio reaccionario lo que permite la perpetuación victoriosa del inmovilismo y de la miseria.
El problema de cambiar el parámetro de la clase objetivamente interesada en revolucionar las cosas (una falacia desde hace varias décadas) al parámetro del individuo-potencia, es que este se queda sin grupo al que acudir como aliado incondicional para sus desarrollos. Su lucha contra el otro significa su actitud crítica contra la sociedad en su conjunto, por tanto contra las demás personas, sea cual sea su condición económica, social e ideológica en tanto sean eslabones represivos para el desarrollo de las libertades. La terrible presunción de tal parámetro es que el individuo se enfrenta a la sociedad desde los espacios más inmediatos: la familia, los amigos, el cónyuge y no solo desde los grupos de inserción obligados: escuela, servicio militar obligatorio o trabajo.
El individuo crítico es la condición necesaria e indispensable aunque no única para ser persona y crecer. Lo más probable es que los individuos que opten por la ignorancia y la negación de verdades lo obstaculicen de una manera u otra.
Las sociedades expresan sus distintas subrealidades en formas diversas de asociacionismos y de programas. Para el esquema Mao bastaba distinguir en una sociedad de campesinos quienes estaban dispuestos a llevar una revolución hasta el final y quienes tenían suficiente con unas reformas básicas. Para las complejas sociedades actuales en que los explotados se han convertido en cómplices de sus explotadores no quedan ya tan claro quien es quien. Siempre hay un criterio fundamental para saber si quien tienes a tu lado es amigo o enemigo por lo que a ideas y evolución se refiere aunque no es hasta participar de coyunturas que obligan a una radicalización en las que cada cual revela su verdadero rol. Puede suceder que conocidos y familiares con los que se puede tratar socialmente con una cierta beatitud pasen a ser los que estén al otro lado denunciándote o disparándote en una situación de guerra civil, tal como varias historias de varios países han demostrado.
No es hasta que toca precisar objetivos si la cosa pasa por la alianza o por la polémica veleidosa. Con el esquema marxista había enormes dificultades para tratar de comprender conductas traidores y las opciones de tantos esquiroles, confidentes y vendidos al mejor postor con los que los movimientos reivindicativos han tenido que bregar. Cada movimiento de lucha ha sufrido enormemente con aquellas personas que a pesar de ser objetivamente defendidas por esos movimientos preferían delatarlos o ponerse del lado contrario. Lo que toca valorar de cada individuo como posible aliado para un proyecto social no es su condición económica de miserable o de excluso sino su capacidad creativa para brindar su colaboración en aquel. En un tiempo en que nadie cree en nadie y en el que las alternativas votadas son las reaccionarias los proyectos de grupos que hablan de otro mundo humano con otros valores son sencillamente tomados como delirios. Los movimientos populares, que puntualmente un punto de vista triunfalista definía como aliados objetivos de la clase obrera y de sus supuestos intereses revolucionarios, han dado lugar a una amalgama de reivindicaciones de todo tipo, unas veces complementarias pero otras opuestas entre sí. Hubo una precipitación en entender que había el mismo significado de lucha entre un movimiento de barrio para mejorar las condiciones de habitabilidad pidiendo el soterramiento de una autopista o una vía de tren con el del asalariado pidiendo mas salario por su trabajo, con el feminista pidiendo mas derechos para las mujeres. No, las concomitancias estuvieron mas en lecturas intérpretes apresuradas que en un espíritu compartido a favor de la transformación de las cosas. Lo que parecían diferencias expresivas de un combate han sido con el tiempo diferencias antagónicas entre combates distintos. Eso explica que en un momento dado estructuras asociativas como las de las AAVV se puedan convertir en agentes de un sistema social contra el que en un principio empezaron, aunque tenue y n otan reflexivamente, a organizarse. Se da el caso que los grupos mas instalados en el hacer diario y en un plan de acción aunque este pase por conseguir mas farolas o farmacias para un barrio no comprendan otras acciones mas instaladas en el discurso revolucionario como el de las plataformas emisoras de contra noticias y por la impulsión del debate social. Ante cierres como la ELO (asamblea de Radio de Orcasitas) tras 23 años de emisión dentro de la radiodifusión libre de Madrid solo cabe teorizar a ese otro difuso y general, procedente de los propios compañeros de edificio y de luchas, como el enemigo que más obstaculiza.
Lo mas grave cuando te echan no es tanto el hecho de la expulsión como el agente de la misma. Hoy en día el movimiento social está tan cuarteado que surgen los verdaderos roles de los que eran nuestros compañeros de viaje o, supuestamente, de lucha. El asociacionismo de barrio con el que compartíamos manifestaciones en las calles, lo mismo que los sindicatos de trabajadores más fuertes, se han convertido en los mejores aliados de ministerios y estructura de estado para acabar con las voces libres. No hay nada mas intolerable para los amos de las mordazas que haya gente que emita con voz propia y distinta. Claro que sabiendo esto cada proyecto tiene que garantizar su sustento y lo básico que requiera en cuanto a infraestructura no contando con donaciones inseguras o recursos efímeros. Las plataformas para las voces criticas y progresistas son –o deberían ser intocables- pero la verdad es que del boom de las emisoras libres de hace unas décadas los últimos testimonios que fueron prevaleciendo no han creado nunca un gran polo referencial, sea por sus limitaciones de potencia difusiva o por su propia falta de programa. La lucha contra la sociedad significa también la lucha contra quien hasta hace unos días era tu aliado y deja de serlo porque deja de aceptar tu proyecto o cree que escribiendo o recitando no haces sino el vago y que lo único que cuenta es el aumento del poder adquisitivo o una ciudad más limpia. La lucha por el resplandor de los deseos revolucionarios de todos modos no necesita tantos apoyos. Una carpa en la plaza publica, la conexión eléctrica prestada por un vecino y una antena móvil pueden seguir permitiendo trabajar. El peor enemigo es convertir en derrota definitiva la represión puntual.
De acuerdo es una palabra culpabilizadora y no es la más precisa pero todo el mundo entiende lo que es una persona mala. El malo es el que estropea la realidad. Es el tipo desconsiderado que disfruta creando problemas a los demás. Es el que ataca unilateralmente, el que odia sin justificación alguna, el que destruye, el que saborea, el que envidia a los demás. Hay muchas clases de maldad y de malos. Debería convocarse un congreso de demonología para definirlos en sus distintos perfiles. Aunque dudo que la maldad sea por influencia de demonios: los humanos tienen suficiente degradación encima como para superarlos. Dejando correr la imaginación, este hipotético congreso es posible que produjera varios volúmenes equivalentes a los listines telefónicos de las ciudades más populosas del planeta. La masificación de la maldad no impide su identificación.
En distintos momentos de la historia se ha tratado de denunciar a los malos a rabiar. En la época internáutica existe ya la posibilidad de denunciar a alguien con su nombre y apellidos demostrando la autoría de sus fechorías. Es –o eso quiere ser- una forma de presión para destituir cargos públicos (como el personal español de la embajada en Malabo denunciado por la plataforma Españoles de Tercera) que se dedica a actuar mafiosamente o poner en evidencia las irresponsabilidades de empresas y comercias con los productos que manejan o advertir de fraudes en toda regla como los impostores de la Loto nacional londinense que pretenden que te ha tocado un premio millonario y a cambio te piden un anticipo para los gastos de envío de aquel (increíble pero cierto y a pesar de todo hay gente que pica).
El fracaso de las Administraciones de “justicia” de los países con el derecho más desarrollado, no digamos de los otros que ni siquiera saben lo que es eso, esta empujando a que haya gente que se tome, como se suele decir, equívocamente, la justicia por su mano. La justicia es un concepto y un fenómeno que esta por encima de los cargos y de los justicieros. Era tan trasnochada la figura del zorro infringiendo el castigo a quien se lo merecía como la del juez que llega tarde a la vista judicial (por cierto ¿cómo los jueces, que se supone que son los que deben administrar la ley son los primeros incumplidores de la formalidad mínima siendo los más grandes impuntuales de todas las profesiones?) para –sin entender nada- arbitrar a favor de uno o en contra de otro solo en base de pruebas documentales amañadas, sin levantar la vista de los papeles y sin mirar a la cara ni escuchar a los citados. Puestas así las cosas, denunciar a alguien por su negligencia o su prepotencia y que ocupa un cargo público, por tanto un cargo pagado por la sociedad con los impuestos obligados, por la vía judicial se puede hacer interminable. En el mejor de los casos, el hecho de que despues de años de litigio haya una sentencia favorable a la parte justa del proceso, el condenado ni tan siquiera será reconocido en su falta de un modo amplio y popular. Podrá trasladar sus malas artes a otro campo u oficio, a otra ciudad o a otro país incluso despues de cumplir una condena carcelaria. Y es que hay malos con carreras biográficas impresionantes. El derecho a la denuncia pública se viene ejerciendo desde hace siglos. En cierta manera el grafiti público en contra de personalidades concretas o autoridades del momento en el antiguo imperio romano ya era una forma de denuncia. Pero hay algo más: el teatro a través del tiempo ha sido una formidable forma de denuncia pública de personajes impresentables que las sociedades han tenido que soportar y sufrir. Hablemos de la denuncia concreta, argumentada, sopesada, detallada. La que cita el cargo y la irresponsabilidad de quien lo detenta, su nombre, sus datos personales, su ubicación y la conducta por la cual es denunciado. Esto evidentemente no quita el trámite palaciego por lo mismo, pero mientras eso se puede encallar en los interminables pasillos de archivos, la denuncia directa, publica, al menos empieza a correr poco o mucho, de boca a oído. Ninguno de los malos por mucho que sepa que forma parte de la casuística de la criminología le gusta ser pillado in fraganti en sus actos malévolos. Mucho menos que su nombre sea conocido en relación a ellos. Personalmente he olvido y olvido a la velocidad del rayo los nombres de las personas que alguna vez me han hecho algún daño. Mi memoria no tiene lugar para ellos. Tengo suficiente con la anécdota. _aunque ahora que lo estoy diciendo si me viene a la mente algún nombre de jueza que aun recuerdo y que su cara evocada me revuelve las tripas. Sé que están por mis carpetas. En cualquier momento puedo acudir a ellas y hacer una lista de malos con pelos y señales. Estoy seguro que la ley kármica les dará o les habrá dado su merecido pero no estaría de mas que alguien le diera un empujoncito a esa ley y se protegiera de ellos. No pediré una pedrada precisa ni un linchamiento público, solo que sean reconocibles como lo que son: chusma indeseable. Lo malo de los malos es que deben tener algo de bueno, tienen sus familias, sus espacios donde se portan bien, acarician a sus hijos al verlos, siguen la Eurocopa, comen y defecan como todos los demás mortales. El problema es que generan problemas y no los remedian y lso afectados tienen que cargar con las consecuencias sin que nadie los depure. Depuración significa limpiar a un organismo de corruptos e incompetentes. No hay estado que no tenga los suyos. Así como hay organizaciones de consumidores poderosas, con plataformas editoriales y gabinetes jurídicos importantes, que defienden los derechos del consumidor frente a productos fraudulentos que se distribuyen a través de la cadena comercial, debería existir en todos los países asociaciones de damnificados por la negligencia de las administraciones públicas, de ese modo la sociedad estaría advertida de quienes son sus enemigos concretos e inmediatos.
Subscribo ese razonamiento totalmente. La cuestión se complica en el paso siguiente: al denunciar a alguien en concreto. Cuando he tratado de hacerlo con policías que me han maltratado lo más que he conseguido han sido sus números de placa (que por cierto no deja de ser una curiosidad que muchos los esconden o disimulan) nunca sus nombres. El agredido ni siquiera tiene el derecho de conocer el nombre de su agresor, así van las cosas. Lo más que he podido hacer con ello es explicar el relato de la agresión recibida y colgarlo en una página web que recogía denuncias contra el ayuntamiento de Barcelona. Nunca obtuve una respuesta de la excelentísima institución. De persistir en mí investigación habría conseguido el nombre y podía haber llevado la denuncia a la más alta instancia que cupiera, pero mi tiempo personal hubiera sufrido una doble agresión metiéndome en ese berenjenal. En España y otros países hay la figura del defensor del pueblo que nada en denuncias que en gran parte no consigue solventar. A pesar de todo, cuantas mas denuncias reciba un tipo que delinque en el abuso de autoridad mas probabilidades hay que alguien lo cite a un despacho y le cante la cartilla. Cuantas más veces circule su nombre por la red como bicho del que protegerse más gente le hará el vacío. Claro que esto es una hipótesis. Para denunciar a alguien en público y poner esa información al servicio de los recursos socializados de internet hay que hacerlo lo más convincente y demostrativamente posible. Además hay que acompañar la denuncia con el nombre del denunciante y ese es un dato que no siempre es posible dar pues la denuncia seria la sentencia firmada pro el mismo denunciante al buscarse problemas extras. En la jurisprudencia moderna se contempla la posibilidad de testigos ocultos para declarar en contra de criminales o mafias y no sufrir las consecuencias por sus declaraciones. Pues bien, podemos contemplar el derecho a mantener el anonimato de aquellos que denuncian a burócratas, torturadores e indeseables de las políticas e instituciones de sus países, bajo cuyos regímenes tienen la infelicidad de vivir.
Estimo que los portales públicos de denuncias crecerán en los próximos años. El mundo es denunciable por todos los ángulos posibles. Las instituciones de un buen número de países están cargadas de tipos a depurar y apartarlos de la función pública. A fuerza de denunciarlos terminaran por desaparecer. Propongo a todas las personas que sean dañadas por los organismos gubernamentales y sus poderes judiciales no dejen de publicar sus reclamaciones y apelaciones en portales que se vayan creando en este sentido. Una segunda realidad, en la sociedad de la comunicación socializada, se va creando y va a poner en evidencia la estulticia, incompetencia e injusticia de multitud de cargos. No se me escapa que eso puede generar un exceso de denuncias en las que puedan caber las reactivo-emocionales por encima de las demostrativas. El o la denunciante tiene que detallar al máximo el motivo de su denuncia y la o las anécdotas relacionadas con su denunciado/a. En definitiva es una forma de trasladar al debate público los trapos sucios de las administraciones y de la esfera de los negocios. Si el fenómeno de la denuncia internáutica se extiende es posible que un contra fenómeno de los aludidos trate de lavar su imagen desmintiendo las acusaciones. La farándula seguirá.
La primera vez que se me ocurrió denunciar a alguien en público (raramente voy a la policía o a juzgados a hacerlo despues de haber confirmado varias veces los inútiles que son los unos y los otros) publicando el numero de su matricula de coche fue a un conductor que delante de mi se detuvo junto a otro coche para robarle el retrovisor. Lo increpé y se justificó diciendo que a él también se lo habían robado. No sé si alguien leyó aquella noticia y reconoció la matricula del denunciado pero solo que una persona lo hubiera hecho y le hubiera preguntado al respecto habría sido suficiente para que al tontolava no se le ocurriera repetir nunca mas tamaño anticivismo. Evidentemente se corren los riesgos de que haya gente que se dedique a la intoxicación informativa denunciando indebidamente o haciendo correr falsedades. Ya se irán asumiendo los riesgos. Una modalidad de denuncia contra alguien es publicarlo en internet paralelamente a su tramitación en un juzgado. De ese modo la autoría queda, o debería quedar, legalmente protegida.
Posiblemente el futuro se vera complicado por denuncias pero también ataques internáuticos. Tocará a los internautas que naveguen por ellas discriminar entre las verdades y las falsedades editadas. “Solo valen las palabras, el resto es charlatanería” dijo Eugene Ionesco en un mensaje un tanto críptico. Hay formas que hablan con palabras y formas de hablar que usándolas no pasan de la verborrea.
En resumen recurrir al instrumento publico-social de denuncia por internet se hace inevitable pero es difícil prever desde ahora el ultílogo para cada caso. Los malos necesitan su promoción y evidencia de tales para que su poder malévolo quede reducido al máximo. Sin olvidar que ese recurso si pierde la ética denunciativa basada en la verdad se puede convertir en una caza de brujas contra todo aquel que no este de acuerdo con uno, como ya sucedió con los atropellos de los datzibao que protegidos por la supuesta revolución cultural daban el poder a criajos que no tenían dos dedos de frente en contra de todo lo que les olía a revisionismo.
Participación ciudadana en el mundo individualista
De la participación ciudadana se ha hecho eslogan y hasta se ha querido construir másteres universitarios para dotarla de sapientia. La democracia es la palabra que la representa. Todo ciudadano por el hecho de serlo tiene tanto el derecho como la obligación de poder participar en las decisiones que afectan a la vida colectiva e indirectamente a la suya privada. Este criterio suena muy bien. La logística pide la energia de todos para un mundo de todos. Impecable. Lo que sucede es que ese mundo es fundamentalmente individualista. Cada individuo se mueve y procura por si mismo y a lo máximo extiende su manto de preocupación al de su familia, su clan o su tribu. El resto, eso tan grande llamado mundo, forma parte de una nebulosa difícil de asumir. Cuando se teorizaba que el movimiento social era la práctica que podía transformar las condiciones objetivas se ignoraba que ese mismo movimiento o vectores considerables de él tan solo querían sacar la mejor tajada de la realidad en lugar de transformarla. Cuando las formas participativas pasan a convertirse en subproductos institucionales unas veces para justificar los cauces democráticos y otras para aparentar una cierta consecuencia con los parámetros constitucionales puede suceder que una buena cantidad de gestos sean laberinticos para el agotamiento de la energía y la instauración de una conclusión a favor de una élite. Tradicionalmente las tareas de gobierno han caído en manos de unos pocos rodeados de una casta consejera. Ha llegado a suceder que el príncipe o el rey o el mandamás de un país haya vivido en la completa ignorancia de la realidad real de éste a partir de las informaciones sesgadas de sus cortes. El jefe de mando sigue teniendo el chip de gobernar, por su parte los ciudadanos de base que ni pinchan ni cortan en el reparto del pastel terminan por creer que todos los problemas se resumen en una mala gestión. La participación ciudadana directa no sería tan difícil de llevar a cabo si las instancias participativas, las reuniones y asambleas tuvieran una función ejecutiva y no meramente consultiva.
En una sociedad democrática que se precia de serlo debería estar articulada de forma permanente la Asamblea Local o popular en la que los ciudadanos-individuos y los representantes de los distintos estamentos, grupos, asociaciones, edades y credos tuvieran un espacio de reunión y un enlace con el órgano ejecutivo compuesto por candidatos elegidos en las urnas. Ya sabemos que no es suficiente crear una institución con un pomposo nombre y esperar que eso lo haga funcionar. Por otra parte hay que contar con la degradación del mismo espacio instituido cuando pierde cuota de representatividad o de calidad en la escasa profundidad de los debates favoreciendo una orla satélite parasita del órgano ejecutivo. En definitiva las instancias de poder son las que son y acaban pro concentrar un máximo de facultades porque por su lado la sociedad civil se desentiende o caer en la desidia apolítica.
Muchos que nos hemos pasado media vida pregonando el valor de la democracia directa y de la participación social en los quehaceres publicas de la comunidad hemos terminado por dejar de insistir en esas propuestas tras repetidas frustraciones por el desinterés de la gente en sus propios intereses. Constatada la desidia como uno de los males universales el crecimiento de la conciencia es más hipotético que nunca. La costumbre de participar en innumerables actos y reuniones de los que no se desprenden conclusiones operativas termina por hastiar. No es extraño que mucha gente prefiera productos de entretenimiento a estar discutiendo conceptos o tácticas difíciles de llevar a término. Las cuestiones públicas o los temas de interés social generan arribismos de todo tipo y finalmente una clase o casta que se profesionaliza en ellas. Es un trabajo arduo para el que los filósofos, los psicólogos o los sociólogos se auto descartan dejándolo en manos de legalistas y estrategas de la organización. La política es el arte de hacer posibles los deseos históricos justamente legitimizados por la evidencia de la necesidad de su realización. Eso pasa por innumerables proyectos y neo proyectos, discusiones y votaciones y una continua pelea erosionante. En la lucha política palaciega las discusiones caen en los contrasentidos y las leyes se ganan difícilmente sin quedar del todo consolidadas mientras la rémora de un tradicionalismo retrograda no se las acaba de creer ni se convence en aplicarlas.
Participar en ese campo dialéctico general puede ser interesante para especialistas en la oratorio o gimnastas vocales o personajes ávidos de cámaras, escucha o escena, pero tras 20 años discutiendo las mismas cosas desde un escaño por democrático que sea es posible que el orador mas honesto y entusiasta se canse de si mismo y sobre todo de hacer el panoli. La historia no da la razón a la larga a quienes la tiene. Eso sonaba muy bonito en el panfletarismo, pero no es verdad. La historia simplemente calla. Cada protagonista historia dice lo que dice y por lo general se escribe la historia con voces e interpretaciones distintas.
De todos modos la lucha dialéctica en los espacios institucionales asi como la convocatoria de protesta para exigir a instituciones y poderes que hagan lo que no hacen o cumplan lo que prometieron o que se ajusten a lo mas avanzado de la ley tiene su interés solo que por si misma cae en un vía muerta. Además de ella y por encima de ella importa la participación directa para articular proyectos. La iniciativa popular para la acción es lo que puede construir cooperativas, rentabilizar espacios estériles, reutilizar inmuebles abandonados o crear formas lúdico-alternativas. Lo que no haga el poder político, especialmente lo que no haga el poder local, lo puede hacer parte del vecindario con su plan de intervención creando jardines públicos, centros culturales, casas de alojamiento para transeúntes y necesitados, campings de uso y autogestión pública, replantando árboles y un montón de cosas mas. Basta creérselo para hacerlo y organizar las cosas siguiendo un esquema desde la base para arriba con una filosofía de la descentralización y no al revés esperando que el arriba se digne a cubrir las necesidades de abajo.
Articulando formas ciudadanos de participación también se estará construyendo una escuela de vida en la que se demuestre prácticamente que es posible quitarle dividendos a un mundo tan individualista y que sí es posible organizar formas colectivas de socialización de recursos pero también de goces.
Un hecho es la certeza de un acto. Algo sucedido y comprobado. Sus actores lo afirman, participaron en su hacer y en su escenario. También lo atestiguan sus observadores que estaban ahí y lo vieron o percibieron. También lo corroboran quienes lo estudian en la distancia del tiempo o del espacio, pero con suficientes pruebas y materiales como para analizarlo y verificarlo. Un hecho es una verdad constada y contada. Lo menos que se puede hacer con su condición de verdad es publicarla y darla a conocer. En este criterio básico puede descansar toda la historiografía rigurosa y también la transmisión oral de las tradiciones.
Hay que decir que un hecho siempre viene acompañado de su interpretación y que, por consiguiente, es contado a conveniencia de quien lo cuenta. Habría que instrumentar una metodología observacional con distintos observadores externos no implicados por intereses ni emociones para llegar a dictaminar la verdad de un evento. Aún así, en tal extremo de control extremo de las variables, probablemente cada observador se diferencia de los demás tanto en la aportación de detalles por otros escapados como por la exageración o disminución del énfasis en algunos aspectos. El modo de saber realmente lo sucedido es estableciendo una media entre todos los datos recogidos, lo cual da por resultado una aproximación nunca una exactitud absoluta. No hay otro remedio que tener en cuenta lo que dijo Herodoto pero no se puede poner siempre la mano en el fuego por las informaciones dadas sino hay contrastación posible. Eso pone las informaciones que tenemos del pasado en la hipótesis permanente de que el pasado fue lo que se nos ha contado de él pero que bien pudo suceder de otra manera. El que puso la palabra escrita fue un recogedor privilegiado, no siempre un testigo directo y no siempre un informador fiel y condicionado por los intereses que le pudieran presionar. Si hoy en dia la gente que deja constancia escrita de las cosas no siempre es fiel a la verdad de ellas, ¿con qué motivo del pasado se pueda garantizar que hubiera más honestidad que en el presente?
A pesar de esas prevenciones el hecho continúa siendo algo objetivo que se puede retratar, describir con exactitud, desmenuzar, analizar, comprender y establecer. Es tanto más posible cuanto más contrastado esté. Es decir cuantas más fuentes de información independientes las unas de las otras puedan informarlo.
Cuanto antes se conozca la verdad de un hecho antes la sociedad puede tomar medidas con respecto a él. Cuanto más se oculte mayor tiempo prevalecerá el reino de la ignorancia. Este criterio aún siendo universal no es consensuable unánimemente. A todo el mundo no le interesa ser puesto al descubierto de lo qué es, de lo qué hizo para eludir responsabilidades o para no ser descubiertos bajo sus mascaradas. Los denodados esfuerzos chilenos y argentinos en ajustar cuentas a torturadores y ladrones de niños huérfanos de sus asesinados en la época de sus juntas militares encuentran verdaderos problemas en ligar hechos históricos absolutamente comprobados con sus sanguinarios actores. El gran problema de la justicia internacional y el de la justicia ordinaria de cada país sigue siendo el de ligar actos a sus responsabilidades. No, el hecho no es tan fácil de dictaminar en sus coordenadas exactas y aún menos de vincular su responsable en la participación. El hecho más grotesco, espectacular y agigantado puede quedar minimizado con una reinterpretación demagógica adecuada unos años o décadas después. Eso explica que de cada cosa haya dos o más registros en paralelo distintos.
Sabemos que existen un montón de hechos espeluznantes y deplorables de lso que no queremos formar parte. La vida cotidiana está repleta de actos de negligencia, de imperfección, de sabotaje, de corrupción, de prepotencias, de difamaciones, de engaños y que sin embargo no se constatan en parte alguna en el sentido de que queden documentadas. Son hablados y denunciados de boca a oído y lamentados en la privacía de cada cual pero ante los que se desestima hacer un esfuerzo extra para denunciarlos o combatirlos. La mayoría de tragedias que producen sufrimiento quedan ocultas en un no decir para evitar un incremento de esta misma tragedia. Es así que la nómina de los malos se hace más y más invulnerable porque cuenta con el silencio de la gente y la impunidad de perpetuarse. Hay demasiada gente con muy pocos escrúpulos para engrosar sus filas. Es gente de poca ralea que tiene la menor ética ni le importa lo más mínimo que los demás sepan que son mezquinos, extorsionadores, ladrones o asesinos y no les importa en absoluto que esa sea su etiqueta real con tal de que no se sepa. La sociedad lo único que puede hacer con los malos es neutralizarlos, liquidarlos como tales, impedir que se renueven en el ejercicio de su maldad, aislarlos del conjunto colectivo para que no hagan más daño. La historia penal parece que no ha avanzado demasiado en todos los siglos en que se viene ejerciendo este tipo de criterio. A pesar de eso ante el hecho reprobable con protagonista conocido que va en contra del bienestar común, de la paz colectiva y de la integridad humana cabe denunciarlo e insistir en el seguimiento de esta denuncia. Hay dos formas de hacerlo: la de tipo privado, relatando, criticando o novelando el hecho en determinadas plataformas de difusión pública (desde las octavillas a pie de fábrica que denunciaban los abusos de explotadores a las modernas plataformas digitales de los sites y de los blogs); la de tipo institucional, llevando a registro ese mismo tipo de noticia denunciativa a los organismos implicados. Cada vez que tengo un encontronazo con un policía corrupto o con un empleado negligente vinculado a un ayuntamiento o a un organismo público tengo motivos sobrados para relatar el hecho, documentarlo, pasarlo por registro y quedarme con una copia tamponada con la fecha de entrega. La práctica de estos unas cuantas veces me ha convencido que tampoco sirve de gran cosa aunque es posible que el intraescrito se repiense la siguiente vez su conducta motivo de la denuncia. Cuando un comportamiento es motivo de denuncia por repetido docenas o cientos de veces es posible que aunque sea por razones de imagen el organismo que hasta ahora no la ha cribado empiece a hacerlo o expulsar a alguien del servicio para el cual no está facultado ni ética ni profesionalmente. De tarde en tarde muchos empleados públicos son depurados por nuevas leyes emitidas para la cualificación del organismo.
Uno de los males de África es la corrupción de sus policías y funcionarios. El policía adulto corrupto que viste un uniforme aunque vaya con sandalias y utilice una mobylette para sus persecuciones de niño probablemente no paró de pedir cadeaus a los turistas blancos y ahora se resarce de ellos y en general de su miseria existencial. Sea lo que fuere es un tipo a poner en evidencia.
Para el existencialista nato que se llena de experiencias fundamentales en la vida y que anda sobrado de todas estas otras de tropiezo con la adversidad y con lo más indigno de la sociedad, lo que menos necesita es perder el tiempo en diligencias burocráticas y en conversaciones estériles con enanos mentales. Es posible que tras ser victima de la negligencia o la extorsión prefiera priorizar su tiempo personal que seguir dándole vueltas al asunto, claro que eso va a depender siempre de la gravedad del asunto. Aunque no recurra a la denuncia pública si la mantiene en términos de sus recursos editoriales privados cuando menos contribuirá a la difusión de un hecho y a la propagación de una verdad. A diferencia del texto documentado en un registro oficial el texto privado puede alcanzar mayor difusión pero a menor gente con poder para poner remedio a una situación. Hay un tipo de literatura y periodismo como el de Fallaci o Debray o de análisis como el de Fisas cuya elaboración es indisociable de la crítica personalizada a entidades o sujetos responsables de la atrocidad humana. Eso no significa que los denunciados hagan insights de conciencia tras verse puestos al descubierto sino más bien lo contrario: trataran de confundir las informaciones sobre ellos negando sus responsabilidades y verdades.
Lo cierto es que la inteligencia humana y sus recursos de investigación aun no son tan sofisticados como para comprobar categóricamente las evidencias. Un hecho es algo en el momento de su realización y algo distinto en el momento de su relato. En su intervalo hay mil maneras distintas para tergiversarlo.
Fallacci,Orianna.Periodista de renombre con implicación social en los reportajes que ha hecho. Le leí diversos libros que disfruté.Protomujer del personaje comprometido con guerrerias literarias y militantes enmarcadas desde su belleza física y atractivo intelectual.
Debray,Regis.autor leído desde la época en que una de mis miradas estava cautivada por los movimientos liberatorios latinoamericanos. Referente europeo e una militancia de tma de posición solidaria en la linea guevarista de extender la guerrilla fuera de Cuba.
Fixes.Viçenc.analista del armamentismo.Autor de numerosos libros.
No se puede estar, de hecho no se está, en permanente nomadismo. Ni siquiera los nómadas se mueven cada día. Sus asentamientos pueden durar días o semanas en zonas de pasturas o en lugares que proporcionan alimentos. El nomadismo incluye la morada pero no la del asentamiento permanente. La singularidad del nómada es que no está dispuesto a malvender su libertad ni siquiera por el confort o seguridad de una casa. Luego vemos que eso es más simbólico que real. Los pueblos nómadas lo son circunscritas a unas regiones geográficas. El nómada internacional no existe o no existe en el concepto de movimiento permanente. Sus acuartelamientos no solo son puntuales sino que pueden ser estacionales o de varios años con lo que su viaje por la geografía es el de un ubicacionista que prueba suerte o dedica años de su vida en unos cuantos países.
La morada, que en términos de consumo moderno se llama piso o apartamento, es uno de los primeros objetivos biográficos y es lo que más ligado va con la emancipación familiar. En principio, la casa es algo que se tiene desde que se nace, es el lugar de ubicación y el entorno espacial desde el que se conoce el primer mundo. Donde se vive, es una de las primeras preguntas a las que se aprende a responder. Incluso la gente que vive en la calle (Calcuta, homless,…) toma buena nota de su lugar de ubicación en el planisferio de una ciudad. Depende de esa memoria si volverá a reunirse con los suyos, los de su clan o su familia. Ciertamente no todo el mundo tiene una casa pero esa es una aspiración fundamental. Cuando se llega por primera vez a una ciudad lo más inmediato a resolver es el lugar de la ubicación, de la pernocta, el punto donde dejar las cosas y donde reunirse con los otros que se comparte este viaje. Nadie o casi nadie toman un vuelo sin saber en que lugar se alojará en la ciudad de destino. No tener atada esta perspectiva suele comportar desajustes. En más de una ocasión he llegado a ciudades en las que no me esperaba nadie ni tenia una reserva de hotel en las que me he encontrado con el cartel de no hay habitaciones libres en muchos de ellos. La aventura biográfica pasa por alto ese detalle. No siempre se puede planificar todo o tener a alguien que lo haga por ti mientras te ocupas de otras esencias existenciales. Ese nomadismo interurbano, de todos modos, se escapa bastante de la idea de los trashumantes y los nómadas que iban siguiendo la ruta de los pastos o de la recolección de frutos. Por inmensa que fuera la distancia cada dia se dormía bajo un mismo techo, es decir, un mismo cielo. La jaima, el tipi o la tienda son las mismas aunque estén plantadas en sitios distintos. Durante los años en los que hice libre-campismo me valí de pequeñas tiendas biplazas, a menudo de una sola capa de nylon para reducir su peso y volumen, que aguantaron rayos y tormentas. Todo lo que me separaba del infortunio y del total desamparo era una superficie de un mm de espesor. Mi habitáculo era el mismo, el espacio externo siempre distinto. A pesar de eso nunca me sentí completamente un nómada. El nomadismo sería/es una forma de vida que no espera instalarse en ninguna parte, que no tiene una casa sólida que espere en un lugar seguro. En cambio muchos viajes hippies siempre aguardaban el coronario de un descanso más o menos largo en un lugar alternativo de llegada por tiempo que hubiera transcurrido desde el punto de partida. Se diría que es propio del ser humano la combinación del movimiento y la quietud, del viaje y la ubicación, de la exploración y la fijación de resultados, del acto y el stop, del hacer y el parar. Es un proceso binario de acción-pausa de una manera continuada. La misma constitución física marca esta pauta en los seres animales. Cada dia de actividad comporta un tiempo de reparación que se expresa en el reposo y en el dormir. Nadie puede vivir sin dormir, lo cual es tanto como decir que nadie puede hacer sin dejar de hacer. La morada resignifica en términos de infraestructura y de organización del espacio el lugar del reposo.
Un sujeto tiene tantas más casas cuanto más movimiento viajero y desplazamientos incorpore a su biografía. En un momento dado de la mía tuve la necesidad de hacer la lista, -ésta entre otras varias- de las casas en las que había estado viviendo. Recuerdo que fueron decenas. Para poderlo saber exactamente debería acudir a esa lista o recomponerla. Llega un momento en que lo menos importante es la cantidad exacta de eventos dentro de un campo como ese, basta saber que el criterio de vida te ha llevado a su proliferación. Vivir o estar en muchas partes no siempre es aceptado por quien vive el sedentarismo al máximo y prácticamente muere en la casa en la que nació o en la que se instaló a partir de su primer y único matrimonio. ¿Para qué buscar segundas o terceras casas si la primera proporciona toda lo necesario? La morada es algo que se redefine según el concepto de relación con el espacio que se tenga. Quien viaja mucho la tiene bajo un prisma distinto a quien la necesita para cada noche de su vida. La casa no se limita a ser un lugar de reposo, es sobre todo el lugar de la privacía, el terreno particular cuyo posesionario puede comportarse como su soberano. Es el espacio en el que se puede concretar los sueños de todo tipo: desde hacer un jardín ideal a tener un lugar de meditación. Hay una enorme cantidad de cosas concretas que solo se pueden hacer en la ubicación continuada. El viajero nómada puede llevar no importa adonde, de una parte a otra, lo esencial para su viaje, pero no puede arrastrar todo lo que ha podido concretar en las ubicaciones en las que se haya instalado durante temporadas. Se llevará sus recuerdos pero no las cosas mismas.
El antiguo concepto de morada como sede del hogar se ha desvirtuado a favor de un hábitat circunscrito a mínimos desde el que sopesar las sombras de otra realidad. El mito de la caverna se sigue reactualizando con cada hipoteca de parejas de jóvenes que se endeudan de por vida para tener un espacio cómodo desde el que concretar su privacía y su tranquilidad. Cuando un apartamento donde vivir, donde tener una despensa, donde comer, donde dormir, donde hacer el amor, donde poder mirar el paso de la gente por la calle y el paso de los años por uno mismo, donde invitar a los amigos, donde hacer de anfitrión; se convierte en un objetivo biográfico de tal envergadura que una parte importante dedicada al trabajo asalariado es para comprarla conviene concluir que la morada ha suplantado la libertad del nómada o el alma de éste se ha dejado comprar por un espejismo del confort. Lo que pasa es que ni el residente sedentario tiene todos los recursos para recuperar su libertad, ni el nómada puede alcanzar la libertad-toda por mucho que viaje. El uno y el otro tienen un trato diferente con los límites. El uno tiene cosas esenciales diarias que pasan por los suministros resueltas mientras que el otro las tiene que enfrentar día a día con la consiguiente dedicación de tiempo para eso.
Sean cuales sean los recursos personales lo que es seguro es que cada dia se duerme en alguna parte. Contar con un referente estable es psicológicamente segurizante. Otro asunto es si ese referente es tanto o menos continuo. Escribo esto tras prácticamente 8 meses, de tener como morada mi furgo-vivienda cuya ubicación va variando: unas veces es el bosque, otras frente a la playa, a menudo dentro de territorios amigos, en los patios de anfitriones que aceptan tenerme por una noche o unos días. Poder vivir en cualquier parte forma parte del imaginario de la libertad, verse sujeto a hacerlo siempre en el mismo sitio forma parte de la realidad restringida. Aunque en la libertad de movimiento en acción se recuerda la casa dejada y desde esta se planifican nuevas salidas.
Platón.referente ineludible en filosofía.Nombre-motivo de trabajos repetidos en los cursos realizados. Desgraciadamente reducido a un par de los conceptos más famosos a los que se asocia su nombre: el del mito de la caverna y el del amor platónico como idealista o no consumado.
Durante el oscurantismo social una de las frases que se oía, para justificar sacrificios militantes y riesgos personales, en la perspectiva de cambiar las situaciones concretas del país, mencionaba a los hijos como razón suprema. Por nuestros hijos decían/decíamos, apoyándonos en ellos, los tuviéramos o todavía no hubieran nacido, para dignificar nuestra lucha y no aceptar limosnas salariales, todo eso dentro de una liturgia estandarizada de tan repetida y no exenta de demagogia por su alarmismo. Paralelamente, ya se sabía que los hijos no venían del azar, ni los traía cigüeña alguna ni existías porque dios nos los enviara, sino que eran resultado de una fusión fisiológica muy conocida y estudiada. Se tenían hijos, como se hacía desde millones de años atrás, porque los contactos sexuales no siempre responsables, cuidadosos o planificados los engendraban. ¿Cuántos millones de hijos en el planeta han sido/siguen siendo la consecuencia de la desplanificación? ¿Cuántos de ellos vienen sin ser real ni totalmente deseados? Curiosamente esos hijos no siempre buscados ni recibidos en las mejores condiciones materiales pasaban a formar parte del discurso de apelaciones para exigir un mundo nuevo y mejor. “Por el pan de mis hijos…” decían como coletilla los obreros con más coraje. A otros eso ya nos sonaba a prosa gordinflona, una especie de inflación de los substantivos que poco tenia que ver con una estrategia-plan para acabar con el capitalismo y todos sus males.
En el análisis del lenguaje subversivo encontramos no poca producción semántica preñada de influencias de la ideología del sistema, que se decía, o bien es cierto al mismo tiempo se combatía. Estaba repleta (sigue estándolo en países y regiones que los pueblos necesitan acudir a él para liberarse de los yugos que los oprimen) de afeites y zancadillas para los mismos visionarios de revoluciones y utopías.
Para un revolucionario, tener un hijo al que le pusiera por nombre Manuel y se le asignara un rol de guerrillero desde antes de nacer era un absoluto contrasentido. Si la tesis crucial del anticapitalismo reconoce las dificultades para el desarrollo integral de las personas dentro del sistema, tener hijos para convertirlos en sus esclavos es un mal negocio además de una decisión salvaje, tanto más erróneas cuanto más conscientes son las personas que los engendran. ¿Entonces qué? ¿No hay que tener hijos? Desde luego, el mundo lleva un siglo que no está para tenerlos. En los siglos anteriores las alarmas del exceso poblacional tampoco eran tantas para cuestionárselos. De hecho, tenerlos en cantidades importantes formaba parte de una estrategia de producción y no precisamente de amor. Los esclavos y los obreros debían tener hijos para que las clases productoras se auto reprodujeran convenientemente a sí mismas. ¿es que se ha olvidado que el nombre de proletariado de la clase obrera industrial vino así denominado por las proles, los hijos, creados por cada familia?
Los hombres que no querían tener hijos o las mujeres que no los tenían o se demoraban en tenerlos pasaban a ser objetos de habladurías. A los unos se les podía acusar de flojera, a las otras de estériles, a ambos de egoístas por no sacrificarse por sus vástagos y así por el futuro de la especie. ¿Pero qué futuro era ese? El futuro es siempre esa hipótesis, no exenta también de demagogia, al que se menciona reiteradamente dándolo por descontado cuando todos sabemos que sus predicciones no son precisamente halagüeñas. El alegato de las luchas de antes o de las consideraciones actuales de los paters y madres de familia actuando por sus hijos tiene bastante carga de farsa. El hijo es la coartada perfecta para no arriesgarse, para no ser libre, para no hacer, para no viajar, para no comprometerse. Es el parámetro ideal para montarse una vida intradomiciliaria, de puertas para dentro. Es el punto-gravitas sino de todos, de una buena parte de los anhelos biográficos. Una pareja nunca llega a ser totalmente una familia sin su primer descendiente y desde el mismo momento de su perspectiva todo el cuadro de conceptos y relaciones varía.
Aquellos hijos nuestros por los que décadas atrás luchábamos por una sociedad mejor, son ahora los adultos sobre los que descansa parte de esta sociedad. Estuvieron al corriente de nuestros objetivos y dedicaciones organizativas para combatir un poder regente que nunca vencimos del todo. En lugar de seguir nuestros pasos –ya de conspiradores tardíos- arribaron a una sociedad con otros recursos y con posiciones personales desde la abundancia. Nosotros no cambiamos aquel mundo pero en la vieja Europa sí conseguimos que se reconsiderara el peligro atómico-bélico o que se cobraran mejores salarios y los obreros industriales empezaron a perder distancia con una gran masa de clase media con posibilidades adquisitivas substanciosas.
Quienes antes eran nuestros hijos para los que habíamos concebido un futuro en una sociedad sino perfecta mejor que la actual, son ahora parte de esta sociedad con otros identificativos que nosotros no tuvimos y que, en nuestra atipicidad, nunca tendremos. Es difícil adaptarse a un mundo para el que pensaste que no había ninguna oportunidad de continuidad histórica. Nuestros hijos en cambio heredaron otra idea a pesar de nuestras influencias: la de no creer en la utopía, la de adaptarse a las reglas de juego social que pasaban por la rivalidad fiera, la obtención de capital y la adquisición de propiedad privada. El sistema nos venció convirtiéndonos en una generación de derrotados no porque fuera más coherente que nosotros, sino porque siempre se ha nutrido de la codicia humana y de esa ideología latente de resistencia al paraíso social, que por otra parte nunca nadie ha teorizado con la suficiente argumentación para convencer masivamente a la gente. En resumen, el capitalismo somos nosotros. Es difícil no rastrear en una sola persona conductas de vida explícitamente prosistema. Mientras en un tiempo nuestras ensoñaciones compartidas con nuestros hijos hablaban de un mañana seguro y justo, en nuestra geografía próxima el toro de Manolo Prieto nos estuvo mirando sin hacernos demasiado caso sabiendo ya que un dia, instalados ya en ese mañana, algunos escribiríamos artículos como éste.
Salir de fin de semana o varios días, en particular cuando hay puentes o acueductos es arriesgarse a tener contacto con una cierta cantidad de indeseables y criminales potenciales enmascarados de conductores temerarios con los que hay que contar. Afortunadamente una mayoría de personas al volante que corren por las carreteras nacionales e interurbanas llevan el chip puesto de la precaución pero hay una parte que el discurso de la seguridad viaria no va con ellos y cuentan con el plus del cuidado y la previsión de otros conductores dada su falta de control de la máquina que ponen en circulación. Conducir pues con precaución significa dos cosas: ajustarse a normativas y lógicas durante la velocidad y prever los posibles errores de los demás para que no alcancen en forma de impacto nefasto tu vida.
En las autovías de dos carriles, hay que contar que los conductores que llegan al acceso a ellas y que por código de circulación deben de ceder el paso cuentan con que cambiarás de carril para no hacerles detener su vehículo. Si no puedes cambiar de carril porque estás siendo adelantado en aquel momento puede ocurrir que el que llega irrumpa en el tuyo obligándote a reducir. Cualquier protesta al respecto no tendrá buena acogida. El intruso se sentirá molesto si le hades luces o le tocas el claxon.
Otro asunto es cuando vas por una nacional circulando a 90 o 95 (el límite para España es de 100 aunque hay indicadores de 90 junto a las fronteras) y viene un camionero que no está dispuesto a reducir su velocidad lo habitual es que te haga señales para que aceleres. Me ha pasado de ser adelantado por camioneros inquietos que luego se han detenido en áreas de servicio o áreas de hoteles a los pocos quilómetros.
En general tener en cuenta las normas de circulación y las señales en la carretera es ponerse en contra de la inercia dominante de las prácticas conductoras. Detrás de conducir con exceso de prisas y de nerviosismo hay un problema cultural con el concepto del tiempo. El “más vale que llegues tarde que nunca” o el”te esperamos” que mucha gente llevaba como leyendas recordatorio en el salpicadero de sus autos contribuiría en algo a la cultura de la conducción pero todavía está mucho por hacer cuando hay una potente cultura del consumo de vehículos que sigue valorando la velocidad como lo primero. Detrás del velocista probablemente hay la psicología de alguien que no sabe vivir su momento concreto. Conducir puede ser un placer en las condiciones apropiadas y un desastre bajo los efectos del estrés.
El peage es el lugar en el que pagas el acceso a una ruta que es de pago. Los hemos conocido en Europa sobre todo en las autopistas cuya red se fue construyendo como vías rápidas alternativas a las carreteras nacionales. Si alguien quiere conducir mas rápido y más seguro puede hacerlo tomando una autopsita y pagando la tarifa establecida por tramos. Se ha hablado y sigue hablando mucho sobre la prolongación de estos peajes en tiempo. Teóricamente debería dejarse de pagar tan pronto el coste de su infraestructura pasara a ser amortizado y su mantenimiento pasara depender exclusivamente de los impuestos que la sociedad paga a su estado para la comodidad y usufructo de sus espacios. Algunos países europeos tienen vías rápidas como las autovías que no son de pago y también las autopistas. Otros siguen esquilmando a los bolsillos de los conductores que los elijan. En todo caso siempre son peajes en rutas alternativas.
En África, fiel a su costumbre de copiar nombres y actos sin comprender su significado ni preocuparse por ejecutar sus funciones viene utilizando las barreras de los peajes y la exigencia de sus pagos para las rutas nacionales, es decir para las únicas rutas posibles para transitar por un país. Es algo que se vienen copiando unos países a otros. Mali lo está incorporando este año. En enero de 2008 solo había un punto de peaje para cruzar el Níger a unos pocos quilómetros de Gao pudiendo o cruzar todo el país sin tal requisito. Medio año después, cruzarlo significa pagar a cada cierto quilometraje. No hay la opción de no hacerlo porque no hay otra vía. La comedia de este asunto es que la UE es socio financiador de la nueva carretera. Desconozco hasta que punto ha influido en esa idea para quitársela de la cabeza o para defenderla –espero que no-. A diferencia de los otros peajes de los países vecinos, al ser mas moderna está mejor preparada. Los carteles anunciando los precios fijos para cada tipo de vehículo están muy claros y la posibilidad de timo de los agentes de las barreras con los tickets es nula. El fraude es directamente del estado y responde a un concepto mal entendido del desarrollo. Lo que en un principio es planteado como una fuente de financiación para los gastos de la propia ruta y para generar un contingente de puestos de trabajo en quienes son agentes de peage que ostentosamente exhibirán su carnet que lo atestigua, es un ataque directo a la libertad de circulación y al movimiento de bienes, personas y vehículos.
La historia del peage viene de antiguo. Desde siglos antes de que el Capitalismo demostrara hasta que exagerados extremos llega la codicia humana otros modelos primitivos de sociedad ya imponían cánones e imposiciones de tributos a la circulación de personas y objetos. Gracias a esa actitud siempre ha habido clases parasitarias que han vivido del trabajo ajeno.
En Burkina el sistema de peajes es un poco mas complicado y algunas barreras se pueden sortear mostrando tickets de tramos caducados pero finalmente todo conductor termina pagando. Ahí todavía puede ser peor cuando hay lugares que hacen pagar por entrar en la ciudad, tales como Koudougou o Fada.
Para el viajero europeo que ha pagado ya con sus impuestos el asfalto de Níger o Burkina con las ayudas de la UE volver a pagar como viajeros en vehículo cada vez que pasan por los peajes es una experiencia de doble gravamen. Toda discusión a respecto no será reconocida por el lugareño, donde el dilema pagar o no pagar no entra en sus esquemas. Hay que pagar y punto porque alguien con suficiente poder puede exigírtelo. En todo caso, lo tomas o lo dejas. En algunos países como Níger la tarifa es puesta según la cara que pongas o lo que estime el pagador que te toque. Puesto que no tienen una hoja tarifaria exhibida te arriesgas a que el ticket sea un pretexto para pagar más de lo que realmente corresponde hacer por tu vehículo.
No tengo ninguna duda que esas barreras para pagar se irán extendiendo a otros países que todavía no lo han hecho o su pervertibilidad de los conceptos no ha llegado tan lejos. Si el colonialismo europeo fracasó en su intervención africana, sigue fracasando ahora con sus ayudas a la cooperación sin intervenir en pautar conductas como esta por terror a no ingerir en los asuntos ajenos. No es eso. Viajar es un asunto de todos. Alguien tiene que explicarles a los africanos que los peajes para rutas únicas es un ataque en toda regla a los viajeros, tanto autóctonos como extranjeros. Además es un insulto a sus propios antecesores que trabajaron e hicieron esas rutas sin ocurrírseles llegar a este extremo de insolencia y abuso. El peage representa la fantasía de ganar dinero por la vía rápida sin corresponder ningún servicio de ningún tipo, salvo el de levantar y bajar una barrera que solo interesa a los especuladores de mentalidad y alma. Arturo Graf dio un valor de ambivalencia a la fantasía para el hombre diciendo que es su mejor amiga y la peor enemiga. Flaco favor hace a tantos apólogos de las barreras y a los países que barran a su país, por tanto a su crecimiento real.
Un cartel de cuneta repetido de la Unión Europea en su ayuda para una de las carreteras principales de Níger habla de facilitar la libre circulación de bienes y personas. El eslogan es bonito sólo que es una absoluta mentira porque los cables de control de paso están constantemente presente , no tanto como en otros países del oeste pero lo suficiente como para recordar al viajero que basta un tipo con una barrera montando guardia para que impida el libre paso . Algunos de los obstáculos en el asfalto para forzar la reducción de velocidad están tan mal hechos que pueden provocar accidentes.
No es suficiente la inversión en asfalto para facilitar el movimiento de mercancías y viajeros. Es imprescindible la rementalización para que eso sea posible. Hay autoridades que no entienden que sea cual sea la procedencia de una persona es hija del mundo y como tal puede ir a cualquier parte sin que nadie sea quien para dificultárselo. Para el punto de vista del viajero, a las dificultades sobre el terreno, los límites naturales, los accidentes geográficos, las catástrofes, las temperaturas, el clima, las calamidades hay que añadirle algo que supera todo eso: el obstáculo humano. Hay dos clases fundamentales de obstaculizadores: los generados por los estados más o menos reglamentados (soldados, aduaneros, policías que controlan pasaportes) que a veces se complican con segundas policías o milicias dentro de un mismo país con duplicidad de poderes y los producidos por la codicia humana, los asaltadores de diligencias, los bandidos de siempre, los oportunistas que exigen su diezmo por el derecho de paso.
La libertad de movimiento es una de las primeras libertades con las que completar todas las demás: libertad de palabra, de expresión o de asociación. La libertad política no tiene el menor sentido sin la libertad de desplazamiento. El mundo de dobles y triples morales funciona defendiendo un tipo de libertades sin garantizar las otras con los cual hace cojas a todas. De todas las dificultades que uno se encuentra cuando viaja estar parado para conversaciones tontas con aduaneros y gendarmes durante un buen rato tal vez no sea de las peores, pero sí forma parte de la antropología zonal que se traduce en muchas horas cuya suma se lleva un mordisco importante de un periodo de viaje. Responder a preguntas generalmente tontas y detenerse para satisfacer controles mediocres no es lo que mas apasiona a un viajero, mucho menso a un lugareño que lo tiene que soportar toda su vida mientras las autoridades de su país no pasen a estar al cargo de gente con mas autoridad moral y con menos uniformes bélicos. El viajero puede encontrarse olvidado con la barrera bajada mientras el lugarteniente del puesto y sus subordinados hacen sus plegarias a Allah. Lo primero es lo primero y dios es lo primero. ¿Pero a ese dios no le parecerá que eso de demorar el paso el viajero cariacontecido no es una tremenda injusticia? Eso no pasa de ser una simple anécdota y en el peor de los casos el observador lo puede literaturizar todo riéndose a sus anchas de sus controladores, no en su cara precisamente porque la demora podria ser mayor por no decir que se podria convertir en una detención, El tamaño de un hombre puede medirse por el tamaño de las cosas que lo encolerizan dijo Thomas Morley. Uno es tanto mas grande cuanto menos se deja llevar por los reveses de las pequeñas cosas que salen mal. Lo que pasa es que muchas pequeñas cosas sumadas, repetidas, miméticas las unas de las otras, terminan por ser una gran cosa. La libertad de movimiento permanentemente condicionada cada pocos quilómetros para un tipo de verificaciones que se han hecho no mucho rato antes terminan por ser una pistola en el pecho que te impide avanzar. Lo que olvida el gestor del presupuesto europeo dedicado al asfalto es que la ayuda material es el del todo insuficiente si no hay una ayuda para que las actitudes y los valores caducos cambien. ¿Por que la UE no exige además de la contraprestación de una responsabilidad en el mantenimiento de las cosas que paga una nueva actitud humana ante ellas? Europa tiene miedo de meterse en la idiosincrasia lugareña aunque esta sea totalmente contraria a lso valores de la libertad y vaya en contra de la propia economía de un país. Una carretera o una vía rápida y segura de desplazamiento siempre es una buena cosa para el desarrollo de este país, pero si sus continuas barreras enlentecen el movimiento es el movimiento de toda la nación lo que se está perjudicando. Lo justo es ayudar a cambio de la autoayuda y esta pasa, o debería pasar, por exigencias de modificaciones actitudinales concretas. Desafortunadamente sabemos que la justicia y la política no son términos complementarios. Prematuramente Abraham Lincon ya no creía que la más estricta justicia fuera siempre la mejor política.
Toca acudir más a Esopo, el nombre tópico y clásico para hacer referencia a las fábulas como género aleccionador que a los grandes programas políticos para entender las cosas. Los acuerdos entre estados y los proteccionismos de uno o inversiones en las infraestructuras de otros llevan acompañados razones de estrategia internacional. Se pagan carreteras y se acepta el contrasentido de los constantes obstáculos para viajar por ellas. La UE debería pensar en utilizar sus ayudas y recibir la demostración de nuevas formas funcionales de la relación humana, de otro modo la actualidad sigue tan reprimida como siempre para impedir que la gente circule libremente por el mundo. Lo que garantiza la evolución de un país no es tanto una mayor red viaria como una mayor comprensión humana e inteligencia en sus relaciones.
Del Plan A al Plan Equis.
Para hacer cualquier cosa o lograr un objetivo hay que insistir. La insistencia significa la repetición de acciones. Eso incluye sobre todo nuevas tentativas con respecto a las mal hechas. La vida es una historia de tentativas, algunas funcionan y otras no. Nadie puede decirte si eres un fracasado o si tienes el perfil de ganador del año, sólo tú puedes meterte dentro de una categoría u otra, en si mismas absurdas como toda dicotomía divisoria. Hablo de una insistencia con el uno mismo. Cada cual es el único capitán de su biografía. Es el único residente a bordo, el único que puede conducir, adelantar, parar, sosegarse, enfrentarse, eludir, callar o hablar. Lo peor de uan biografía no es su coleccionario de errores sino sobre todo su lista de omisiones por falta de decisión en tomas de acciones. A menudo la prevención en hacer algo es cubierta con una argumentación muy razonable pero muy inoperante. Se suele dejar para un después sin fecha pre acordada el hacer lo que ya debería estar hecho. Bien es cierto que cada cual necesita su tiempo y su momento propicio para hacer una determinada acción, sentirse con fuerza suficiente, con la formación o preparación necesaria para acometerla. No por mucho correr se llega antes a todo. La cuestión es que cada individuo se enfrenta a su repertorio de acciones pendientes a acometer. Algunas están toda la vida ahí esperando. No son pocas las cosas enlistadas que no terminan de ser enfrentadas. Muchas incluso son desconocidas, quedan fuera de lista. Cuanto antes sepa uno diagnosticarse sus problemas y cosas a resolver antes resolverá todo eso. No plantearse nada sobre nada es la forma más efectiva para no hacer nada. Claro que hay un canto a la libertad que va por la ausencia de planning total y por dejar que las cosas fluyan espontáneamente pero, la verdad, eso no funciona demasiado. Como no planifiques lo que quieras hacer las setas no vendrán solas a casa metidas en un cesto misterioso que ande solo.
El fracaso está conectado con otro parámetro crucial el de la expectancia. No tener expectativas para nada es la mejor manera, o el mejor criterio, para mantenerse a salvo de las consecuencias emocionales al adversos al no conseguir la correspondiente y esperada correspondencia. ¿no quieres tener problemas de amor? Pues, muy bien, ¡no te enamores! Si seguimos consultando a los profetas del barrio nos encontraremos de todo: habrá quien nos venderá su manual de la felicidad y quien no dará las claves para la vida perfecta. Antiguamente había especialistas en pócimas y sortilegios, actualmente los hay como venderos de cielos y nirvanas. Cualqueir cosa con tal que genere un puesto de trabajo cuando no toda una línea de nueva producción que genere suculentos beneficios. Siguiendo de este filón de consejeros terminaríamos por no comer para no tener malas digestiones, no bucear en la sentimentalidad de nadie para no cargar con el elenco de enfermos del corazón metafórico, no ir de viaje por temor al atraco, no copular con nadie por temor a morir de sida. Sí, hay algo de razonable en la prevención del otro no adoptando ni expectancia a priori. Mira, oye y calla, no te impliques dicen los mensajes más destilados de todas las culturas. No deja de ser una curiosidad científica observar que en pueblos tan diferentes se llegue a la misma conclusión. El problema es que vivir sin expectancia se hace difícil. La expectativa se tiene con todo, con los objetos, con las ciudades, con la naturaleza y sus fenómenos, con tu propio cuerpo y por supuesto con la gente en general. Estás obligado a contar con las infos que te dicen y con los otros en sus ubicaciones, claro que a la hora de tomar un referente siempre hay que añadir la fiabilidad o no de su referencia. Mucha gente que integra el paisaje humano no tiene más referencia que la de ese relleno cromático. La expectativa de quien sea y de lo que sea hay que corregirla en sus sesgos no esperando más de lo que realmente hay. Esa medición de exactitud de se logra con mucha paciencia, experiencia y cautela y en todo caso cada cual aprende a reconocer los límites de las circunstancias, es decir cada uno de los demás como limitante. Otro asunto es fijar la atención en el propio yo y en el comportamiento. El sujeto al mando de sí mismo (es ese mando que lo convierte en sujeto) puede planificar su vida de acuerdo a su estrategia existencial, a sus factores sentimentales y a sus valores filosóficos. Puede hacer lo que quiera con subida y lo que le apetezca incluido dejar de hacer lo que le conviene. El gran asunto de las superaciones y de conseguir objetivos del tipo que sean: desde llevar una vida sana libre de adicciones a conseguir objetivos concretos pasa por elaborar planes. Un plan no es nada complicado de concebir, redactar o presentar. Basta saber lo que se quiere hacer y calendarizarlo con una metodología concreta. Entiendo que un plan personal es la suma de criterios, alcances y dedicaciones. Los criterios son la metodología, los alcances son los objetivos que no retos y las dedicaciones es la temporalización. Si quieres hacer algo ponte a hacerlo. Nadie puede quejarse realmente de conseguir sus planteamientos cuando al preguntársele declara que no se ha tomado el menor tiempo para hacerlo. Si yo no sé nada correctamente y apenas si floto a braza es porque nunca me he dedicado debidamente a ello, lo mismo puedo decir con respecto a no hablar el inglés o el wolof.
Cualquier cosa que se quiera hacer: terminar una carrera universitaria, llevar para adelante un diseño industrial, dejar una adicción nefasta para la salud, cumplir con una lista de creaciones, en fin, lo que sea, pasa, puede pasar por un plan . Todo plan es en su primera versión un plan A, un primer plan que tiene por ventaja la enseñanza de sus errores de concepción al tratar de llevarse a cabo. El problema a menudo es más que por la falta de un plan a ejecutar es por el miedo a ejecutar el que sea. La perspectiva de fracasar inhibe toda inversión de energía y voluntad personales. Al no hacerlo el sujeto sufre algo más que haciéndolo fracasara. Siempre tocará medir exactamente cual es el asunto y cuales son los riesgos. Hay planes que no se pueden intentar si no es sobre seguro ya que solo admiten una sola tentativa pero otros, la mayoría, admiten tantas tentativas como capacidad de ave fénix tenga el que lo intenta. El problema de no intentar construir soluciones o desanimarse a la primera tentativa por encontrar tropiezos es que se puede malgastar toda una vida por lo que hace a divertirse con recursos que no explora por miedo a no saberlos dominar. La inhibición es un gran problema ya que reduce la actividad de sujeto. A fuerza de ir sobre seguro va a muy pocas partes.
Para cualquier proyecto u objetivo el plan A tal vez solo sea el primero de una larga enumeración de fracasos hasta llegar a ese plan X, el definitivo que consolide una realización y asegure, lo que desde la observación del etiquetador, llamará un existo. Vivir todo el proceso, en mi opinión, ya ha formado parte del éxito personal, por cuantiosos que hayan sido los errores e impasses, ya que han llenado al tentador de experiencia y saber, lo han convertido en un sujeto experimental y por tanto en el dueño de sus actos.
Las colisiones no tienen porque manifestarse en toda su exhuberancia o con todo su arsenal de fuegos artificiales. A veces basta una sola frase o incluso menos, una sola palabra o una sola sílaba, para que queden constatadas. Son los detalles que ocultan conflictos de estructura muy posicionados entre bastidores. Enytendiendo por conflictos de estructura aquellos que vienen determinados por conceptos contrarios de entender la vida y la organización personal de ella.
Las colisiones interpersonales obedecen a disintonias establecidas y éstas a vivencias de no-onda, no vibracion unísona de las fibras de los sujetos en relación. La disintonía aparece y desaparece intermitentemente en situaciones cotidianas de convivencia o en relaciones afectivas. Su brote en forma de crisis es su versión episódica. Lo habitual es sobrellevarla con una cordialidad y aplomo suficientemente restauradores. Cada figura en juego en una relación personal ubica a las demás en los roles que representan. Una vez conocidos se pueden recorrer millas juntos. Lo grave es la espera de que el otro haga lo que nunca está dispuesto a hacer o para lo que no desea hacer méritos o dedicar facultades. La disintonía es un estado de colisión o refracción permanentizado sin que se exprese de una manera antagonista o hiriente. Las escenas disintónicas -con o sin producción de altisonancias- pueden terminar por ser habituales e integrarlas como algo a relativizar. Externamente se interpretarán como algo normal. Todas las parejas viven en un estado de disintonías parciales relativas por tener cada miembro ritmos, velocidades y capacidades distintas. En definitiva la individuación lleva a chocar con el otro cercano por múltiples diferencias sutiles en la aplicación de las ideas, deseos y programa común. La solución doméstica que cabe es el respeto con las velocidades mutuas de existencia y en particular con las diferencias. Si ese doble criterio resulta funcional la relación convivencial se prolonga ya que esta prevención facilita el respeto a los espacios personales de cada cual.
La saturación del discurso
Aunque el elogio de la palabra ha tenido, tiene y tendrá defensores enérgicos, por constituir una de las causas más nobles a favor de la comprensión humana; cualquiera que practique el lenguaje hablado más allá de las formas instrumentales para denominar objetos, paisajes o funciones se ha encontrado en los límites inherentes a las mismas palabras y con el choque intercultural y psicológico entre personas.
Para hablar bajo el prisma de la comunicabilidad son necesarias las unidades sígnicas con transporte de significado en tanto que medio o instrumento, los hablantes con deseo intencional de comprensión y la expansión suficiente de un tema que dé de sí lo necesario para ser captado en lo esencial. Sin estos tres factores y su complementariedad el proyecto comunicativo se viene abajo. Si hay lenguaje pero los hablantes están usurpados por fanatismos que no escuchan no hay resultados en el entendimiento. Si hay intención comunicativa concurriendo con suficiencia la premisa subjetiva pero no hay coincidencia lingüística o se dan valores distintos a las voces sonoras o gráficas; el resultado comunicante será un galimatías. Si no hay obstáculo en ninguno de esos dos campos pero el lugar de exploración del discurso va más allá de las posibilidades intelectivas y del propio conocimiento científico puede pasarse a un magma de letras donde cada interlocutor cree estar entendiendo lo que el otro dice sin estar seguro de lo que él mismo aporta.
Junto a todo esto no se puede olvidar que las sociedades modernas son responsables de un nuevo tipo de síntoma en sus residentes: el de la saturación. La gente está saturada ante objetos de todo tipo, ofertorios, ideas, propuestas, programas televisivos y una cascada de pretendidas innovaciones de las que está excesivamente cargada. La saturación es tanta que en los casos extremos hay personas que ya no quieren saber nada más de nada. Llegar a estar conclusión es terrible pero las personalidades resentidas se defienden adoptándola como criterio de supervivencia. Se ha dado un significativo salto cualitativo de aquella antigua advertencia del “no quiero saber ya nada más de ti” cuando una persona acaba harta de otra, al “no quiero saber nada más de tal o cual asunto, de tal o cual programa, grupo, gente, empresa o historia”. La cosa no ha hecho más que empezar. La vieja imagen del eremita aislado como sinónimo de felicidad completa volverá a tener su apogeo. Las maneras de desconexión de lo que nos llega del otro son múltiples. También en situaciones particulares cuando este otro es el partner o algún conviviente. El “sí-cariño” como automatismo verbal de los maridos mas bien silenciosos frente a sus esposas verborrágicas es algo más que una simple cordialidad estática, pone una nota de humor al fracaso de la comunicabilidad. De alguna manera nos hemos de defender los unos de los otros y todos de todos en todas aquellas cosas que no nos interesan en lo más mínimo sin por eso perder la oportunidad de la relación y la potencialidad de sus cosas buenas. No nos interesa recibir cualquier clase de textos en nuestro correo electrónico ni participar en cualquier clase de conversaciones en la cafetería o en las reuniones de sobremesa. Tampoco nos interesa todo lo que pueda decirnos nuestro cónyuge o nuestro amigo. Esa selección de la palabra nos lleva a pulir un complejo mecanismo de filtraje de las entradas verbales. El síndrome de saturación del discurso tiene una larga trayectoria de previas. Cambiar de canal en los minutos publicitarios, o de las noticias que dan sobre fútbol, o de la música que está sonando o del imbécil que está hablando haciéndonos perder un precioso tiempo eran ya indicadores de discriminación cualitativa y de saturación, por consiguiente, de aquello que no gustaba. He comprobado que se puede vivir inmerso en un mundo telemático durante docenas de años y no saber absolutamente nada de nada de algunos campos de información en los que no se quiere entrar. Soy un absoluto ignorante sobre football y tauromaquia y prefiero seguir en mi condición de no saber nada. Un dispositivo mental hace que no escuche según que cosas y no me quede ni siquiera con los datos más destacados como nombres de jugadores o ligas. La cosa no acaba ahí. He comprobado que se puede vivir en el mundo de espaldas a todo lo que no interesa de él. La realidad no es más que una espiral de círculos de realidades. Estar en unos no obliga estar en todos.
Ya las pautas de la naturaleza de cada uno marcan una dinámica de opuestos entre los momentos de estar con los demás y en los que se quiere estar solo. Prematuramente todos afirmamos la necesidad de no ser molestados en los actos más básicos de las funciones corporales entre las fases de reposo (y por lo tanto autoasilamiento) y las de actividad (y por lo tanto interacción y juego social). Begoña Huertas que debutó en la novelística con Déjenme dormir en paz puede inducir a una parodia aún más extrema de la vida moderna bajo el síndrome de saturación. Su título sería más o menos así: déjenme vivir sin la presencia de vds.
Si contáramos el tiempo gastado en atender cosas que no nos interesan seguramente nos alarmaría, matemáticamente, saber que podríamos llenar la vida de contenidos mucho mejores. Basta con vaciarla de contenidos nefastos para tender a llenarla con contenidos interesantes. Todos los tiempos sumados a auditar shows televisivos para majaderos, noticias que nos mienten, conversaciones deplorables con colegas profesionales que no arrojan ningún balance de positivos, discusiones reiterativas, lecturas repetidas y atenciones al teléfono de agentes comerciales que nos proponen tal o cual maravilla doméstica; nos proporcionarían una cifra alarmante. Para quienes solo buscan entretenimiento ya les vale, para quienes buscan vivir la vida les toca hacer una criba pronto. Cuando ésta al final se establece con un conjunto de criterios: no leer propaganda comercial superflua, no contestar automáticamente al teléfono o a la puerta cuando sus respectivos timbres suenan, no enchufar la radio o la tele por sistema, no admitir que el primer vampiro con el que coincidamos nos explique sus desgracias para que le ayudemos a remontar su interés por la vida, no leer cualquier cosa que nos dan, no escuchar cualquier conferencia a la que vayamos, no aceptar a ningún comecocos que el infortunio ponga en nuestro camino etc etc; puede suceder que nos extralimitemos con criterios de filtro tan estrictos que nos impidan la recepción de entradas influyenbtes tna interesantes como deseables.
El gran riesgo de la selección elitista, pues de esto se trata, es que puede privar a la persona de todos sus sensores racionales de independencia privada. Es entonces cuando el síndrome de saturaicón está tan intalado que es dañino puesto que el sujeto para acabar con la rabia mata al perro, o con la procesionaria quema el pino en lugar de tratarlo como fenomenos separados. Ha incorporado en su vidau n cortafuegos tan estricto que no solo impide la llegada de todos los virus de internet sino tambien el acceso a cualquiera de sus páginas para no correr ninunga clase de riesgo.
La saturación del discurso tiene una parte lógica y concordante con el proceso de invasión del mercado de los consumos con un montón de insultos a la inteligencia y a la sensibilidad; pero tiene otra parte autolesiva cuando por no caer en la trampa del engaño no se está por conceder la hipótesis de que siguen produciéndose cosas bonitas y dignas de contacto. Sería como si la cinematografía de ahora en la que ya no predomina, en la inmensa mayoría de productos, ninguna intencionalidad creativa -bastando para la producción de ella una ensalada de violencia, desnudos y sexo sin ton ni son ni el menor interés de un argumento coherente- nos llevara a impugnar todo el cine que ha existido y el que está por existir. Juan Cueto sostiene que la cinematografía ha pasado de la ciencia-ficción a la cursi-ficción y es el género más tontamente anticientífico. Cada espectador que se precie de tal debe sacar sus lecciones y no acudir a los espectáculos de los que se va a arrepentir a los pocos minutos de entrar. Lo mismo se puede decir de todo lo demás. Posiblemente el espectador con estilo está condenado a estar más tiempo en casa que en las salas de espectáculos o a dedicarse a actividades lúdicas más propias de la época pre-moderna, tales como pasear, hacer tertulias, cantar en grupo, hacer el amor o simplemente congratularse con el espectáculo magistral de la naturaleza.
Selectividad y admisibilidad de textos originales.
La necesidad subjetiva de un discurso conceptual no evita el trato de mimo con la forma de hacerlo para que llegue adecuadamente a un receptor objetivo. La necesidad de una orgía cromática plasmada en el lienzo puede obedecer a la abocación y chocar contra la falta de contacto en su visitante visual. Los mensajes de contenido de una representación teatral no impiden objetar carencias serias de vitalidad representativa de los actores. La valoración de la poesía por su carga de transparencia y sinceridad sentimental no quita su objeción crítica por la falta de calidad y bloqueo expresivo.
Estos dos registros de experiencia con un objeto de contacto sea el que sea: una información, una obra de arte, una cosa comprada en algún comercio, un vídeo o un poema inciden en todos los planos de la vida comunicativa y sensorial. A las cosas de los demás y a los demás en sí mismos se les tiene en cuenta o se les observa desde estos dos planos. La cultura es rematadamente binaria. O al menos, en la nuestra, somos las víctimas propiciatorias de su binariedad. Antes de seleccionar o rechazar una cosa en concreto el psiquismo ya ha tomado partido. Antes de que el consciente conciencie su deseo el inconsciente ya lo sabe. Es por eso que hay propuestas que tienen el no antes de ser escuchadas o leídas por su condición de procedencia y hay textos que son admitidos o no al trámite de una intelectualidad según el nombre de quien los firma.
Ninguna persona que desee sobrevivir puede vivir sin criterios de selección. Insistimos en teorías con las que acompañamos la utopía para integrar, para sumar, para componer y para superar límites, restricciones y contradicciones; sin embargo el ejercicio de la realidad nos derrota en este punto al comprobar infinidad de veces que no todo es admisible. No todo es seleccionable como algo comestible, útil o rico. Eso tiene carácter de ley inter-espacial, inter-animal e inter-temporal.
En el campo de la artística en el que cabe todo -o de todo- mucho más, en todo caso, que en el de la intelectualidad; la gente se atreve con sus composiciones escénicas, musicales o literarias sin más filtro que desbloquear su sinceridad encerrada. El acto artístico no necesita pedir permiso para entrar a escena, o no lo necesita para ser colocado en algún lugar. Lo que pone la escena, en todo caso, es la última palabra del receptor. Una representación teatral deja de serlo si no acude público a ella y una propuesta musical o cinematográfica puede pasar sin pena ni gloria si no hay una tendencia de consumo de ella que la justifique. El arte de renombre es el popularizado y así como de lo que menos se habla en el vernissage en una galería es de sus cuadros (algo de ellos sí que se comenta, para disimular) y lo que más se valora es el éxito de la convocatoria también la apreciación de un texto (que no su valor) viene marcada por el impacto que haya podido tener y el índice de su compra. Dejando de lado los avatares comerciales y los impactos públicos de la cosa artistificada es preciso señalar que cualquier cosa emitida se inspira en algo y en alguien. Estrictamente basta una sola escucha para crear una escena. Y aún más, basta una construcción sentimental como una elaboración privada para que exista la fuente creativa para dejarlo estampado en un papel. Efectivamente el público, la audiencia, el otro a la espera como un sapo o la admiración hipotética no son más que construcciones sociales de mercado que la última industria se ha encargado de vaciar de contenido. Para que haya arte no es imprescindible el feedback. Una mirada que ni siquiera tiene el crédito de que me mire puede ser la excusa para crearlo porque antes de ella el que crea ha necesitado mirarse a si mismo a través de su obra. Ni siquiera otro receptor es indispensable para que se dé este hecho. El pintor fóbico del sistema o del entorno que se encierra en su buhardilla para llenar una superficie blanca de colores incomprensibles o el hombre solitario que habla de su soledad y pone en versos su vacío constituyen en sí mismos escenas de alto voltaje interpretacional. No hace falta que haya una mirada presencial ahí para recrearnos en sus imágenes. La escena existe indistintamente de la platea. La creación literaria no deja de serlo por desconectada que pueda quedar de su lectura posterior. El fenómeno del impacto y la mercantilización artística es algo que no tiene nada que ver con el arte en sí mismo. ¿Keith Haring imaginaba triunfar cuando vivía marginalmente, entendiendo por triunfo ver su obra plástica conocida y reunida en galerías para ser visitada? ¿Los espectadores atentos que valoran su obra con trazos esquematizantes de figuras humanas y de perros también lo hacía cuando no estaba colgada y se la encontraba en la calle? ¿El arte es más arte desde el momento que salta de la calle -en la que vive por el azar de las monedas que recibe- a las paredes preparadas de una sala de exposiciones?
Reclamo el derecho al arte a cualquiera que lo necesite para expresar a través de él lo que no le es permitido hacerlo de otros modos. Eso da un listón de tolerancia altísimo y provoca una pérdida, tal vez, de criterio selectivo. ¿Qué es y qué no es arte? ¿Cuál es la frontera entre su campo de pertenencia y todo que está fuera del mismo? ¿Qué es y que no es un poema? ¿Qué tiene y qué no tiene derecho a ser divulgado? El principio de admisibilidad de todo se encuentra confrontado al hecho empírico de producciones rematadamente insoportables. No todas las propuestas son aceptables, no todos los libros son legibles, no todos los espectáculos son visionables, no todos los poemas son literariamente admisibles. La interacción con cada no de los registros va dando pautas de lo qué es seleccionable de aquello otro que decididamente no lo es. Esa interacción nos devuelve a la opcionalidad: esto sí-aquello no.
El arte no está exento de la cultura que le influye a pesar de que reaccione levantiscamente en contra de ella. Aún más el arte es uno de los grandes consolidadores de cada cultura y para los manuales de indagaciones culturales, el catálogo de artes va de la mano de las tradiciones y pasa por ser prácticamente lo más distintivo de una cultura. ¿Significa eso que todo lo que pretende captar una atención sin ser una producción matérica de utilidad puede ser calificado de arte? La discusión está servida para leguleyos. Lo que es y no es arte atrapa la inocencia del incauto dispuesto a entelarañarse en una lista de preferencias apoyadas en creencias. Estos actos de fe abundan en alguna clase de tertulias o foros. Un poco más allá de lo que gusta y no gusta o de lo que se cree y se deja de creer cabe apelar a alguna clase de parámetros objetivos. Para un tipo de escuelas pictóricas el arte plástico pasaba al lienzo las figuras de la realidad. Cualquier forma indistinguible no podía ser tomado por tal. Lo mismo ha pasado con la poesía. No todo texto en formato poético es un poema. Hay demasiadas prosas expresadas en vertical que pretenden la categoría de serlo y mueren en el intento. Una amplia laxitud por parte de quien las acepta le lleva a bajar la calidad en su propia autoestima como lector. No es extraño que las revistas o los soportes de divulgación de textos deban hacer una mínima selección de lo que plataforman para mantener unos mínimos de dignidad creativa. Aunque por otra parte el hecho de pertenecer a la sociedad de la abundancia y a la prodigiosa capacidad tecnológica de la reproductibilidad puede permitir de facto que todo lo que tenga una clave de creatividad pueda tener su lanzadera por deplorable que sea. Si Bertelsmann preparaba una librería virtual que reuniría 1,5 millones de títulos en castellano ¿porqué no pensar en títulos para todos los gustos? O si Google pretende otro tanto con cifras desorbitantes de libros ¿por qué no permitir que cada quien pueda ser autor por voluntad y decisión propia? Sabemos que potencialmente a la larga todo el mundo podrá tener su web personal en la que colgar sus fantasías, sus álbumes de fotos y por supuesto sus producciones artísticas o filo-artísticas. Nadie podrá detentar la instancia de admisibilidad o no de algo. Bastará su condición de originalidad para poder ser atractivo. Mientras tanto no todo cabe en todas partes. Ni nos cabe la tienda de comestibles del barrio en la alacena de casa ni toda la producción literaria en la propia biblioteca. Tampoco caben todas las propuestas de relatos o diseños o poemas en un mismo espacio de concurrencia. Inevitablemente aparece tarde o temprano alguien con o sin tijeras que corta la posibilidad de la llegada a un espacio. Y en su acto de aparición hay algo de terminator, de cruel. Todo ejercicio de exclusión ampara un rol de censura. Y el argumento de la cualidad esconde un elitismo de casta. A pesar de todo esto hay proposiciones artísticas que captan y otras que no logran remover ninguna de nuestras fibras. Lo ideal sería, es, poderlo admitir todo y tener suficiente espacio (tanto en un soporte gráfico como en un almacenaje físico) como para admitir cualquier clase de propuesta con ínfulas artísticas. Hacer como Abelardo Linares de la editorial y librería Renacimiento (en Sevilla) que compró en el Bronx un millón de libros en 1995 que los había reunido Eliseo Torres. Se trataba de libros editados en castellano entre 1920 y 1980. Se trataba también de una iniciativa considerable en una época en que las librerías ya no almacenan, ni siquiera, libros de 10 o 15 años atrás. No todo el mundo puede hacer eso, ni siquiera puede mantener un espacio pagado solo para mantener su biblioteca física con algunos miles o decenas de miles de volúmenes. Admitirlo todo tiene algo de heroico. Poner a buen recaudo las producciones creativas documentaliza una época a través de sus confidencias personales más inventivas y genuinas.
Por lo que hace a la literatura poética no es poca la gente que nos acercamos a ella como veta de expresión y cantera de declaraciones íntimas. A menudo la pulsión confidencial socava la forma estilística, el qué puede más que el cómo y así aburrir o confundir soberanamente a quien lo lee sabiendo que no conecta con lo escrito a pesar de comprenderlo por la vía intelectual. Lo poético es una llamarada directa a los sentidos, un fogonazo que quema. No todos los textos poéticos atrapan la lectura por no reunir una estructura de creatividad aunque repitan los temas universales que se hayan prodigado hasta la saciedad. Pero lo poético sale adelante a pesar de quien lo hace. Posiblemente el poeta no acaba de ser construido hasta que su poema va más allá de si mismo convirtiéndose en espacio, en aire, en sentimentalidad pública y se inmiscuye en asuntos personales ajenos porque es tomado como cosa propia. De hecho llegamos a la poesía porque algo de alguien una vez nos atrapó con su verso que decía lo que podrían ser palabras nuestras o expresaba aquello para lo que no tuvimos palabras en ese momento. La poesía y su cuadro tensional o dramático vive el conflicto de decir aquello por lo que se atreve a ser dicha con la forma creativa de decirla. No todo poema en formato es un poema de verdad, no todo autor de prosas verticales puede ser tratado de poeta pero ¿qué juez crítico puede decidir en este mundo de impostores y performances recargadas quien es quien?
Lo poético es antes que nada una indagación por el laberinto de las formas y contenidos y una apuesta por exorcizar la tragedia con la originalidad expresiva y ensalzar la belleza con su reinvención fuera de todo modelo. Así como Javier Marías reivindica la diversión en la literatura demostrando que la palabra puede ser espectáculo al hacer la primera entrega de una de sus novelas en directo ante un público, cabe reivindicar el atractivo poético por el carisma de la confidencialidad personal pero libre de la parálisis estética. En el fondo de cada propuesta artística subyace la dicotomía entre estética y ética, entre espectáculo y rigor de contenido, entre presentación y verdad. Del hilo de todo eso cabe seguir la reflexión.